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20 jun. 2013

Cinco poetas japoneses del Siglo XX

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Shinkichi Takahasi (1901-1987)

Abrojo

Brotaba una flor de abrojo
en el arenal de México.

La flor de abrojo se levantaba en un vaso
en medio del inmenso desierto de la luna.

Florecía el abrojo
encima del cerro escabroso del corazón de una mujer.
El mar, bullicioso, se manchaba con el abrojo.
El tallo del abrojo encerraba al cielo.

El abrojo púrpura
florecía en silencio
al costado de la mujer.
Era el cadáver de un hombre.

Al pie de un cactus con flores amarillas
arrancándose plumas, una paloma se acurrucaba.

Un perro lloraba como tragando el aire radiante.



Sakutaro Haguiwara (1886-1942)

Muerte de una rana

Mataron a una rana,
los niños alzaron las manos formando un corro,
todos juntos,
alzaron pequeñitas
y ensangrentadas manos.

Salió la luna.
Encima del cerro se yergue una persona.
Hay un rostro debajo del sombrero.



Hakushu Kitahara (1885-1942)

Sen Rikyu*

Sen Rikyu amaba el té
porque le complacía el espíritu del té.
Alma tranquila y noble del amanecer y del atardecer.
El humo era más amado aún que el té.
Mantener la sutileza en la apariencia
equivale a purificar el alma con sutileza.
Por eso Rikyu permanecía sentado
y le sonreía al sol tenue bajo el pabellón de té.

* Sen Rikyu: Fundador de la escuela Urasen-ke de la ceremonia del té.

Antología de la poesía moderna del Japón (1868-1945)
Traducción de Atsuko Tanabe y Sergio Mondragón
México, UNAM, 2010


Azuma Kondo (1904-1988)

Barco de guerra

Escarnecido, alguien ríe.
Una dama vasta... Su vestido de baile elegante y lujoso.

Un barco de guerra gigantesco.
La proa del barco... Escudos. El costado del barco.

La enorme cadera de la dama.
Escarnecido, alguien ríe.



Miyoshi Nagashima (1917-1953)

Mercado de esclavos

¿Quién fue quien me compró, para empezar?
En el mercado de esclavos azotado por el viento del
norte aquel día, yo
con cadenas en pies y cuello
fui comprado solo
y luego llevado al confín de la tierra
donde ni siquiera florecían las dalias negras
comprado por esos hombres
cantores de cristianos himnos
que gobiernan este vasto mundo civilizado.

Soy un esclavo
y los huesos del esclavo vitalicio
tienen que moverse
como pesadas ruedas oxidadas
en esta alba civilización cristiana.
Sea perro o
buey
puede darle alimento para gallinas.
Era, para mí, una larga
larga ruptura con la humanidad.
Acostumbrada a habitar la tierra tenebrosa
mi cabeza
quedó seca como el trigo.
De noche me acosté en el heno
y conté las estrellas del mundo
una por una.
Eran más dulces que las cañas del azúcar
liberadas del dolor, del vocerío y los látigos de cuero.
Contemplé aquellas estrellitas
remotas piedras frías
hasta que se desvanecieron.
Oh, esclavos
para los hombres amarillos, tan diferentes
esta civilización cristiana
es demasiado cruel para nosotros.
Cuando me desperté
de repente un zapato enorme
pisoteó mi cara como si fuera grava.
“Ya está muerto...
Compra otro”.
Oh, amigos, oh cristianos himnos.
Oh, Merry Christmas.
Compra otro esclavo nuevo.


Antología de la poesía contemporánea del Japón (1925-1960)
Traducción de Atsuko Tanabe y Sergio Mondragón
México, UNAM, 2010


Imagen: Japanese six panel signed Yamagiwa Fujiwara 
Osanobu, seal Yamagiwa. Late Meiji Period