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20 dic. 2010

Marco Aurelio - Encanto y atractivo

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Es preciso también vigilar atentamente lo siguiente, que incluso lo que sobreviene[1] a creaciones de la naturaleza tiene algún encanto y atractivo. Así, por ejemplo, el pan al cocerse se  resquebraja en algunas partes y esas aberturas, a pesar de ser de alguna forma contradictorias al buen hacer del panadero, llaman nuestra atención y mueven especialmente nuestra ansia por comerlo. Lo mismo ocurre con los higos, que cuando más maduros están se abren. También en las aceitunas muy en sazón el propio hecho de estar a un paso de pudrirse le añade cierta belleza al fruto. Lo mismo las espigas que doblan su cabeza, el entrecejo[2] del león, la espuma que fluye de la boca de los jabalíes y muchas otras cosas que si uno las observara en particular vería que están lejos de tener un buen aspecto; sin embargo, por concurrir a sucesos naturales, los adornan y los hacen atractivos, de forma que si uno tiene un sentimiento y una perspicacia más profunda frente a lo que sucede en el todo, casi nada le parecerá, incluidas las cosas que acontecen de forma concomitante, no estar conformado de forma más o menos agradable. Esa persona verá las verdaderas fauces de las fieras con no menor agrado que las que los pintores y escultores muestran en imitación[3]. Incluso en una vieja o en un viejo podrá ver cierto esplendor y sazón y el atractivo sexual de los adolescentes con ojos honestos. Muchas de estas cosas no son cautivadoras a todos, sólo se le ocurrirán al que esta familiarizado genuinamente con la naturaleza y sus obras.


1 El pasaje alude a expresiones estoicas para hablar del mal como aquello que es concurrente a lo natural pero no fue expresamente creado.
2 Aparentemente es un defecto pero protege al león de los rayos del sol y le permite ver con precisión.
3 El sentido es que uno empieza viendo la belleza de cosas que aparentemente son revulsivas en la pintura, después en la propia realidad.


Meditaciones, 3.2


9 may. 2010

Marco Aurelio - La partida

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Nadie es tan afortunado que al morir no aparezcan algunos que se alegren del suceso. Si era cumplidor y sabio, en el último momento habrá alguien que diga para sí: »Respiraremos de nuevo sin este maestro reprensor. No tenía un trato difícil con ninguno de nosotros pero me daba cuenta de que en secreto nos reprobaba.« Eso con el cumplidor. En nuestro caso habrá otros muchos motivos por los que sean numerosos los que deseen nuestra marcha. Por tanto, en el momento de morir reflexionarás sobre lo siguiente y te irás más conforme si piensas: »me marcho de esta vida en la que los propios allegados, por los que tanto peleé, recé, me preocupé, precisamente ellos, quieren que me aparte con la esperanza de que puedan encontrar alguna comodidad en ello.« Entonces, ¿por qué se agarraría uno a una estancia aquí más duradera? Sin embargo, por eso no te marches tratándolos con menos amabilidad, sino, manteniendo tu propia costumbre, siendo cariñoso, benévolo, propicio, y no como desgajado. De la forma en que la pequeña alma del que muere bien se desenrolla del cuerpo amablemente, así debe producirse la partida lejos de éstos. Pues también la naturaleza te ató y unió con ellos. Pero ahora te desune. Me desuno como si me apartara de allegados, desde luego sin resistirme, sin violencia. Eso también es un comportamiento según la naturaleza.

Marco Aurelio, Meditaciones 10.36

31 ago. 2008

Marco Aurelio - Inasibles

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Las cosas están de alguna manera tan veladas que pareció a no pocos filósofos, y no a unos cualesquiera, que son inasibles, incluso los propios estoicos opinan que son difíciles de asir. Cualquier aquiescencia nuestra está sujeta a cambio. ¿Dónde está el infalible? Acércate después a los objetos concretos como a algo perecedero, de poco valor y susceptible de ser propiedad de un canalla, una puta o un pirata. Tras eso aproxímate a las conductas de tus congéneres, que son soportables a duras penas incluso la del más agraciado, por no hablar de que con dificultad se soporta uno a sí mismo. Por tanto en tales tinieblas, en tal basura, en tan gran flujo, ¿qué es lo que hay que estimar especialmente o puede sin más tomarse en serio de la realidad, del tiempo, del movimiento, de lo que se mueve? Ni siquiera lo intuyo. Por el contrario hay que esperar con ánimo la descomposición natural y no desesperar en la demora, es más, descansa en los siguientes preceptos: uno, no me ocurrirá nada que no es conforme a la naturaleza del todo; dos, me es posible no hacer nada contra mi dios y espíritu, porque no hay quien me obligue a ir contra él


Meditaciones 5.10


6 mar. 2007

Un poco de estoicismo

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Después de asignarte estos nombres: bueno, reservado, veraz, prudente, condescendiente, magnánimo, procura no cambiar nunca de nombre y, si perdieras dichos nombres, emprende su búsqueda a toda prisa. Y ten presente que el término prudente pretendía significar en tí la atención para captar cabalmente cada cosa y la ausencia de negligencia; el término "condescendiente", la voluntaria aceptación de lo que asigna la naturaleza común; "magnánimo", la supremacía de la parte pensante sobre las convulsiones suaves o violentas de la carne, sobre la vanagloria, la muerte y todas las cosas de esa índole. Por tanto, caso que te mantengas en la posesión de estos nombres, sin anhelar ser llamado con ellos por otros, serás diferente y entrarás en una vida nueva. Porque el continuar siendo todavía, tal cual has sido hasta ahora, y en una vida como ésta, ser desgarrado y mancillado, es demasiado propio de un ser insensato, apegado a la vida y semejante a los gladiadores semidevorados que, cubiertos de heridas y de sangre mezclada con polvo, a pesar de eso, reclaman ser conservados para el día siguiente, a fin de ser arrojados en el mismo estado a las mismas garras y mordeduras. Embárcate, pues, en la obtención de estos pocos nombres. Y si consigues permanecer en ellos, quédate allí, como transportado a unas islas de los Bienaventurados. Pero si te das cuenta de que fracasas y no impones tu autoridad, vete con confianza a algún rincón, donde consigas dominar, o bien, abandona definitivamente la vida, no con despecho, sino con sencillez, libre y modestamente, habiendo hecho, al menos, esta única cosas en la vida: salir de ella así. Sin embargo, para recordar estos nombres, gran colaboración te proporcionará el recuerdo de los dioses, y tambien, que a ellos no les gusta ser adulados, sino que todos los seres racionales se les asemejen; que la higuera haga lo propio de la higuera, el perro lo propio del perro, la abeja lo propio de la abeja y el hombre lo propio del hombre.

MARCO AURELIO (121-180) Emperador Romano

Libro 10 parágrafo 8