15 nov. 2014

Sylvia Plath - Medusa


Sylvia Plath - Medusa


Lejos de esta lengua de piedras ígneas expulsadas por la boca,
Con los ojos puestos en blanco y cada vez más ciegos,
Siempre prestando oídos a las incoherencias del mar,
Albergas tu espantosa cabeza: bola de Dios,
Lente de piedades,

Tus secuaces
Moldeando sus células salvajes a la sombra de mi quilla,
Presionando de cerca como corazones,
Un estigma rojo en el mismísimo centro,
Navegando contracorriente hasta el lugar más cercano de partida,

Arrastrando su larga cabellera de Cristo.
¿Habré escapado al fin?, me pregunto.
Mi mente serpentea como una espiral hacia ti,
Viejo ombligo cubierto de percebes, cable transatlántico
Que, al parecer, te mantienes en un estado milagroso.

El caso es que siempre estás ahí,
Trémula respiración al otro lado de mi línea,
Curva de agua que manas
Ante mi vara de zahorí, deslumbrante y agradecida,
Afectuosa y absorbente.

Yo no te llamé.
Yo no te llamé de ninguna manera.
Y aun así, aun así viniste
Cruzando el mar como una borrasca,
Gruesa y roja, una placenta

Que paraliza el combate de los amantes,
Luz de cobra
Oprimiendo las campanillas de sangre de la fucsia
Hasta cortarles el aliento. Yo tampoco podía respirar,
Arruinada, muerta como lo estaba,

Sobreexpuesta, igual que una radiografía.
¿Pero quién te crees que eres?
¿La Sagrada Forma? ¿La Virgen Llorona?
No pienso probar ni un solo bocado de tu cuerpo,
Botella en la que vivo,

Siniestro Vaticano.
Estoy harta, asqueada de sal caliente.
Tus deseos, verdes como eunucos,
Silban continuamente recriminándome mis pecados,
¡Fuera, fuera, tentáculo anguila!

No hay nada entre nosotras.

16 de octubre de 1962


En Poesía completa
Traducción: Xoán Abeleira
Imagen: © Bettmann/CORBIS



Medusa


Off that landspit of stony mouth-plugs,
Eyes rolled by white sticks,
Ears cupping the sea’s incoherences,
You house your unnerving head-God-ball,
Lens of mercies,

Your stooges
Plying their wild cells in my keel’s shadow,
Pusshing by like hearts,
Red stigmata at the very center,
Riding the rip tide to the nearest point of departure,

Dragging their Jesus hair.
Did I escape, I wonder?
My mind winds to you
Old barnacled umbilicus, Atlantic cable,
Keeping itself, it seems, in a state of miraculous repair.

In any case, you are always there,
Tremulous breath at the end of my line,
Curve of water upleaping
To my water rod, dazzling and grateful,
Touching and sucking.

I didn’t call you.
I didn’t call you at all.
Nevertheless, nevertheless
You steamed to me over the sea,
Fat and red, a placenta

Paralysing the kicking lovers.
Cobra light
Squeezing the breath from blood bells
Of the fuscia. I could draw no breath,
Dead and moneyless,

Overexposed, like an X-ray.
Who do you think you are?
A Communion wafer? Bluberry Mary?
I shall take no bite of your body,
Bottle in which I live,

Ghastly Vatican.
I am sick to death of hot salt.
Green as eunuchs, your wishes
Hiss at my sins.
Off, off, eely tentacle!

There is nothing between us.