15 jul. 2014

Agota Kristof: Pienso





Ahora me quedan pocas esperanzas. Antes buscaba, me desplazaba constantemente. Esperaba algo. ¿Qué? No tenía la menor idea. Pero pensaba que la vida no podía ser sino lo que era, es decir, nada. La vida debía de ser algo y yo esperaba que ese algo llegara, lo buscaba.
Ahora pienso que no hay nada que esperar, por eso permanezco en mi cuarto, sentado en una silla, sin hacer nada.
Pienso que allá afuera hay una vida; pero, en esa vida, no pasa nada. Nada que tenga que ver conmigo.
Para los demás, quizá pase algo, es posible, pero eso ya no me interesa.
Yo estoy aquí, sentado en una silla, en mi casa. Sueño un poco, no del todo. ¿Con qué podría soñar? Estoy aquí sentado, eso es todo. No puedo decir que esté bien, no es por mi bienestar que sigo aquí, al contrario.
Pienso que no saco nada bueno permaneciendo aquí, sentado, y que más temprano que tarde deberé levantarme forzosamente.
Experimento un vago malestar quedándome aquí sentado, sin hacer nada durante horas y horas, o acaso durante días enteros, no sé. Pero no encuentro ningún motivo para levantarme a hacer cualquier cosa. En modo alguno veo qué es lo que podría hacer.
Por supuesto, podría poner un poco de orden en lo que me rodea, limpiar un poco la casa, eso sí. Todo está bastante sucio, descuidado.
Al menos debería levantarme para abrir la ventana, todo huele a humo, a podrido, a cerrado.
Eso no me molesta. O me molesta un poco, pero no lo suficiente para que me levante. Estoy acostumbrado a esos olores, no los huelo, sólo que si, por casualidad, alguien entrase...
Pero «alguien» no existe.
Nadie entra.
Con tal de hacer cualquier cosa, me pongo a leer el periódico que está sobre la mesa desde hace algún tiempo, desde que lo compré. Desde luego que no me tomo el trabajo de coger el periódico. Lo dejo ahí, sobre la mesa, lo leo de lejos, pero nada entra en mi cabeza. Y dejo de hacer esfuerzos.
De todas maneras, yo sé que en la otra página del periódico hay un hombre joven, no demasiado joven, exactamente como yo, que lee el mismo periódico en una bañera circular empotrada, mirando los anuncios, las cotizaciones de la Bolsa, de lo más sosegado, con un whisky de buena marca al alcance de la mano, en el borde de la bañera. Tiene buena pinta, fino, inteligente, como si estuviera al corriente de todo.
Pensando en esa imagen, me veo obligado a levantarme y voy a vomitar en mi lavabo no empotrado, estúpidamente enganchado en la pared de la cocina. Y todo lo que sale de mí atasca este maldito lavabo.
Me quedo boquiabierto ante toda esa inmundicia cuyo volumen me parece el doble de lo que yo había podido comer en las últimas veinticuatro horas. Contemplando esa cosa innoble, soy presa de una nueva náusea y salgo precipitadamente de la cocina.
Me voy a la calle para olvidar, me paseo como todo el mundo pero no hay nada en las calles, sólo gente, tiendas, es todo.
A causa de mi lavabo atascado, no tengo ganas de volver a casa, tampoco tengo ganas de caminar, entonces me detengo en la acera, volviéndole la espalda a una gran tienda, miro a la gente que entra y sale, y pienso que los que salen deberían quedarse en el interior; y los que entran, deberían quedarse afuera; eso ahorraría no pocas fatigas y movimientos.
Ese sería un buen consejo que darles, pero no me escucharían. Por tanto, no digo nada, no me muevo, aquí no tengo frío, en la entrada, aprovecho la calefacción que se escapa de la tienda por las puertas constantemente abiertas, y me siento casi tan bien como hace un rato, sentado en mi cuarto.


En Ayer (1995)
Título Original: Hier
Traductor: Manuel Pereira
Foto 2004 © Sandro Campardo/Keystone/Corbis