12 may. 2014

Theodor W. Adorno - «Oficio»




En la modernidad, el oficio es completamente diferente de los preceptos artesanales tradicionales. Su concepto designa el conjunto de habilidades mediante las cuales el artista hace justicia a la concepción y corta el cordón umbilical de la tradición Sin embargo, el oficio nunca procede solo de la obra individual. Ningún artista acomete una obra solo con los ojos, con los oídos, con el sentido lingüístico. La realización de lo especifico siempre presupone cualidades adquiridas más allí del dominio de la especificación; solo los dilettantes confunden la tabula rasa con la originalidad. Ese conjunto de fuerzas insertadas en la obra de arte, en apariencia algo meramente subjetivo, es la presencia potencial de lo colectivo en la obra, de acuerdo con la medida de las fuerzas productivas disponibles: la mónada lo contiene sin ventanas. Donde más drástico se vuelve esto es en las correcciones críticas del artista. En toda mejora a la que se ve obligado, a menudo en conflicto con lo que él considera la agitación primaria, el artista trabaja como agente de la sociedad, indiferente a la consciencia de ésta. El artista encarna las fuerzas productivas sociales sin estar atado necesariamente a las normas dictadas por las relaciones de producción, que él critica mediante la coherencia del oficio. Para muchas de las situaciones con que la obra confronta a su autor, siempre hay disponible una pluralidad de soluciones, pero finita y abarcable. El oficio pone el límite contra la infinitud mala en las obras. El determina como posibilidad concreta de las obras de arte lo que con un concepto de la lógica hegeliana se podría llamar su posibilidad abstracta Por eso, todo artista auténtico esta poseído por sus procedimientos técnicos; el fetichismo de los medios también tiene su momento legitimo.


En Teoría estética
Traducción: Jorge Navarro Pérez
Imagen: T. W. Adorno, imagen s/d