5 feb. 2014

César Aira - La aparición de un oso




Había un oso haciendo estragos en las aldeas más cercanas a la montaña (y ésta era la más cercana de todas), un oso grande, ferocísimo y grotesco. Había habido una alarma, dos semanas atrás, y hasta el momento seguían en la misma posición de incertidumbre.

—Es irrisorio —dijo Lu Hsin—. ¿Cómo no encontrar a una bestia de semejante tamaño? ¡En dos semanas!

El extranjero apoyaba a Hua:

—Pueden disimularse perfectamente en un montón de hojas.

—Señor —dijo Lu con cierta severidad—: no estamos hablando de un montón de hojas.

Recordó en ese momento que él había preparado un comentario, años atrás, para una obra antigua, escrita por un anónimo provincial en los albores de las Cinco Dinastías. Era un librito que se llamaba Los 52 modos de atrapar al oso. Lu había redactado un prólogo, algunas notas, y un apéndice ligeramente más científico que el texto, que era una fantasía no desprovista de buenas ideas., El mismo lo había hecho imprimir, un pequeño folleto, del que tenía todavía algunos ejemplares en la casa (y el librero Pía tenía todo el resto de la edición, si es que no la había botado). Ahora podrían desempolvarlos aprovechando la oportunidad... Pero qué lamentable, bien pensado, era que hubiese que esperar la aparición de un oso, de un oso de verdad, para vender una obra literaria.


En Una novela china
Imagen: © Ricardo Ceppi/Corbis