14 ene. 2014

Juan José Saer - Plenitud fugitiva




El mediodía luminoso de septiembre anticipaba ya esa euforia íntima, tal vez orgánica, pero también un poco dolorosa que suscita en la especie, a lo mejor por su afinidad con todas las otras formas de vida que pululan en la biosfera, y también a causa de la conciencia de esa afinidad, la llegada de la primavera. Las fibras y los tejidos, la substancia y los órganos, sintiendo los efectos múltiples del tiempo propicio a la iteración sin motivo y, podría decirse, hasta la náusea, de las mismas formas invariables y demenciales, se tensan y se exaltan en la plenitud del presente, pero la memoria, sin necesidad de recordárselo a la conciencia, no ignora que esa plenitud es fugitiva.

En La grande