6 ene. 2014

Agota Kristof - La lluvia




Ayer dormí largo y tendido. Soñé que estaba muerto. Veía mi tumba. Estaba abandonada, cubierta de malas hierbas.

Una vieja se paseaba entre las tumbas. Le pregunté por qué no cuidaban la mía.

—Es una tumba muy vieja —me dijo—. Fíjese en la fecha. Ya nadie sabe quién está aquí enterrado.

Miré la lápida. Era del año que corría. No supe qué responder.

Cuando desperté, ya era de noche. Desde mi cama veía el cielo y las estrellas. El aire era transparente y agradable.

  
Caminaba. No había nada que hacer salvo caminar, la lluvia, el fango. Mis cabellos, mis ropas estaban mojadas, no tenía zapatos, iba descalzo. Mis pies eran blancos, su blancura resaltaba con el barro. Las nubes eran grises. El sol aún no había salido. Hacía frío. La lluvia estaba fría. El fango también estaba frío.

Caminaba. Me encontraba con otros peatones. Todos caminaban en la misma dirección. Eran ligeros, cualquiera hubiera creído que carecían de peso. Sus pies sin raíces jamás se herían. Era el camino de los que han dejado su casa, de los que han dejado su país. Ese camino no conducía a ninguna parte. Era un camino recto y largo que no tenía fin. Atravesaba montañas y ciudades, jardines y torres, sin dejar huellas tras de sí. Cuando uno se volvía, había desaparecido. Sólo recto y hacia adelante, había camino. A ambos lados se extendían inmensos campos cenagosos.

  
El tiempo se desgarra. ¿Dónde reencontrar los territorios borrosos de la infancia? ¿Los soles elípticos coagulados en el espacio negro? ¿Dónde reencontrar el camino volcado en el vacío? Las estaciones han perdido su significado. ¿Mañana, ayer, qué quieren decir esas palabras? No existe sino el presente. Unas veces, nieva. Otras, llueve. Luego hay sol, viento. Todo eso es ahora. Eso no ha sido, no será. Eso es. Siempre. De una vez. Porque las cosas viven en mí y no en el tiempo. Y, en mí, todo es presente.

Ayer fui a la orilla del lago. Ahora el agua está muy negra, muy lóbrega. Todas las noches, se embarcan entre las olas algunos días olvidados. Van hacia el horizonte como si navegaran en alta mar. Pero el mar está lejos de aquí. Todo está tan lejos...

  
Creo que pronto estaré curado. Algo se romperá dentro de mí o en algún rincón del espacio. Partiré hacia alturas inexploradas. Sobre la tierra no hay más que sembrados, una espera insoportable y un indecible silencio.


En Ayer
Traducción de Manuel Pereira
Imagen: © Sandro Campardo-Keystone-Corbis