9 sep. 2013

Pascal Quignard: El canto de las Sirenas





En el canto IX de la Odisea, Ulises{34} estalla en llanto y confiesa su nombre. El aeda deja su cítara y calla. En adelante Ulises toma la palabra, habla en primera persona, narra la continuación de sus aventuras: primero la gruta, luego la isla de Kirké{35}, en fin el viaje al país de los muertos.

Al regresar del país de los muertos, Ulises costea la isla de las Sirenas.

Kirké quiere decir pájaro de presa, Gavilán. Kirké canta en la isla de Aiaié. En griego, Aiaie dice el Lamento. Kirké entona un canto plañidero y lánguido y su canto transforma en cerdos a quienes lo escuchan{36}." Kirké la cantante alertó a Ulises: el canto taoide) agudo y penetrante (liguré) de las Sirenas "tira" (thelgousin) a los hombres: atrae y enlaza en el embrujo a quienes lo escuchan. La isla de las Sirenas es un prado húmedo (leimoní) cubierto de osamentas humanas y carnes corrompidas{37}. Y Las dos tretas que la chamán gavilán sugiere a Ulises son tan simples como precisas: los hombres de Ulises deben tener ambas orejas taponadas con pequeños fragmentos de cera heñida, tomados con un cuchillo de bronce de un pastel de miel. Sólo Ulises puede conservar las orejas destapadas, a condición de ser atado tres veces con cuerdas: manos enlazadas, pies ligados y -enhiesto en cubierta- el tórax sujeto al mástil.

Cada vez que pueda ser desatado, Eurilocos y Perimedes ajustarán los nudos. Entonces podrá escuchar lo que ningún mortal ha oído sin morir: los gritos-canto (a la vez phthoggos y aoidé) de las Sirenas.

El final de la escena de Hornero es más inconsecuente.

Cuando el silencio retorna al mar, parece que los marinos -cuyas orejas están taponadas- oyen el alejamiento del canto de las Sirenas, pues el convenio obligaba a que Eurilocos y Perimides reajustaran los nudos cada vez que Ulises pudiera ser desatado. En otras palabras, los dos marinos de orejas taponadas, oyendo el silencio, se apresuran a quitar de sus orejas los trozos de pastel de miel que Ulises talló con su daga de bronce y amasó con sus manos.

Sólo entonces Eurilocos y Perimedes desatan (anetysan) a Ulises.

Ocurre además que es la primera vez que el vocablo "análisis" aparece en un texto griego.

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Creo que el simple hecho de invertir el episodio le otorga su significado más seguro.

Algunos pájaros atraen con un canto sobrenatural a ciertos hombres hacia el lugar cubierto de huesos donde anidan: algunos hombres atraen con un canto artificial a ciertos pájaros hacia el tugar cubierto de huesos donde se cobijan.

El canto artificial para halar pájaros se llama señuelo. Las Sirenas son la vindicta de los pájaros por los señuelos que los transforman en víctimas de su propio canto. Los estratos arqueológicos de las grutas más antiguas dejan al descubierto silbatos y señuelos. Indistintos de sus presas, los cazadores paleolíticos engañaban con mímica a los animales que perseguían. En las entenebradas paredes figuraban cuernos de reno, de íbix. Se los exhibe en libros y a plena luz como ilustraciones, pero no debe excluirse que los cuernos también pudieran cornear.

Las primeras figuraciones humanas suelen sostener un cuerno en la mano. ¿Para beber su sangre? ¿Para llamar al animal del cual es signo (y siendo ese signo aquello que cae en el bosque durante la muda) hasta el punto de convertirse en el sonido que lo señala? Entonces la conjetura puede articularse así: el texto de Hornero repite, en modo inverso, una fábula prototípica acerca del origen de la música, según la cual la primera música fue la de los silbatos-señuelo de caza. Los secretos de la cacería (las voces de los animales, es decir los gritos que emiten y los atraen) se enseñaban durante la iniciación. Kirke es el Gavilán. Así como buitres y halcones, águilas y búhos se "deificaron" poco a poco debido a su estatus de celestes (a los que los cazadores abandonaban una parte de las presas abatidas en el instante ritual del sacrificio -del despojo de la piel, del troceo de los miembros, del reparto de los órganos y las carnes), los señuelos que los atraían se "teologizaron" poco a poco. Así, en un segundo tiempo, la música se transformó en un canto que atrae a los dioses hacia los hombres, luego de atraer a los pájaros hacia los cazadores. Se trata de un segundo tiempo, pero es la misma función.

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Los oídos los llevan al mucílago donde sus patas se traban: la cera en los oídos les impide oír el apelante.

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En Roma se consideraba que los ciervos eran animales timoratos, indignos de los senadores (que preferían los jabalíes), porque huían al ser atacados y supuestamente adoraban la música. Se daba caza al ciervo con el señuelo o con el apelante: ya fuera una suerte de siringa{38} con timbre de muda, ya un ciervo vivo amarrado, cuyo bramido servía de señuelo. La caza del ciervo, juzgada servil, no se hacía con venablos sino con redes: las cornamentas se enredaban inextricablemente en las mallas.

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Todas las narraciones relatan historias de jóvenes que adquieren, en el transcurso de la iniciación, el lenguaje de los animales. El señuelo y el apelante halan al emisor hacia su canto. La música no atrae hacia una ronda humana: induce a penetrar en una reproducida ronda zoológica. Las imitaciones se atraen entre sí. Los pájaros son los únicos, junto con los humanos, que saben imitar los cantos de las especies vecinas. Los sones simulados (las máscaras sonoras de las presas) introducen al animal de los cielos, al animal terrestre, al animal acuático, a todos los animales -comprendidos los hombres, el trueno, el fuego, el mar y el viento- en la ronda predadora. La música hace girar la ronda con los sonidos de los animales en la danza, con las imágenes de los animales y los astros en las paredes de las grutas más antiguas. Intensifica su rotación. Porque el mundo y el sol y las estrellas giran, y las estaciones y las mudas, y las floraciones y las frutas, y el celo y la reproducción de los animales.

Después de la predación, asegura la domesticación. Un señuelo ya es un domador. Un apelante ya es un domesticado.

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Ulises tiene algo de ateniense En Atenas el ritual de las Anthesterias{39} se basaba en la cuerda y el pez. Una vez al año, las almas de los muertos retornaban a la ciudad y los atenienses uncían los templos con cuerdas y embadurnaban las puertas de las casas con pez. Si los alientos errantes de los ancestros intentaban penetrar en la morada donde habían vivido, quedaban encolados fuera del umbral, igual que moscas.

Durante todo el día, los potes de arcilla, repletos con alimentos que se les había preparado, eran expuestos en medio de las calles.

Después estos alientos (psyché) fueron apodados fantasmas (daimôn), o también brujas-vampiro (kères).

Sir James George Frazer señala que a principios del siglo veinte los búlgaros conservaban la costumbre siguiente: para apartar de su casa a los malos espíritus, pintaban en la puerta una cruz de brea y colgaban en el umbral un ovillo enmarañado de incontables hilos. Antes que el fantasma contara todos los hilos, se apostaba fuerte a que el gallo cantara y a que la sombra debería retomar de prisa a su tumba antes que la luz se expandiera y arriesgara borrarlo.

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Ulises ceñido al mástil es también una infatigable escena egipcia.

Al salir de los infiernos, Ulises conoce la muerte y la resurrección por el canto mágico, rodeado de momias con orejas tapiadas con carbonato de sodio y resina. Faraón en su barca solar cruza el océano celeste.

Osiris itifalico fecunda sobre los muros de las tumbas enterradas de las pirámides a la pájara Isis, que cabalga su vientre mientras concibe al hombre con cabeza de pájaro, el halcón Horus.

El muerto (sombra negra) figura en la puerta de los infiernos precedido por su ba (la sirena coloreada que despliega o recoge sus alas).

El canto de los embalsamadores acompañaba la momificación de los cadáveres. En las cuentas de los funerales, el primer artículo presupuestado es el lino, el segundo la máscara, el tercero la música. El Canto del Arpista, anotado en cada tumba, repite en forma de estribillo:

"La llamada del canto no ha salvado a nadie de la tumba. Vive por ello un día dichoso y no escuches el clamor fúnebre. Mira que nadie ha llevado sus bienes consigo. Mira que no ha vuelto ninguno de los que se han marchado."

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El ba es el pájaro interior de cabeza humana y manos humanas, buscador de aliento. Deja el cuerpo e ingresa en la momia. El ba de los antiguos egipcios está muy cerca de la psyché de los antiguos griegos. En realidad, los alfareros griegos copiaron meticulosamente el ba pájaro de cabeza humana y manos humanas para bosquejar en sus vasijas a las Sirenas tentando a Ulises. Lo que denominamos Cantos del desesperado del antiguo Egipto se titulaba verdaderamente Diálogo entre el hombre y su bao. El amparo nocturno de la tumba, su frescor, el agua y los alimentos son el señuelo que atrapa los alientos que deambulan en el aire agobiados de calor, de hambre, de sed.

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Ulises está atado igual que una gavilla de cereales. Igual que el oso del carnaval, ceñido antes de ser empujado al río al son de zamponas y carracas.

Parece un chamán yakut: en lo alto del árbol, con sogas, se casa con el águila y en la ribera del río Grosella se hunde hasta las rodillas en los huesos de los muertos{40}.

Es Sargón ante el pájaro Ishtar.

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Todo cuento, incluso antes de trocar en la intriga particular que escenifica, es en sí mismo una historia-señuelo (una ficción, una trampa) para apaciguar el espíritu de los animales victimados. Toda cacería con señuelo se expía con una ofrenda que solo es un contraseñuelo. Del mismo modo deben ser purificadas con cantos y sacrificios las armas inficionadas por los espíritus de los cuerpos que derribaron a tierra en la sangre y en la muerte.

Al confesar la estratagema que invierte en el cuento, el cazador que vuelve de ver a Kirke exorciza la vindicta de los pájaros que el señuelo hizo venir hacia el canto. El relato exorciza hasta las cuerdas de las redes (que ciñen a Ulises). Incluso la cera (que tapona los oídos de los compañeros del héroe).

Hasta ese tórax (kithará) cubierto de cuerdas que es Ulises ante el pájaro.

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La palabra griega harmonia describe la manera de atar las cuerdas para tensarlas.

El primer nombre de la música en la Grecia antigua (sophia) designaba la habilidad para construir navíos.

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Cuando Myron quiso representar al dios de la música esculpió a Marsias ceñido al tronco de un árbol, mientras era desollado vivo.

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El halcón peregrino cae sobre el plato salvaje.

El ulular del vuelo en picada, por efecto de la velocidad de la caída petrifica a la presa.

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Arpas, flautas y tambor concurren en toda música. Cuerdas y dedos, vientos y boca, percusión de las manos o pisoteo, todas las partes del cuerpo danzan bajo su influjo.

Las piezas musicales del antiguo Japón siempre se dividían en tres partes: jo, ha, kyou. El comienzo se denominaba "introducción", el interludio "desgano", el final era denominado "presto".

Penetración, rasgadura, velocísimo. La forma sonata japonesa.

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El gavilán-chamán se yergue ante el espíritu-alondra.

El chamán es un predador, un cazador de almas: prepara las trampas, los nudos, los cepos, las argucias, las breas. Sabe cómo sujetar almas en cautiverio, cómo obligarlas con cabezas decapitadas y cabellos enlazados. Conoce uno por uno los caminos (los cantos) para llegar donde moran las almas. Lo que el chamán denomina camino (odos, una oda) es un relato mitad recitado y mitad canción.

Son añagazas. La imagen del pez arrojado al mar atrae bancos de congéneres. La música es cepo como la imagen es cebo.

El color fue cebo incluso antes que la imagen. Untar la pared con sangre es teñir la pared con el animal muerto.

El primer color es el negro (la noche, después el negro más absoluto, propio de la oscuridad de las cavernas). El segundo es el rojo.

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El trueno es el señuelo de la lluvia de tormenta. El bull-roarer{41} es el señuelo del tiempo.

El cháman no genera lluvia al tamborilear: quien tamborilea llama al fragor del trueno, que a su vez llama a la lluvia de la tormenta.

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La música no es un canto específico de la especie Horno. El canto específico de las sociedades humanas es su lengua. La música es una imitación de los lenguajes enseñados por las presas en el momento de la reproducción del canto de las presas a la hora de su reproducción.

Son conciertos de natura. La música incita a mugir, a rebuznar, a bramidar.

Relincha.

Retira del vientre del chamán al animal ausente que el cuerpo mima y que la piel y la máscara muestran.

La danza es una imagen. Así como la pintura es un canto. Los simulacros simulan. Un rito repite una nustaphora (un viaje). En la Grecia moderna, los camiones de mudanza llevan inscrita al costado la palabra METAPHORA. Un mito es la imagen danzada del rito mismo, del cual se espera ejerza atracción sobre el mundo.

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El chamán es especialista en rugidos animales. El amo de los espíritus puede metamorfosearse en cualquiera o en cualquier cosa, incluso en el pájaro de vuelo más raudo, capaz de atravesar el mar, de sobrepasar las montañas. El pájaro es el más nómada de los nómadas. El chamán es un acelerador del transporte, del tiempo, es decir de la metáfora, de la metamorfosis. Es, en fin, el más sonoro de los sonoros.

Su territorio es aire acotado de cantos.

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1. La música convoca al lugar donde tiene lugar, 2. sojuzga los ritmos biológicos hasta la danza, 3. hace caer a tierra, en el círculo del trance, el mugido que habla en el chamán.

Si la voz tiembla, el cuerpo cabriola. Saltar no es brincar, trepar no es resbalar. Salto de carpa, tarantela, baile o mascarada son originariamente lo mismo. ¿De dónde vienen bullir, patalear, titubear? Las listas que registran gritos animales en las gramáticas ejercen un atractivo irresistible, provocan competencias sin fin entre los niños y entre los adultos que las prosiguen.

Huracanar, aullar, ladrar, vociferar, abuchear, abroncar, bramar, alborotar...

Los etnólogos han clasificado las técnicas musicales para intimidar al tomado para flagelar el huracán, para aniquilar la ráfaga, para calmar el fuego, para sembrar el pánico en las lluvias (a fin de comandar su raudal tamborileando), para atraer rebaños a su pisoteo, para embrujar el ingreso de la fiera en el cuerpo del brujo, para aterrorizar a la luna, las almas y el tiempo hasta la obediencia.

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En Saint-Genou aún se puede contemplar las Dames Oiselles esculpidas en la iglesia. Son grullas que aprietan piedras vivientes con sus pinzas. Su cuello anudado sofoca el grito que escapa de su gaznate. Es un grito tan denso que aniquila a todo ser que lo escucha, pero a la vez tan agudo que se anula en el silencio y que ningún ser viviente escucha, recordando que el lenguaje es el canto precedió al lenguaje de las lenguas.

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Los hombres remontan infiernos y deambulan en un mar sonoro.

El mar sonoro amenaza engullir a todos los seres vivientes. La música los atrae. La música es el señuelo que atrae hacia la muerte.

Que atrae las voces a la semejanza que las pierde.

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El río en su estuario ya no revela nada de lo tenue de la fuente.

Salvar la fuente: mi deseo. Salvar la fuente del río que la fuente engendra y que el río engulle a fuerza de acrecerla. Se excava Troya y se descascarilla una cebolla sin fin: las grandes ciudades de eras antiguas no volvieron a la condición del bosque que roturaron. Ni volverán. Las civilizaciones sólo dejan, en el mejor de los casos, ruinas, En el peor, desiertos irreversibles. Formo parte de los que he perdido.


Notas

[34]Ulises ( o Ulixes) es el nombre latino de Odiseo ( que significa "enfadado"). (N. del T.)
[35]La grafía castellana (y francesa) habitual es Circe, pero su pronunciación griega es Kirkè. La isla de Aiaié es en castellano, Eea (que parece una interjección). He conservado las grafías griegas adoptadas por el autor. (N. del T.)
[36]Ulises es inmune al embrujo y las drogas de Kirkè -que transforma a los hombres en puercos-, porque Hermes le dio a oler una flor blanca y perfumada, de raíz negra, llamada "moly". Esta flor sólo era conocida por los dioses. Ulises permaneció un tiempo en la isla de Aiaié y tuvo tres hijos con Kirkè: Agrio, Latino y Telégono. (N. del T.)
[37]Las sirenas, demonios fúnebres, eran hijas de Aqueloo. Según Ovidio, son pájaros de plumaje rojizo y rostro de virgen; para Apolonio de Rodas, de medio cuerpo para arriba son mujeres y en lo restante pájaros. Dice la leyenda que Afrodita las transformó en aves, porque no querían entregar su virginidad a los dioses ni a los hombres. Pero las Musas las vencieron en un certamen musical y les arrancaron las plumas para hacerse una corona. De allí que no puedan volar y atraigan a los hombres con su canto sobrenatural. Según el geógrafo Estrabón, su lugar de residencia eran las islas Sirenusas, frente a Pesto. (N. del T.)
[38]Original: syrinx. La siringa es una especie de flauta. (N. del T.)
[39]La Anthesteria (de ánthesis: floración) era uno de los festivales en honor de Dionisio efectuado en Atenas en el mes de Anthesterion (febrero-marzo), al comenzar la primavera. Se celebraba la maduración del vino de guarda. Duraba tres días. El primero se dedicaba a ofrecer libaciones en honor de Dionisio. El segundo era una fiesta popular paralelamente a la cual se celebraba una ceremonia secreta en el santuario de Dionisio, donde la esposa del rey arconte se unía en matrimonio con el dios. Se suponía que las almas de los muertos aparecían y transitaban por el mundo de los vivos. El tercer día era el día de los muertos. (N. del T.)
[40]El "sháman" ("el que sabe") es elegido por los espíritus, que le dan muerte simbólicamente y lo cortan en pedazos. Resucita de esta muerte y "asciende a los cielos" por el árbol del mundo, un poste con siete, nueve o doce sogas. Ver Mircea Eliade. Le chamanisme. (N. del T.)
[41]El "bull-roarer" es un rombo de 15 cm de largo y 3 de ancho que tiene en un extremo un orificio por el que pasa un cordel. La ceremonia iniciática entre ciertas tribus de la costa Este de Australia (p. ej., los Karadjeri) consiste en la revelación solemne de este instrumento cuya rotación produce un sonido análogo al trueno y al mugido del toro (de allí su nombre inglés: bull-roarer). Ver Mircea Eliade, Tratado de la historia de las religiones (p.60, Ediciones Era, México, 1972) y Howitt, The Native Tribes (p. 494 y ss., p. 528 y ss.). (N. del T.)


El odio a la música, diez pequeños tratados, Quinto tratado
Título original: La Haine de la Musique
© 1996, Calmann-Lévy
© de la traducción y notas: Pierre Jacomet, 1998
Foto: Sophie Bassouls, Paris 1986, Sygma Corbis