11 sep. 2013

Denise Levertov - Poemas para Olga (Olga Levertov 1914/1964)





I

Desvistiéndose, arrodillada
a la lumbre del gas,
abrasándose lujuriosamente, rasgando
porfiada insistencia, líneas
sus uñas sobre flancos de oliva,
una marca de elástico
                             anillándola.

(Y en la cama la hermanita
sus ojos como perlas;
¿o me sumía la somnolencia? Mi cabeza
una cámara.)

Dieciséis. Senos
redondos, redondos y
pezones oscuros.

Ahora yace, dos meses ya
huesos e hilachas carnales en la tierra.


II

Alto tono de
porfiada insistencia, líneas
que se tensan en las cejas arqueadas.

Acosada, acosada;
la piel alrededor de las uñas
roídas hasta el límite.

Querías gritarle al mundo
que retornase a su sentido
¿verdad?; empujando

a los pobres hacia la
república socialista del júbilo.

Qué furor
y vergüenza humana te arrasó
cuando tenías nueve años y viste
las casas de la calle Ley,

aferrándote a la visión de la pobreza.
Mientras a esa edad yo
te burlaba, admirando

la integridad arquitectónica, próxima
al mil ochocientos cincuenta, y encontraba
dignidad en las escalinatas blanquedas.

Ovejita negra, ovejita negra,
había una llama
blanca en tu corazón.


III

1

Todo fluye
                 ella entró murmurando a mi niñez,
caminando sobre la hierba pisoteada donde títeres humanos
ensayaban destinos aquel verano,
empujados a extrañas apariencias por el latigazo de su deseo;
todo fluye;
miré desde mi sillita de caña de "Osito más Pequeño"
y supe que las palabras venían de un libro
y las sentí ajenas a mí

pero enlazadas a palabras del libro de himnos
                                                       que amábamos:
             el Tiempo como un río que corre siempre /
                                        conduce a sus hijos lejos.


2

Ahora. como si humo o dulzura me hubiera alcanzado
aspiro un sentido de su vida en aquel instante,
sintiendo. soñando. esperando. con tedio y fervor como cualquier otra;
una joven muchacha en el jardín. el mismo cuadrado alquímico
donde crecí, que a veces nos parecía
demasiado pequeño para nuestros grandes destinos.
                                                           Pero el terror
estaba en ella, un golpe de la sangre, contra el oscilante y oscuro
río que avanzaba alzó bastiones, poniéndose a cernir
cenizas después de la misa temprana de todo un invierno,

rotulando el desorden normal de su escritorio, basando
sus versos en el Año Cristiano de Keble,
discutiendo interminablemente, impulsando

vidas al desastre ... ¡Cambiar,
cambiar el curso del río! Qué furor para ordenar
desordenó su peregrinaje; tanto que por largo tiempo

se recluyera entre extraños, esperando
reordenar todos los misterios en una nueva luz.

Ovejita negra. íncubo;
                    apareció
cabalgando angustia como los tártaros cabalgan yeguas**
sobre el rastrojo de los años malos.

En uno de esos años
                 cuando yo no sabía si ella estaba viva o muerta
la vi en sueños
ojerosa y rojizamente
                 iluminada por el reflejo
de un puesto callejero de mariscos, en una calle del bajo;
¿fue un sueño? Había perdido
todo sentido, casi, de
quién era ella, de cómo -bajo su piel,
bajo su negro cabello
                            que murió rubio-
se sentiría bajo el paso del tiempo, en una y otra faz de la luna,
en la vida que sin fluir para mí se desdobla, los años peregrinos.


IV

Yacías en tu lecho de hospital
enamorada, los odios
que te habían seguido, una cola
de cometa, consumida

donde viviríamos sin padre ni madre
y sin añorar el mundo de arriba. Los pájaros
cantaban dulcemente, Oh canción, en medio del día,

y entrábamos silenciosas a las iglesias de Essex en tardes calurosas
y comulgábamos con las efigies de caballeros y sus damas
y los perros esbeltos dormidos a sus pies,
la piedra muy fría.                   En la juventud
está el placer. en la juventud está el placer.

2

Bajo nubes de otoño, bajo la blanca
amplitud de cielos invernales caminaste
el año en que estabas más sola

regresando a los viejos caminos, viendo otra vez
los postes indicadores que señalan a Theydon Garnon
o a Stapleford Abbots o a Greensted,
cruzando las tierras aradas (cuyo color llamé múrmura,
una sombra entre marrón y malva que amábamos
cuando yo era niña y tú
no mucho más que una niña) encontrando nuevos senderos
cerca de White Roding o Abbess Roding; o perdidas en las nuevas
calles de Romford que eran caminitos por entonces;
ceñuda mientras afinabas tus pensamientos, respirando hondo
el aire quieto y húmedo, absorbiendo
mentalmente la escarcha sin alterarte,
como tus desastres surgidos del amor
se consumieron,
mientras dolor y drogas
reñían como hermanas en ti;

yacías flotando sobre un mar
de amor y dolor -cuánto amaste
aquella cadencia, 'Abajo
están los brazos etemos'-;
toda la historia
consumida hasta el límite
del hueso enfermo, salvo
aquella llama piadosa.


V

1

En un verde jardín donde yacía;
ajustaste las palabras a un tono tan penoso
que pulsó su camino a través de mi vida como a través de un bosque.

A través de un bosque, sombra y luz en medio de los abedules,
deslizándose por momentos en traslúcidos claros, ocultos tras matorrales de agrifolio,
tu vida se enrosca en mí.                               En San Valentín
una raíz sobresale en el prado varias yardas de su árbol
podríamos levantarla como la manija de una trampa, dijiste,
y descender largos escalones a otro país.

Qué frío se sentía en tu saquito liviano, tus zapatos de tacos gastados;
Niobe sin lágrimas, tus niños estaban perdidos para ti
y las luces del escenario se habían apagado, incluso el teatro vacío
te estaba negado, cueva de mutaciones donde
casi todo había sido posible.
                                        Cuántos libros
leíste en el silencio de tu cuarto alquilado aquel invierno,
mientras afuera los chorlitos atravesaban tu soledad con sus gritos extraños,
hacia ellos tendí mis brazos abiertos con anhelo, a tu lado, una vez,
tambaleando sobre los surcos.

Ah con tus medias desgarradas el cabello lacio
andabas penosamente detrás de tu angustia
sobre los campos desnudos, sobriamente, sobriamente.

Tus ojos eran el oro marrón de los cantos rodados bajo el agua.
Nunca crucé el puente sobre el Roding, que dividía
los misterios del campo abierto del presente,
fantasmas y alteraciones del tiempo que el Wanstead
                                                                 Park tenía suspendidos,
sin recordar tus ojos, aun cuando estuvimos separadas
y mis propios ojos ardían con dolor y cólera al pensar en ti.
Y por otros ríos en otros países; en cualquier lugar donde la luz
se extiende a través de los bajíos hacia la grava dorada. Los ojos
marrones de Olga. Un verano lluvioso, en New Forest,
cuando apenas podíamos respirar por el tedio y la pesadez del cielo,
te diste vuelta ferozmente hacia el piano y empezaste a tocar
sin interrupción todas las sonatas de Beethoven, día tras día
que me parecieron semanas. Daba vuelta las páginas algunas veces,
salía en mi bicicleta, regresaba; aún te sostenías en las
cascadas y rápidos de la música, corrían los arpegios temblaba
la rectoría, nuestros padres parecían haberse esfumado.
Pienso en los ojos de aquella foto tuya, seis años antes de que yo naciera,
el miedo en ellos. ¿Qué hiciste más tarde con tu miedo?
A través de los años de humillación,
de paranoia y chantaje y casi muerta de hambre, perdiendo
el amor de los que amabas, uno tras otro,
padres, amantes, niños, amigos idolatrados, ¿qué fue lo que mantuvo
la llama de la compasión encendida en ti, y te iluminó diáfanamente
hacia otro capítulo (pero del mismo libro) "un claro en la selva oscura,
una casa cuya puerta
se abre de par en par, y donde una mano da
la bienvenida"? •••

                 Cruzo
muchos arroyos en el mundo, hay tanta luz
danzando sobre tantas piedras, tantas preguntas que mis ojos
arden por preguntarle a tus ojos, dorados ojos marrones,
las pestañas cortas pero las cejas
arqueadas como labradas en madera de olivo, ojos con alguna visión
de festiva bondad detrás de su dura. o velada, o radiante,
mirada inescrutable.

Mayo-Agosto 1964


Notas


* Literalmente Sillón de caña de Osito Pequeño; alusión al cuento Goldylocks and the three Bears (Los Tres Osos); muy común para el mundo de habla inglesa.

** Y ahora tenemos la palabra más sabia y ambigua, es el nombre inglés de la pesadilla: The nightmare, que significaría para nosotros "la yegua de la noche". Shakespeare la entendió así. Hay versos de él que dicen: "I met the night mare" (me encontré con la yegua de la noche). (Jorge Luis Borges)

*** Las líneas entre comillas: "a clearing/in the selva oscura..." ("un claro/en la selva oscura"), son adaptación de algunos versos de Selva Oscura de Louis Mac Nice, un poema muy amado por mi hermana Olga (Nota de la autora).


En Poemas 
Selección y traducción Diana Bellessi 
Buenos Aires, FUNDARTE, 1980
Fuente foto