9 jun. 2013

Henri Michaux: Dos poemas de "A distancia" [póstumo]





Traducción inédita: Silvio Mattoni


Puertas que dan al fuego

El agua ya no corre para mí
La vida no tiene más días para mí
Vasallo de un brazo roto, vivo insularmente

Mis puertas dan al fuego
Arrancada la ropa interior de mi carne, mi piel ya no me envuelve
Ya nada me envuelve
Furiosa batalla que se libra dentro de mis fronteras

¡Qué frágiles son las patas de los teros!
Pero les bastan

Como una herramienta caída de una carreta
me quedé en la ruta

Mis pájaros ya no vuelan
Un solo hueso roto apresó mi vida

Escucho los informes chillones de mi cuerpo
El dolor en mi herida sumerge su escorpión marino

Hospital y momias matinales
¡Oh, qué profundamente cerrado está todo!

Noches sin fin
Lentamente, lentamente las agujas convierten la noche en alba

Tiempo inexorable que debo recorrer sin perder un minuto
¿Quién me regalaría uno solo?
Noches como un toldo sobre una herida
Cuando el sufrimiento se refleja en sufrimientos
cuando el sufrimiento en mil espejos rebota y repercute
… y todos los grados que todavía le falta subir

Nada de cielo
Arrancamos las vendas

Una quilla caída, todas las quillas oscilan

Sufrimiento que sigue sin domesticar
su fanfarria loca
su trompeta desgarradora sólo para mí
entre nosotros, telones bajos

Sufrimiento que sobrevive a todo, como un culto inepto,
transmitido incomprendido,
al que seguimos estando sometidos
Brasa

Brasa y perforaciones
¡Qué horribles brasas!
Ahí estaba mi brazo, antes

Fuego. Fuego. Fuego. Fuego incesantemente fuego

La lengua fría del cuchillo de trinchar
vaga sola entre los labios del hombre solo

Abejas que están libando flores de hierro
Pájaros que vuelan entre árboles de hierro

Perros que muerden. Jaurías de perros
incesantes oleadas de perros

En pleno día, espero la salida del sol


Tachadores

Fustas de fuego, de cacheo, de hiel
fusta sobre los bienes y los males
sobre las órdenes y los ojos
sobre las manos que sostienen el mango

Brasa en la camisa del Rey
brasa en la boca del cura

Chasquido en los mil espejos
chasquido en los pantanos de laca

Matraca en la Musa
matraca en el coro de los ángeles
graznidos en las asambleas

Verrugas sobre las doctrinas
callos sobre las doctrinas
escupidas sobre las doctrinas

Tapón sobre la voz anónima
sobre la hinchazón de la voz anónima
sobre los molinos para hacer estrellas

Llagas en el acero
llagas en las estructuras
llagas en los planes del futuro

Tachadura

sobre los hermanos y los padres
y sobre los nuevos padres disfrazados de hijos

sobre la clase de paz
que vuelve acuarteladas a las almas

sobre las calles que espían
sobre las filas que aplauden

sobre las voces de terciopelo
sobre los lavamiserias
que preparan una más innoble miseria

sobre las voces de mando de la ciencia momentánea
sobre los liquidadores de Edipo

sobre los discípulos, los discípulos de discípulos
nacidos esclavos ávidos de otros esclavos

Tachón sobre los rasgos del rostro
sobre la huella del objeto
sobre el rastro del hecho

sobre los innumerables enemigos nunca bastante vomitados
tabla rasa hecha no una vez sino mil veces mil veces

sobre el origen
sobre los desarrollos
sobre lo proliferante
sobre el mejoramiento, pez piloto de la próxima negación

sobre uno mismo
sobre vos
sobre el eje

tachón
tachón
tachón

Catedrales del ansia
de la rabia
de la bosta
del abceso
de la injuria
de la herida interna
del ofidio traidor que se distiende como se suelta la flecha

del submarino que se hunde asfixiado
de la rata envenenada
del pene ardido
del anzuelo en la aorta

espinosas
verrugosas
apofiseadas
amorfas
polimorfas
locas
arrebatadas
inflamadas
Catedrales no benditas no salseadas

del absurdo
de la exasperación
del sufrimiento
del hambre en la fiera
de la sed en el traicionado
de la superación imposible
del rechinar de dientes
del grito
del grito
del grito
catedrales, ¿cuándo las veremos?

Por fin construidas
por fin a imagen de nuestra desmesurada medida
dominando vertiginosamente metrópolis y pueblos
unidos, ellas y nosotros, a pesar de su masa y su dureza
como hermanos gemelos pegados por la boca
por la rabia, por los riñones, por el ano
por la abyección común que no podemos olvidar
por todo lo que ha fracasado implacablemente desde el principio

por la mala posición
por todo el viejo pegamento reumático
por el nuevo emplazamiento más dañino
más deformante aún
y sin embargo por la inextinguible tendencia a sublimar

catedrales
monstruosamente caladas en la faz del cielo
nuestras catedrales
¿cuándo las veremos?



En A distancia (recopilación póstuma)
Paris, Mercure de France, 1997
Foto: Henri Michaux (1899-1984) por Eddie Novarro