28 may. 2013

Descarga: Oscar Wilde - Obras


Descarga: Oscar Wilde - Obras


Contiene:

Artículos y ensayos - Cuentos cortos - El fantasma de Canterville - El príncipe feliz - El retrato de Dorian Gray - El retrato de Mister W. H. - La importancia de llamarse Ernesto - Obras teatrales - Poemas en prosa - Teleny o El reverso de la medalla - Una casa de granadas - Una mujer sin importancia

A diferencia de otros escritores que tratan de parecer profundos, Wilde, como Heine, esencialmente lo era y trataba de parecer frivolo. Esa apariencia de frivolidad perjudica ahora su fama. Dirigió el movimiento decadente, que en Inglaterra correspondió al simbolismo y a las otras escuelas decorativas de la época, pero en contraste con sus contemporáneos lo hizo un poco en broma. En 1890 publicó El retrato de Dorian Gray, acaso sugerido por la más famosa de las invenciones de Stevenson, pero donde la presencia del Mal es del todo diversa. Había viajado previamente por los Estados Unidos. En la aduana le preguntaron si tenía algo que declarar, contestó: «Nada, salvo mi genio». Recorrió el país dando conferencias; proclamó su evangelio estético en Nueva York y, según él, en cierto local de Texas, leyó un cartel que advertía: «No disparen sobre el pianista; hace lo que puede». En Salt-Lake-City, capital de los mormones, dio una conferencia; comentaría después que la sala era tan grande que podía contener hasta catorce familias. Trazó un pequeño plano mostrando cómo cada mormón ubicaba a su izquierda sus diez mujeres y a la derecha sus hijos. A su vuelta a Londres declaró que el descubrimiento de América fue un deplorable error y que Colón hubiera debido pasar de largo. Dijo de las cataratas del Niágara: «Llevan allí a todas las recién casadas americanas y la contemplación de ese estupendo espectáculo es el primer desencanto, ya que no el menos cruel, de la vida matrimonial». Le ofrecieron una suma considerable por una novela de cien mil palabras; respondió que no sabía cien mil palabras.

Casi ochenta años nos separan de la muerte de Wilde. Su época, tan alejada de nosotros, ya es una pieza de museo. El gran irlandés de triste destino y de alma venturosa es nuestro contemporáneo y lo será de muchas generaciones futuras. Su íntima, su invencible felicidad, lo salva de perdurar en nuestra memoria como un dandy trágico, a la manera del príncipe de Dinamarca.

Jorge Luis Borges

Imagen: Oscar Wilde probably by Lord Alfred Bruce Douglas snapshot photograph, spring 1900 © National Portrait Gallery, London