28 ene. 2013

Herta Müller: La lechuza joven






Hace ya una semana que la lechuza joven está en el valle. La gente la ve cada tarde al volver de la ciudad. Un crepúsculo gris envuelve los rieles. Unos maizales negros, extraños, ondean al paso del tren. La lechuza joven se instala entre los cardos marchitos como si fueran nieve.

La gente se apea en la estación. Nadie habla. Hace una semana que el tren no pita. Todos llevan sus bolsos pegados al cuerpo. Vuelven a sus casas. Si se encuentran con alguien en el camino de vuelta, dicen: «Este es el último respiro. Mañana llegará la lechuza joven, y con ella, la muerte».

El cura manda al monaguillo a lo alto del campanario. La campana repica. Al cabo de un rato, el monaguillo vuelve a bajar a la iglesia totalmente pálido. «Yo no tiraba de la campana, sino ella de mí»? dice. «Si no me hubiera agarrado de la viga, hace rato que habría volado por los aires.»

El repique de las campanas confunde a la lechuza joven, que regresa al campo. Hacia el sur. Siguiendo el Danubio. Vuela hasta la zona de las cascadas, donde están los soldados.



En El hombre es un gran faisán en el mundo (1986)
Traducción: Juan José del Solar
Madrid, Ediciones Siruela, 1992
Foto: Ekko von Schwichow