20 sep. 2012

Leonardo Da Vinci (1452-1519): Refutación de las ciencias ocultas



Estatua de Leonardo Da Vinci - Galería Uffizi - Florencia


293.- Como el más tonto de los razonamientos humanos debe ser reputado el que invita a la credulidad en la nigromancia, hermana de la alquimia, la cual da a luz cosas simples y naturales; pero es tanto más digna de censura que la alquimia, cuanto ella no da a luz cosa alguna que no sea su propia imagen, es decir, la mentira.

294.- Eso no ocurre con la alquimia, administradora de los simples productos de la naturaleza; oficio que no puede desempeñar la naturaleza por carecer de instrumentos orgánicos que le permitan operar lo que opera el hombre mediante sus manos, con las cuales fabrica el vidrio, etc.

295.- Pero la nigromancia es verdadero estandarte y bandera echada al viento, para servir de guía a la necia multitud, que muestra con sus clamoreos los infinitos efectos de tal arte. Circulan libros llenos de afirmaciones referentes a la acción de los encantamientos y de los espíritus que hablan sin lengua y sin aquellos instrumentos orgánicos indispensables para la palabra; y no sólo afirman que los tales espíritus hablan, sino que les atribuyen la capacidad de transportar grandísimos pesos, de provocar lluvias y tempestades, y de convertir a los hombres en gatos, lobos y otras bestias; ¡por más que, en calidad de bestias, deberían, en primer lugar, contraste los que semejantes cosas afirman!

296.- Cierto es que si existiera la nigromancia, como lo creen los pobres de espíritu, no habría sobre la Tierra nada que la igualara en daño o en provecho del hombre. En efecto, si en ella residiera la facultad de turbar la tranquila serenidad del aire, convirtiéndola en nocturno aspecto; la de poder, desencadenar vientos y rayos, acompañados de horribles truenos y fulguraciones en las tinieblas; la de echar por tierra altos edificios y arrancar de cuajo los árboles de las selvas con vientos impetuosos; o exterminar los ejércitos, dispersándolos y aterrándolos, o, finalmente, causar, dañosas perturbaciones atmosféricas que arrebaten a los agricultores el premio de sus fatigas: ¿qué sistema de guerra podría concebirse que tanto perjudicara al enemigo como arruinar sus cosechas? ¿Qué batalla naval se asemejaría a la que libraría quien tuviera a los vientos bajo su comando y en sus manos la ruina y naufragio de cualquier flota? A la verdad, quien disponga de un poderío tan avasallador será señor de los pueblos, y ningún ingenio humano resistirá a su fuerza destructora. Los tesoros ocultos, las gemas escondidas en el seno de la tierra, le serán todas reveladas. Se hará llevar, a través de los aires, de Oriente a Occidente, para gozar de todos los más opuestos aspectos del universo...

297.- Pero, ¿a qué extenderme todavía más? ¿Qué cosa es la que no podría ser realizada con ayuda de ese artificio? Ninguna casi, excepto librarse de la muerte. Y si ella existe de veras, ¿por qué no se ha quedado por ninguna divinidad? Pues sé de muchos que, por satisfacer su apetito, no dudarían en abolir a Dios junto con todo el universo.

298.- Si no ha permanecido entre los hombres, siéndoles tan necesaria, es porque nunca existió ni existirá jamás.

299.- ¡Quiero hacer milagros! Tendrás que vivir con mayor estrechez que los otros hombres más sensatos: los que pretenden enriquecerse en un día viven por largo tiempo en la pobreza, como ocurre y ocurrirá siempre a los alquimistas, empeñados en crear oro y plata, y a los ingenieros que quieren que el agua muerta dé vida de continuo movimiento a sí misma, o al solemne tonto que cree en la nigromancia y en los encantamientos.

300.- No me ocuparé de la Fisiognomónica ni de la Quiromancia, porque no hay verdad en ellas, simples quimeras sin fundamentos científicos.

301.- Cierto es, sin embargo, que la naturaleza de los hombres, sus vicios y sus temperamentos se muestran en parte por los rasgos de la cara:

302.- a) Cuando la separación entre las mejillas y la boca, los orificios de las narices y las órbitas de los ojos se destacan con evidencia, tales signos son propios de hombres alegres y risueños; los signos contrarios caracterizan a los pensadores y meditativos.

303.- b) Los que tienen los rasgos faciales muy pronunciados en relieve y profundidad, son hombres bestiales, iracundos y de escaso entendimiento.

304.- c) Los que tienen muy marcadas las líneas del entrecejo son iracundos.

305.- d) Los que tienen fuertemente delineadas las arrugas transversales de la frente, son hombres que se lamentan copiosamente en público o en secreto.

306.- Y así podríamos hablar de muchos otros rasgos.

307.- ¡Oh, investigadores del movimiento perpetuo, cuántos vanos proyectos fraguasteis en su búsqueda! Idos en compañía de los inventores de la fabricación del oro.

308.- No debemos desear lo imposible.



En Aforismos
Selección, traducción y prólogo: E. García de Zúñiga

Notas sobre esta edición

Los extractos de la obra escrita de Leonardo de Vinci que componen este volumen han sido preferentemente elegidos entre los publicados, por Edmundo Solmi en su compilación titulada Leonardo da Vinci, Frammenti letterari o filosofici (Firenze, G. Barbera editore, 1900) y los coleccionados por Luca Beltrami (vol. XXII de la serie de Gli Immortali, Istituto Editoriale Italiano, s. f.)

Hemos utilizado, además, la publicación de J. P. Richter en dos espléndidos volúmenes, profusamente ilustrados y provistos de abundantes comentarios históricos, biográficos, gramaticales: The Literary Works L. da V. Compiled by Jean Paul Richter, second edition, revised by J. P. Richter, and Irma A. Richter, Oxford University Press, 1939. Esta notable colección contiene los textos originales y su traducción inglesa (no siempre rigurosamente fiel).

Hemos consultado frecuentemente, y siempre con provecho, la concienzuda y erudita traducción alemana de María Herzfeld: Leonardo da Vinci, der Denker, Forscher und Poet, verlegt bei Eugen Diederichs, Iena, 1926.

En fin, la traducción francesa de Péladan (Ed. du Mercure de France, 1907) nos ha servido guía para la clasificación y distribución metódica de la materia.