20 ago. 2012

Benjamin Franklin - Dos inventos



Benjamin Franklin © Bettmann/CORBIS


Instrucciones para la construcción de pararrayos (1753)

Dios ha permitido en su magnanimidad para con la humanidad que por fin se descubriese el sistema de defender las viviendas contra las calamidades de los rayos. El método para lograrlo consiste en lo siguiente: Se coloca una varilla pequeña de hierro (puede valer la varilla que se utiliza para la fabricación de clavos), de tal largo que un extremo se clave en la tierra húmeda unos tres o cuatro pies, y el otro sobresalga de seis a ocho pies sobre la parte más alta del edificio. En la parte alta de la varilla se conecta como un pie de alambre de latón del calibre del tamaño de las agujas corrientes de calceta, y se afila su parte superior. La varilla se fija al edificio con unas cuantas grapas. Si se trata de un granero o una casa grande, puede ponerse una varilla con su terminación aguzada en cada una de las esquinas del edificio uniéndolas con un cable que vaya por el caballete del tejado. El edificio dotado con tal artilugio no será dañado por el rayo, que será atraído por las varillas puntiagudas y bajará a tierra por los cables, sin causar perjuicio alguno. También las embarcaciones con esas varillas aguzadas en el remate de sus mástiles y con un cable que termine en uno de los obenques hasta el agua, se librará de los daños de los rayos.



Descripción de un aparato para coger libros de los anaqueles

Enero de 1786

Las personas de edad encuentran incómodo tener que instalar una escalera de mano para coger libros de las estanterías de las bibliotecas, bien por la propia torpeza de sus años o porque sufran de vértigo o simplemente por resentirse de las articulaciones. Sin hablar, claro, de lo molesto que es tener que cambiar de sitio la escalera para alcanzar libros que estén en otra sección de la biblioteca.

Para evitarles esos trabajos, así como la molestia de tener que llevar la escalera de un lado a otro, he construido el siguiente utensilio que llamo brazo extensible.

El brazo es una vara de pino de una pulgada de grueso y ocho pies de largo… El índice y el pulgar están hechos de dos piececitas de madera de fresno de pulgada y media de ancho y de un cuarto de pulgada de grosor. Se fijan con tornillos a ambos lados del extremo de la vara; el índice sobresale una pulgada y media más que el pulgar. Esas piececitas se van haciendo más delgadas hacia su extremo para que puedan introducirse entre los lomos de los libros fácilmente. Van taladrados con unos agujeros minúsculos, accionados por un cordel del tamaño de un cañón dé pluma de ganso, que lleva un lazo en su extremo. Ese cordel, que pasa por los agujeros de los «dedos», recorre la vara hasta el otro extremo y lleva una serie de mandos equidistantes unas cuatro pulgadas.

Se utiliza este instrumento sujetándolo con una mano y accionando la cuerda e introduciendo «los dedos» del extremo superior a los lados del libro que se desee coger, abriéndolos más o menos según el grosor del tomo, y, una vez sujeto, se afianza la cuerda que enlaza esas agarraderas por detrás del libro, como en un lazo, y se retira, sin más. Según se saca hay que darle al aparato un cuarto de vuelta de giro para que el libro baje horizontal y no caiga. Los nudos sirven para que no se deslice la cuerda y se mantenga la tensión, que sólo se interrumpe cuando se coge el libro.

Todo nuevo instrumento requiere cierta práctica antes de utilizarse con toda eficacia, pero en éste la práctica es mínima.

Construido con las medidas que se ha indicado, funciona satisfactoriamente con libros en tamaños duodécimo y octavo. Los libros tamaño cuarto y folio resultan demasiado pesados, lo cual no es un gran problema, pues por lo general suelen colocarse en las estanterías inferiores de la biblioteca, pudiendo cogerse directamente.

Para colocar de nuevo el libro en su sitio, se realiza la misma operación, sólo que en sentido contrario.


En Autobiografía y otros escritos
Edición: Luis López Guerra
Imagen: © Bettmann/CORBIS