4 jun. 2012

Wallace Stevens - Soliloquio final del amante interior





Luz, primera luz de la noche, como en un cuarto
En el que descansamos y, casi por nada, pensamos
Que el mundo imaginado es bien esencial.

Este es, por tanto, el más intenso rendez-vous.
Es en esta idea en la que nos recogemos,
Fuera de todas las indiferencias, en una sola cosa:

Dentro de una sola cosa, un solo chal
Que nos abriga bien, pues somos pobres, un calor,
Una luz, un poder, la milagrosa influencia.

Ahora, aquí, nos olvidamos el uno al otro y de nosotros.
Sentimos la oscuridad de un orden, una totalidad,
Un conocer, lo que arregló la cita,

Dentro de su vital circunscripción, en la mente.
Decimos: Dios y la imaginación son uno.
La candela más alta, que alta ilumina lo oscuro…

Y fuera de esta luz, de esta mente central,
Hacemos nuestra casa en el aire nocturno,
Donde estar los dos juntos es lo suficiente.
Trad.: Andrés Sánchez Robayna
En Domingo a la mañana y otros poemas
Antología: Daniel Chirom
Buenos Aires, CEAL, 1988

Final Soliloquy of the Interior Paramour


Light the first light of evening, as in a room
In which we rest and, for small reason, think
The world imagined is the ultimate good.


This is, therefore, the intensest rendezvous.
It is in that thought that we collect ourselves,
Out of all the indifferences, into one thing:


Within a single thing, a single shawl
Wrapped tightly round us, since we are poor, a warmth,
A light, a power, the miraculous influence.


Here, now, we forget each other and ourselves.
We feel the obscurity of an order, a whole,
A knowledge, that which arranged the rendezvous.


Within its vital boundary, in the mind.
We say God and the imagination are one...
How high that highest candle lights the dark.


Out of this same light, out of the central mind,
We make a dwelling in the evening air,
In which being there together is enough.