4 ene. 2012

Stephen Jay Gould - Homenaje biológico a Mickey Mouse





La edad, a menudo, transforma el fuego en placidez. Lytton Strachey, en su penetrante retrato de Florence Nightingale, escribe acerca de sus años de ocaso:

El destino, tras esperar con gran paciencia, le jugó una extraña pasada a miss Nightingale. La benevolencia y el espíritu público de aquella su larga vida sólo se habían visto igualados por su acritud. Su virtud se había alojado en la dureza ... Y ahora los sarcásticos años traían su castigo a la orgullosa mujer. No había de morir como había vivido. Le fue retirado el aguijón: se volvió blanda, se vio reducida a la aceptación y la complacencia.

Por lo tanto, no me sentí sorprendido (aunque la analogía pueda parecerle sacrílega a algunos) al descubrir que una criatura, cuyo nombre es hoy sinónimo de insipidez, había tenido una juventud más bien agitada. Mickey Mouse cumplió una respetable cincuentena de años el año pasado. Para conmemorar la ocasión, muchos cines repusieron su debut en Steamboat Willie (1928). El Mickey original era un individuo revoltoso, incluso ligeramente sádico. En una notable secuencia en que se explotaba la innovación del sonoro, Mickey y Minnie aporrean, estrujan y retuercen a los animales que llevan a bordo para producir una emocionante interpretación a coro de «Turkey in the Straw». Hacen la bocina estrujando un pato, dan cuerda al rabo de una cabra, pellizcan los pezones de una cerda, golpean los dientes de una vaca a modo de xilófono y tocan la gaita con sus ubres.


La evolución de Mickey en el transcurso de cincuenta años (de izquierda a derecha). Al irse volviendo Mickey cada vez más educado, su aspecto se volvió cada vez más juvenil. Las medidas tomadas en tres etapas de su desarrollo revelaron un mayor tamaño relativo de la cabeza, unos ojos más grandes y un cráneo agrandado, características todas ellas de juventud (© Walt Disney Productions).


Christopher Finch, en su libro pictórico semioficial sobre la obra de Disney, comenta: «El Mickey Mouse que saltó a los cines a finales de los años veinte no era exactamente el personaje bien educado con el que la mayor parte de nosotros estamos familiarizados. Era, cuando menos, malicioso, e incluso exhibía una veta de crueldad». Pero Mickey remozó rápidamente su actitud dejando a la especulación y el chismorreo tan sólo sus relaciones con Minnie y la condición de Morty y Ferdie. Finch continúa: «Mickey ... se había convertido prácticamente en un símbolo nacional, y como tal, se esperaba de él un correcto comportamiento en todo momento. Si, ocasionalmente, se salía del tiesto, llegaba un número indeterminado de cartas a los estudios, procedentes de ciudadanos y organizaciones que consideraban que el bienestar moral de la nación estaba en sus manos ... Finalmente, hubo de verse forzado a interpretar el papel de un hombre recto».

Al irse suavizando la personalidad de Mickey, cambió su aspecto. Muchos entusiastas de Disney son conscientes de esta transformación con el transcurso del tiempo, pero pocos (sospecho) han reconocido el elemento coordinador que hay detrás de todas las alteraciones; de hecho, no estoy seguro de que los propios artistas de Disney se dieran cuenta, explícitamente, de lo que estaban haciendo, ya que los cambios aparecieron de modo irregular y poco a poco.

En pocas palabras, el Mickey más blando e inofensivo fue adquiriendo progresivamente un aspecto más juvenil. (Dado que la edad cronológica de Mickey jamás variaba —al igual que la mayor parte de los personajes de dibujos animados, soporta imperturbable los embates del tiempo—, este cambio de aspecto a una edad constante constituye una auténtica transformación evolutiva. El rejuvenecimiento progresivo es un fenómeno evolutivo llamado neotenia. Ampliaremos esto más adelante).

Los característicos cambios de forma en el transcurso del crecimiento humano han inspirado una sustancial bibliografía biológica. Dado que, en el embrión, primero evoluciona el extremo correspondiente a la cabeza, y crece más rápidamente en el útero que el extremo correspondiente a los pies (un gradiente anteroposterior, en lenguaje técnico), un niño recién nacido posee una cabeza relativamente grande sobre un cuerpo de tamaño medio con piernas y pies diminutos. Este gradiente se invierte durante el crecimiento al adelantar las piernas y los pies al extremo frontal. La cabeza continúa creciendo, pero mucho más lentamente que el resto del cuerpo, con lo que su tamaño relativo decrece.

Además, se produce toda una serie de cambios en la propia cabeza durante el crecimiento humano. El cerebro crece muy lentamente después de los tres años de edad, y el cráneo bulboso del niño pequeño da paso a la configuración más sesgada, de cejas más bajas, del adulto. Los ojos no crecen prácticamente y el tamaño relativo de éstos decae estrepitosamente. Pero la mandíbula se va haciendo cada vez más grande. Los niños, en comparación con los adultos, tienen la cabeza y los ojos más grandes, la mandíbula más pequeña, un cráneo abultado, más prominente, y unas piernas y pies pequeños y regordetes. La cabeza de los adultos es bastante más simiesca. Lamento decirlo.

Mickey, no obstante, ha recorrido su sendero ontogénico a la inversa en el curso de los cincuenta años que lleva entre nosotros. Ha asumido un aspecto cada vez más infantil, al convertirse el ratonil personaje de Steamboat Willie en el gracioso e inofensivo huésped de un reino mágico. Ya en 1940, el que antes se dedicaba a pellizcar los pezones de una cerda recibe una patada en el trasero por su insubordinación (en el papel del Aprendiz de brujo en Fantasía). En 1953, en su última película, va de pesca y ni siquiera es capaz de imponerse a una almeja escupidora.

Los artistas de Disney transformaron a Mickey en el más astuto silencio, utilizando a menudo sugestivos mecanismos que imitaban los cambios propios de la naturaleza por rutas diferentes. Para dotarlo de las piernas más cortas y rechonchas propias de la juventud, le alargaron los pantalones cubriendo sus piernas de palillo con una prenda abolsada. (Sus brazos y piernas también engordaron sustancialmente, y adquirieron articulaciones para tener un aspecto más desgarbado). Su cabeza se volvió relativamente más grande y sus facciones más juveniles. La longitud del hocico de Mickey no se ha alterado, pero es más sutil sugerir una protrusión decreciente por medio de un engrosamiento pronunciado. Los ojos de Mickey han crecido de dos modos: en primer lugar, a través de un desplazamiento evolutivo de mayor cuantía, al convertirse la totalidad del ojo del original en la pupila del de su descendiente; y, en segundo lugar, por un ulterior crecimiento gradual.

La mejora de Mickey en cuanto a su abultamiento craneal siguió un camino interesante, ya que su evolución siempre se ha visto constreñida por la convención inamovible de representar su cabeza por medio de un círculo con orejas adosadas y un hocico oblongo. La forma del círculo no podía ser directamente alterada para producir un cráneo abultado. En lugar de ello, las orejas de Mickey se desplazaron hacia atrás, incrementando la distancia entre la nariz y las orejas dándole una frente redondeada, en vez de oblicua.

Para darle a estas observaciones el carácter de ciencia cuantitativa, apliqué mi mejor compás de calibres a tres etapas de la filogenia oficial: la figura de nariz estrecha y orejas hacia adelante de principios de los años treinta (etapa 1), el Jack de última moda que interpretó en Mickey and the Beanstalk (1947, etapa 2), y el ratón moderno (etapa 3). Medí tres signos de la incipiente juventud de Mickey: crecimiento del tamaño de los ojos (altura máxima) como porcentaje de la longitud de la cabeza (de la base de la nariz a la parte superior de la oreja trasera); el crecimiento de la longitud de la cabeza como porcentaje de la longitud del cuerpo; y el crecimiento del tamaño de la bóveda craneal medido por el desplazamiento hacia atrás de la oreja anterior (de la base de la nariz a la parte superior de la oreja anterior como porcentaje de la distancia de la base de la nariz a la parte superior de la oreja trasera).

Los tres porcentajes crecían regularmente: el tamaño de los ojos, de un 27 a un 42 por 100 de la longitud de la cabeza; la longitud de la cabeza, de un 42,7 a un 48,1 de la longitud del cuerpo; y la distancia de la nariz a la parte frontal de la oreja, de un 71,7 a un estridente 95,6 por 100 de la nariz a la oreja de detrás. Para comparar, tomé las medidas del joven «sobrino» de Mickey, Morty Mouse. En cada caso, Mickey ha venido evolucionando claramente hacia las etapas juveniles de su estirpe, aunque aún le queda camino por recorrer en cuanto a la longitud de la cabeza.


En El pulgar del panda
Imagen: © Wally McNamee/CORBIS