14 jul. 2011

Paolo Virno - El hablante como artista ejecutante





Cada uno de nosotros es, desde siempre, un virtuoso, un artista ejecutante. A veces mediocre o tímido, pero bajo toda circunstancia virtuoso. En efecto, el modelo básico del virtuosismo, la experiencia que funda el concepto, es la actividad del hablante. No la actividad de un hablante sabio y elegante, sino de cualquier hablante. El lenguaje verbal humano no es una pura herramienta o un complejo de señales instrumentales —características que son inherentes tal vez a los lenguajes de los animales no humanos, por ejemplo el de las abejas, que a través de señas coordinan la provisión de alimentos—; el lenguaje humano se cumple en sí mismo, no produce —no por regla, al menos—un «objeto» independiente de la misma enunciación.

El lenguaje es «sin obra». Toda enunciación es una prestación virtuosa. Y es tal porque, obviamente, está conectada directa o indirectamente a la presencia de los otros. El lenguaje presupone e instituye siempre el «espacio con estructura pública» del que habla Arendt. Sería bueno leer los fragmentos de la Ética Nicomachea que hablan de la diferencia de principio que existe entre poiesis —producción— y praxis — política— en relación con la noción de parole en Saussure y, sobre todo, al análisis de Émile Benveniste sobre la enunciación —donde por «enunciación» se entiende no el contenido de un enunciado, el «qué se dice», sino el habla como tal, el hecho mismo de hablar. De este modo se constataría que los aspectos diferenciales de la praxis respecto de la poiesis coinciden con los aspectos diferenciales del lenguaje verbal respecto de la gestualidad o la comunicación no-verbal.

Y hay más. Sólo el hablante —a diferencia del pianista, del bailarín, del actor— puede prescindir de un guión o de una partitura. El suyo es un virtuosismo doble: no sólo no produce una obra que se distinga de la ejecución, sino que ni siquiera tiene una obra a sus espaldas, una obra a la cual «actualizar» mediante la interpretación. De hecho, el acto de parole solamente se jacta de la potencialidad de la lengua, o mejor, de la facultad genérica del lenguaje: no de un texto preestablecido en detalle. El virtuosismo del hablante es el prototipo y el ápice de todo virtuosismo, justamente porque incluye en sí la relación potencia/acto, allí donde el virtuosismo ordinario, o derivado, presupone en cambio un acto determinado —las Variaciones Goldberg de Bach, supongamos—  al que hacer revivir siempre de nuevo...



En Gramática de la multitud