22 jun. 2011

Herman Hesse - Carta a André Gide





Enero de 1951.

Mi querido y admirado André Gide:

Su nuevo traductor Lüsberg me ha enviado sus Hojas de otoño; he leído ya la mayor parte de estos recuerdos y meditaciones y no me parecería ahora justo ni delicado dar las gracias al citado señor por su obsequio sin enviarle a usted, por fin, un nuevo saludo de afecto y gratitud.

Hubiese debido hacerlo hace ya mucho tiempo, pero hace otro tanto que vivo sumido en una resignada fatiga y no es este precisamente el estado de ánimo en el cual puede llevarse a cabo la visita a una persona mayor en edad y muy admirada. Pero la fatiga podía continuar hasta el final, y antes de este era mi deseo testimoniarle a usted una vez más mi simpatía y mi gratitud, invariable y aumentadas si cabe en los últimos años.

Las gentes de nuestra clase se han tornado ahora, según parece, harto escasas, y comienzan a sentirse solitarias; por ello mismo es una dicha y un consuelo saber que en usted alienta aún un defensor y amante de la libertad, de la personalidad, del tesón, de la responsabilidad individual. La mayor parte de nuestros colegas más jóvenes, y por desgracia también algunos de nuestra generación, aspira a otras cosas muy distintas, como es la unificación o igualación, ya sea la romana, la luterana, la comunista u otra cualquiera, y muchos han llevado a cabo ya esta unificación hasta términos que en ocasiones han significado también la autoaniquilación. Ante cada conversión de cualquier camarada de antaño hacia las Iglesias y lo colectivo, ante cada apostasía de un colega que ha caído en la desesperación o en el cansancio sin remedio, demasiado grandes ya para poder seguir siendo un caminante solitario y responsable de sí propio, el mundo se torna para cada uno de nosotros más pobre y más fatigosa la tarea de seguir viviendo. Pienso que a usted le ocurrirá lo mismo.

Acepte usted una vez más los saludos de un viejo individualista a quien no se le ha pasado por la cabeza la idea de enrolarse en una cualquiera de las grandes maquinarias existentes.

Imagen: Martin Hesse