29 may. 2011

Tres poemas de Günter Grass

Versión de Miguel Sáenz







En el huevo


Vivimos en un huevo.
Hemos cubierto su interior
de dibujos obscenos
y garrapateado los nombres de nuestros enemigos.
Nos están incubando.


Quienquiera que nos incube
incuba también nuestro lápiz.
Cuando rompamos la cáscara un día
nos haremos una idea
enseguida de quien nos incuba.


Suponemos que nos incuban.
Nos imaginamos un ave bonachona
y escribimos trabajos escolares
sobre colores y raza
de la gallina que nos incuba.


¿Cuándo romperemos la cáscara?
Nuestros profetas del interior del huevo
discuten, por un sueldo medianejo,
sobre el período de incubación.
Suponen un día X.


Por aburrimiento y necesidad auténtica
hemos inventado las incubadoras.
Nos preocupa mucho nuestra descendencia en el huevo.
Con gusto recomendaríamos nuestra patente
a quien nos guarda.


Tenemos un techo sobre nuestras cabezas.
Pollitos seniles,
embriones que saben idiomas,
hablan el día entero
y todavía discuten sus sueños.
¿Y si no nos incubaran?
¿Si nunca se hiciera un agujero en esta cáscara?
¿Si nuestro horizonte fuera sólo el horizonte
de nuestros garabatos y no dejara de serlo?
Confiamos en que nos incuban.


Aunque si hablamos sólo de incubaciones
hay que temer también que alguien,
fuera de nuestra cáscara, sienta hambre
y nos eche a la sartén, sazonándonos con sal...
¿Qué haremos entonces, mis hermanos de dentro del huevo?




Diana y los objetos


Cuando alarga la mano derecha
sobre el hombro derecho buscando la aljaba,
adelanta la pierna izquierda.


Cuando me hirió,
su objeto me hirió en el alma
que es para ella un objeto.


En su mayoría son objetos en reposo
contra los que, los lunes,
me golpeo la rodilla.


Ella en cambio, con su permiso de caza,
sólo se deja fotografiar corriendo
y rodeada de perros.


Cuando dice que sí y acierta,
acierta a los objetos de la Naturaleza,
pero también a los disecados.


Siempre me he negado
a dejar que una idea sin sombra
hiriera mi cuerpo que arroja su sombra.


Tú, sin embargo, Diana,
con tu arco,
eres para mí objetiva y responsable.




Inundación


Esperamos que cese la lluvia,
aunque nos hemos acostumbrado
a permanecer invisibles, tras la cortina.
La cuchara es colador ahora y nadie se atreve ya
a extender la mano.
Muchas cosas flotan por las calles,
cosas bien escondidas en tiempo seco.
¡Qué penoso ver las sábanas usadas del vecino!
Vamos a menudo al indicador de nivel
y comparamos, como relojes, nuestras cuitas.
Algunas cosas pueden regularse.
Pero cuando los aljibes se desborden y se colme la medida que heredamos
tendremos que ponernos a rezar.
El sótano está sumergido, hemos subido las cajas
y comprobamos con la lista el contenido.
Todavía no se ha perdido nada...
Como es seguro que las aguas bajarán pronto
hemos empezado a coser sombrillitas.
Será muy duro volver a cruzar la plaza,
claramente, con sombra de plomo.
Al principio echaremos de menos la cortina
y bajaremos al sótano a menudo
para contemplar la marca
que las aguas nos legaron.




Visto en ddooss
Foto: Gunther Grass en Gottingen 1995 
© Sophie Bassouls-Sygma-Corbis


Libros de poemas editados en español
1956, Las ventajas de las gallinas de viento
1960, Gleisdreieck. Triángulo de vías
1967, Interrogado 
1994, Poemas (Gedichte)
2006, Lírico botín
2009, Payaso de Agosto