23 feb. 2011

Marco Denevi - El refugio de la Historia bombardeado por las pasiones




    

Para el probabilismo de la adolescencia, para ese haber dejado de ser lo que se fue y no ser todavía lo que se será, la Historia podría oficiar de asilo: a lo menos en ella alguna probabilidad ya se dio.

Pero la mayoría de los historiadores argentinos, con las consabidas excepciones de siempre, no desbrozan la historia sino que se sirven del pasado como de un cómplice para sus odios y sus amores presentes.

Fruto de ese manejo apasionado, la Historia de los historiadores no está poblada por hombres sino por santos y por demonios, que intercambian sus papeles según quién sea el historiador que hurga en los archivos.

La República Argentina del séptimo lugar en el ranking no se salva del linchamiento póstumo. He leído dos estudios sobre esa época. Sus perspectivas antagónicas ven, la una, sólo los palacetes: la otra, sólo los conventillos. El egocentrismo de la adolescencia no sabe mirar lejos.

En el mundo de entonces, por ejemplo la Inglaterra victoriana y eduardiana conservaba intactos, por debajo de sus oropeles imperiales, los sórdidos submundos que describe Dickens, combinaba los salones por donde se paseaba el dandy Oscar Wilde y la cárcel de Reading en la que encerraba a niños de ocho y nueve años. La Francia de la Exposición Universal y del barón Haussmann mantenía, como revés del tapiz, a la Francia de Los Miserables y de La Taberna. Y los Estados Unidos, jóvenes adalides de la ley, de la libertad y de la igualdad democrática, usaban la pistola como arma económica, eran el ergástulo de los negros y, después de escrita La cabaña del Tío Tom, se aprestaban a escribir Viñas de ira.

Esa realidad dual es inaceptable para la adolescencia, que siempre quiere ver confirmados sus ideales absolutos e intransigentes, de modo que una de dos: o se niega a mirar las realidades que se los contradicen, o le basta que una sola hoja de la cebolla de la realidad se los contradiga para que toda la cebolla le parezca podrida.

En La República de Trapalanda