10 ene. 2011

Claudio Eliano - Cigüeñas



Las cigüeñas cuidan de sus padres, cuando están viejos, con afán cariñoso. Lo que hace que estas aves obren de tal modo no es una ley humana, sino que se comportan así por designio de la Naturaleza. También quieren las cigüeñas a su prole. Ésta es la prueba: si una cigüeña adulta carece de alimentos para los cigoñinos que aguardan en el nido, sin plumas y casi indefensos, porque está en una época de poca comida, vomita lo que ha comido en el día anterior y con eso da de comer a sus polluelos. Sé que, asimismo, garzas y pelícanos hacen otro tanto. Por otra parte, he sabido que cigüeñas y grullas emigran en compañía y que, juntas, escapan del frío invernal; cuando la estación de las nieves ha concluido, ambas especies retornan a sus lares y reconocen sus nidos, tal como un hombre reconoce su morada.

Según Alejandro de Mindo, cuando se hacen viejas, emigran a las islas del Océano, donde de aves se transforman en hombres y se cree que tal cambio es premio a su comportamiento amoroso con sus padres, porque, si no estoy en un error, los dioses quieren conservar en esas tierras una estirpe de hombres piadosos y justicieros, ya que en ninguna otra comarca de las que alumbra el sol podría perdurar semejante raza. Estimo que ésta no es una simple fábula. ¿Con qué finalidad podría narrar Alejandro infundios semejantes, si no sacaría nada en limpio? Y, lo que es más, de poco le serviría a un hombre inteligente contribuir a que lo falso se imponga a lo verdadero, aunque pensara en conseguir el máximo de los beneficios, monos todavía si podía ir a dar a las manos de un adversario, del que no sacaría ganancias.

Historia de los Animales, Libro III, 23