29 de dic. de 2010

Werner Herzog - Ten Thousand Years Older

No hay comentarios. :




Ten Thousand Years Older es una película documental de 2002 de Werner Herzog sobre los Amondauas (Uru Eus), una tribu de Brasil. La película, de diez minutos de duración, se incluye como parte del proyecto Ten Minutes Older, publicado en la colección de La trompeta.

El film comienza con imágenes de archivo del primer contacto de los Amondauas con los brasileños modernos en 1981. Herzog afirma que anteriormente los Amondauas vivían en la edad de piedra, sin conocimiento de la metalurgia. Después de varios años, la mayor parte de la tribu había sido aniquilada, víctima de la varicela y el resfriado común.

Herzog visita la tribu veinte años después de su primer contacto. El autor analiza las opiniones de los ancianos en su nueva vida, así como las de los jóvenes. Los ancianos apartados de su vida anterior como guerreros de la selva, mientras los jóvenes se sienten avergonzados de sus padres y quieren vivir como los brasileños modernos.


Dirección:      Werner Herzog
Producción:   Lucki Stipetic
Texto:             Werner Herzog
Narración:     Werner Herzog
Cámaras:      Vicente Ríos
Edición:         Joe Bini
Año:               2002
Duración      10 minutos
Idiomas        Inglés
                       Portugués


24 de dic. de 2010

Stephen Jay Gould - Nabokov: El mito de la habilidad artística

No hay comentarios. :




Nabokov realizó muchos dibujos de mariposas, algunos de los cuales se publicaron y otros que eran ilustraciones fantásticas en ejemplares de sus libros obsequiados a sus amigos y parientes, en especial a su esposa, Vera. Tales dibujos son encantadores, y con frecuencia muy conmovedores por sus perfiles contrastados y sus colores vivos e ingenuos; pero, para decirlo diplomáticamente, la afirmación que se ha hecho a veces de que tales dibujos han de juzgarse o bien insólitos por su detalle o bien especiales por su belleza, sólo puede calificarse de amablemente hagiográfica, en especial a la luz de una tradición verdaderamente grande de arte maravilloso y sensible entre los mejores ilustradores de historia natural, desde María Merian a Edward Lear (quien escribía pareados como pasatiempo, pero que trabajaba profesionalmente como ilustrador especializado).
















Nabokov a Vera - Here we are at last, my darling (1975 aniv 50°)






En Acabo de llegar
Trad. Joandomenec Ros - Barcelona, 2007
Cap. 2: "No hay ciencia sin imaginación, no hay arte sin hechos"
Imágenes: This recording y Liquidnight



22 de dic. de 2010

Octavio Paz - Elegía interrumpida

No hay comentarios. :


Imagen @ Gorka Lejarcegi




Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de hielo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."


Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

20 de dic. de 2010

Marco Aurelio - Encanto y atractivo

No hay comentarios. :


Es preciso también vigilar atentamente lo siguiente, que incluso lo que sobreviene[1] a creaciones de la naturaleza tiene algún encanto y atractivo. Así, por ejemplo, el pan al cocerse se  resquebraja en algunas partes y esas aberturas, a pesar de ser de alguna forma contradictorias al buen hacer del panadero, llaman nuestra atención y mueven especialmente nuestra ansia por comerlo. Lo mismo ocurre con los higos, que cuando más maduros están se abren. También en las aceitunas muy en sazón el propio hecho de estar a un paso de pudrirse le añade cierta belleza al fruto. Lo mismo las espigas que doblan su cabeza, el entrecejo[2] del león, la espuma que fluye de la boca de los jabalíes y muchas otras cosas que si uno las observara en particular vería que están lejos de tener un buen aspecto; sin embargo, por concurrir a sucesos naturales, los adornan y los hacen atractivos, de forma que si uno tiene un sentimiento y una perspicacia más profunda frente a lo que sucede en el todo, casi nada le parecerá, incluidas las cosas que acontecen de forma concomitante, no estar conformado de forma más o menos agradable. Esa persona verá las verdaderas fauces de las fieras con no menor agrado que las que los pintores y escultores muestran en imitación[3]. Incluso en una vieja o en un viejo podrá ver cierto esplendor y sazón y el atractivo sexual de los adolescentes con ojos honestos. Muchas de estas cosas no son cautivadoras a todos, sólo se le ocurrirán al que esta familiarizado genuinamente con la naturaleza y sus obras.


1 El pasaje alude a expresiones estoicas para hablar del mal como aquello que es concurrente a lo natural pero no fue expresamente creado.
2 Aparentemente es un defecto pero protege al león de los rayos del sol y le permite ver con precisión.
3 El sentido es que uno empieza viendo la belleza de cosas que aparentemente son revulsivas en la pintura, después en la propia realidad.


Meditaciones, 3.2


19 de dic. de 2010

Werner Herzog - Nadie quiere jugar conmigo

No hay comentarios. :







Título original: Mit mir will keiner spielen (1976)




18 de dic. de 2010

Víctor Erice - Línea de vida (cortometraje)

No hay comentarios. :







Incluido en Ten Minutes Older: The Trumpet (2002)


Dirección:

Kaige Chen (100 Flowers Hidden Deep)
Víctor Erice (Lifeline)
Werner Herzog (Ten Thousand Years Older)
Jim Jarmusch (Int. Trailer Night)
Aki Kaurismäki (Dogs Have No Hell)
Spike Lee (We Wuz Robbed)
Wim Wenders (Twelve Miles to Trona)

17 de dic. de 2010

Felisberto Hernández - Elsa

No hay comentarios. :



I

Yo no quiero decir cómo es ella. Si digo que es rubia se imaginarán una mujer rubia, pero no será ella. Ocurrirá como con el nombre: si digo que se llama Elsa se imaginarán cómo es el nombre Elsa; pero el nombre Elsa de ella es otro nombre Elsa. Ni siquiera podrían imaginarse cómo es una peinilla que ella se olvidó en mi casa; aunque yo dijera que tiene 26 dientes, el color, más aun, aunque hubieran visto otra igual, no podrían imaginarse cómo es precisamente, la peinilla que ella se olvidó en mi casa.


II

Yo quiero decir lo que me pasa a mí. ¿Y saben para qué?, pues, para ver si diciendo lo que me pasa, deja de pasarme. Pero entiéndase bien; me pasa una cosa mala, horrible: ya lo verán. Sé que por más bien que yo llegara a decirla, ocurrirá como con la peinilla y lo demás; no se imaginarán exactamente cómo es lo malo que me pasa; pero el interés que yo tengo es ver si deja de pasarme tanto lo malo que se imaginarán, lo malo que en realidad me pasa.


III

Elsa no es precisamente una de las tantas muchachas que no me aman: ella no me amará dentro de poco tiempo, porque ahora ella me ama. Nos hemos visto muy pocas veces; ella está muy lejos; nuestro amor se mantiene por correspondencia; pero yo tengo la convicción, yo afirmo categóricamente, yo creo absolutamente -ya explicaré ampliamente por qué tengo esta fiebre de afirmar- yo vuelvo a afirmar que dada la manera de ser de ella, dejará muy pronto de amarme, porque ella no podrá resistir el amor por correspondencia. Yo sí, pero ella no.


IV

De lo que ya no existe, se habla con indiferencia o con frialdad; pero yo hablo con dolor, porque hablo antes de que deje de existir y sabiendo que dejará de existir: recuérdese cómo lo afirmé.

Cuando espero algo, siento como si alguien -llámese Dios, destino o como quiera- tratara de demostrarme que la cosa que espero no llega o no ocurre como yo esperaba. Entonces, cuando yo tengo interés en que una cosa no ocurra, empiezo a pensar que ocurrirá, para burlarme de ese alguien si la cosa llega u ocurre, para hacerle ver que yo la preveía; y él por no dar su brazo a torcer no me da ese gusto y la cosa ocurre; pero he aquí que al final triunfo yo, porque precisamente lo que más deseaba era que no ocurriera. También debo decir que ese alguien suele sorprenderme dejándose burlar, y que yo triunfe aparentemente y quede derrotado íntimamente: pero esto ocurre las menos de las veces.

Para ser franco, diré que yo no creo en ese alguien, que a ese alguien lo creamos, y para crearlo lo suponemos al revés y al derecho. Pero cuando nos encontramos frente a un gran dolor, volvemos a pensar al revés y al derecho por si llega a ser cierto que existe. Ahora yo pienso que a lo mejor existe, y que a lo mejor no da su brazo a torcer, y por llevarme la contra hace que no ocurra lo de que ella deje de amarme, puesto que yo afirmo que ocurrirá. Así mismo tengo temor de que ese alguien se deje vencer y la cosa ocurra como en las menos veces: pero yo tengo más esperanza del otro modo: al revés que al derecho. Tendría esperanza aun cuando viera que estoy a punto de que ella no me ame; pues con más razón tengo esperanza ahora que ella me ama normalmente.

Bueno, en total quiero dejar constancia de que tengo la convicción, de que afirmo categóricamente, y que creo absolutamente, que Elsa se diferencia de las demás muchachas, en que ninguna de las otras me ama, y que ella dejará muy pronto de amarme.


16 de dic. de 2010

Witold Gombrowicz - Hegel

No hay comentarios. :






Sábado, 3 de mayo



Biografía aburrida.  Siglo xix.  Profesor en Berlín.
Kant

Fichte:   filosofía del Estado y de la ley.
Schelling:          naturaleza artística." Su filosofía está muy influida por la estética y el arte.  Hegel lo atacó violentamente.
La tesis fundamental de Hegel: lo que es racional es real, lo que es real es racional.
No es tan difícil.  La idea principal es que el sujeto es correlativo (dependiente) del objeto, que uno no puede existir sin el otro.
Imaginad que no existe más que una cosa. Si no hay conciencia, esta cosa no existe.  Sobre esta base formula Hegel su teoría de lo real.
El mundo es una cosa; es conocido en la medida en que es asimilado por la razón, por una conciencia racional.  Hegel da una imagen grandiosa de este proceso.
Supongamos que entro en una catedral.  Al principio no veo más que la entrada, fragmentos de muros, detalles arquitectónicos que no se explican por sí mismos.  En fin, veo la catedral de un modo fragmentario.  Sigo adelante.  A medida que avanzo, veo cada vez más aspectos de la catedral y por fin llego al otro extremo y la veo entera.  Descubro el sentido de cada fragmento.  La catedral ha penetrado en MI RAZÓN. Este es precisamente el proceso de nuestro desarrollo en el mundo.  Cada día comprendemos mejor el mundo, nos damos mejor cuenta de la razón de cada fenómeno.  Por tanto, el mundo existe para nosotros un poco más cada vez.  Llegará un momento, el momento final de nuestra historia y del género humano, en que el mundo será plenamente asimilado.  Ese día desaparecerán el tiempo y el espacio, y la conjunción del objeto con el sujeto se transformará en un absoluto.  Fuera del tiempo y del espacio.  Ya no habrá movimiento.  Entonces, ¡zas!, el ABSOLUTO.
Como veis, semejantes sistemas metafísicos tienen una estructura bastante fantástica.  Incluso cuando los sistemas se vienen abajo sirven para comprender un poco mejor la realidad y el mundo.  Esta idea del progreso de la razón en Hegel se realiza a través de un sistema dialéctico que hoy en día es de la mayor importancia y que se formula poco más o menos así.
Cada tesis encuentra su antítesis en un grado más alto.  Esta síntesis aparece de nuevo como tesis y encuentra su antinomia, etcétera.  Por tanto, es una ley de desarrollo basada en la contradicción.  Según Hegel, nuestra mente se halla fundada en esta contradicción porque es imperfecta, porque conoce la realidad tan sólo parcialmente.  Por tanto, sus juicios son imperfectos.
Hegel descubre esta contradicción en la base misma de la mente: por ejemplo, cuando decimos todo tenemos que admitir lo singular.  Cuando imaginamos una cosa negra hay que pensar también en otro color porque la idea misma del color es una oposición entre éste y el resto de los colores.  Esta misma oposición se encuentra en el desarrollo histórico del Estado.
Por ejemplo, una dictadura provoca una revolución y una revolución reencuentra su síntesis en un sistema que no corresponde ni a la dictadura ni a la revolución; un sistema, pues, de poder limitado que, a su vez, se ve corregido por un sistema, por ejemplo, oligárquico.
Asimismo, cuando pensáis todo, estáis obligados a pensar nada, y así es como se avanza, paso a paso, en esta catedral.
La filosofía de Hegel es una filosofía del devenir, lo que constituye un gran paso adelante, este proceso del devenir no aparece en las filosofías anteriores.  No es sólo un movimiento, sino un progreso, puesto que este proceso dialéctico nos sitúa siempre en un escalón superior, hasta el logro final de la razón, y este proceso, en Hegel, está naturalmente fundado en el progreso de la razón, es decir, de la ciencia.  Lo que le lleva a conceder la mayor importancia a la historia.
Para Hegel la naturaleza no es creadora.  No avanza.  El sol, por ejemplo, sale y se pone siempre de la misma manera.  Ahora bien, lo creador es el devenir humano, que se expresa sobre todo en la historia.  Ya pueden observarse los grandes abismos que se abren para la mente entre lo que llamamos ahora lo sincrónico y lo diacrónico.
Este abismo forma parte de las grandes contradicciones que siguen caracterizando a la mente humana, como, Por ejemplo, la de objeto-sujeto o la teoría del continuo einsteiniano, la teoría de los cuantos de Planck, la forma de concebir el electrón, o la teoría corpuscular Y ondulatoria de la luz.  La mente humana aparece en esta perspectiva como algo formado por dos elementos diferentes que no se reencuentran jamás.
El hombre es precisamente esta abertura.
Otra fórmula de Hegel que os dará idea de su lenguaje un tanto complicado: el hombre es el principio a través del cual la razón del mundo llega a la conciencia de sí misma.
Echemos ahora un somero vistazo a la lógica de Hegel.  Esta se presenta, grosso modo, así:
Afirmo que no existe ninguna cosa, pero, dado que lo afirmo, entonces, al menos, existe mi afirmación.  Por tanto, el ser existe (en oposición a la cosa).  Pero puesto que el ser en sí no significa nada, al decir ser, debo decir que alguna cosa es.  Llego, por este camino, a reconocer que la categoría del ser puede ser pensada solamente con la del no-ser; lo que ya os dije al hablar de la antinomia de la mente.  Pero quiero mostrar simplemente cuál es el punto de partida de esta lógica.
La diferencia entre la lógica tradicional y la de Hegel es ésta: según la lógica tradicional, todo lo que es es idéntico a sí mismo y nada se contradice.  Es sencillamente el famoso principio de identidad, según el cual, A equivale a A.
Ahora bien, en Hegel nada es idéntico a sí Mismo y todo se contradice. (La imperfección de la razón que avanza: hasta que no haya visto enteramente la catedral, el sentido es imperfecto.  A igual a A no se realiza aquí.)
Esto conduce a lo que he anunciado al comienzo: la base de la realidad es el pensamiento.  Basta comparar el mundo hegeliano con el mundo de Aristóteles o el de santo Tomás para comprender que el hegeliano es la verdad en marcha, el lugar donde la humanidad forma sus leyes y el hombre se convierte en un peldaño de la historia.
La importancia que Hegel concedió a la historia ha contribuido ciertamente al triunfo del pensamiento de Hegel.
Para daros una idea de este pensamiento en sus detalles, y que os mostrará hasta qué punto mis resúmenes están lejos de contener todas estas cosas, quisiera hablaros de un libro importante de Hegel: la Fenomenología del espíritu, segundo tomo.
El capítulo sexto (para mostrar el camino de su pensamiento).  El espíritu verdadero, la eticidad, se divide en: el mundo ético, el mundo humano y divino y el hombre y la mujer.
Esto se subdivide en:
1.° La nación y la familia.  La ley del día y la ley de la noche, que a su vez se subdivide en:
A.    La ley humana
B.    La ley divina
C.    Los derechos del individuo.
2.° El movimiento, en ambas leyes (siempre devenir):
A.    Gobierno-guerras-potencia negativa
B.    (Muy importante.) La relación ética entre el hombre y la mujer en el sentido de hermano y hermana.
C.  La influencia recíproca de la ley divina y humana.
3.° El mundo ético como infinitud, por tanto, totalidad.
El análisis hegeliano de estos temas consiste siempre en descubrir y definir el movimiento dialéctico al que están sometidos. Esto le lleva a resultados verdaderamente sorprendentes, a pasajes famosos como el de la dialéctica del amo y del esclavo.
Aún no he hablado de un tema extraordinariamente importante en Hegel, el del Estado y los pueblos (naciones).
Para Hegel la realidad del Estado es superior a la del individuo.  Para él el Estado es la encarnación del Espíritu en el mundo.  He aquí algunas definiciones que nos permiten comprender su concepción del Estado.
(El Estado es la realidad de la idea moral.  Es el espíritu moral en tanto que querer -voluntad-, evidente para sí misma y sustancial, que piensa por si misma y sabe y realiza lo que sabe en tanto que saber.)
Esta horrible frase muestra el sentido más profundo de la idea hegeliana que, de manera muy superficial, puede expresarse así: para la filosofía anterior, el hombre estaba sometido a una ley moral instituida por Dios o, como en Kant, sometido a un imperativo moral.  Es decir: el hombre avanza, pero la ley ya existe.  Ahora bien, en Hegel todo se mueve.  El hombre, al avanzar, labra su propia ley, y no hay ninguna ley fija fuera de la constituida por el proceso dialéctico.  En Hegel no solamente el hombre sino las leyes están en marcha, porque son imperfectas.
Otras dos definiciones del Estado en Hegel.
1.° El Estado es la realización del querer individual.
2.° El Estado es el espíritu que se expande convirtiéndose en la forma y la organización del mundo.  Analiza a continuación las diversas formas de gobierno.  Y lo somete al-proceso dialéctico: el gobierno capitalista provoca una dictadura contraria, la del proletariado.  La dictadura del proletariado lleva a una forma superior que podrá reunir los aspectos buenos de cada forma precedente, etcétera.

Tesis-antítesis-síntesis.

Comprenderéis con qué gula se lanzaron los comunistas sobre esta idea.  Para ellos, la revolución conduce a una dictadura del proletariado, pero después se llega al Estado ideal, donde la fuerza no tendrá nada que hacer.
Hegel debe su gloria en primer lugar a Marx, y en segundo lugar a los marxistas.
La guerra, para Hegel, es también un proceso dialéctico donde lo inmoral lleva a lo moral.
El Estado se transforma, al fin, en la encarnación de la divinidad.

Hegel / Kierkegaard
Ataque de Kierkegaard

Es el último gran sistema metafísico que ha tenido lugar.  Según la ley dialéctica de puro estilo hegeliano, la tesis reencuentra su antítesis, y Kierkegaard es la antítesis.
Kierkegaard fue un pastor danés, gran admirador de Hegel.  De repente, le declara la guerra y se produce uno de los momentos más dramáticos de la cultura.
El ataque de Kierkegaard contra Hegel se resume así:
Hegel es absolutamente irreprochable en su teoría, pero esta teoría no vale nada.
¿Por qué?
Porque es abstracta, mientras que la existen(es la primera vez que aparece esta palabra) es concreta.
En Hegel no hay más que abstracciones y conceptos; por ejemplo, he visto mil caballos que tienen todos algo en común, y formulo entonces el concepto de una cosa: caballo, animal de cuatro patas, etcétera.  Pero resulta que justamente este caballo nunca ha existido, puesto que cada caballo concreto tiene su color.  De suerte que el concepto, con el que la filosofía clásica actúa desde los tiempos antiguos, como en Demócrito o Aristóteles, como desde santo Tomás hasta Spinoza, Kant y Hegel, está en el vacío.
La filosofía clásica dice: el hombre.
La abstracción no corresponde a la realidad.  Es, por decirlo así, del otro mundo.
Aquí es donde el pensamiento encuentra su contradicción interior más violenta.
Y es la base, por usar el lenguaje hegeliano, de una antítesis que nos lleva directamente a la existencia.
El existencialismo aspira a ser sobre todo una filosofía de lo concreto.  Pero se trata de un sueño; con la realidad concreta no pueden hacerse razonamientos.  Los razonamientos usan siempre conceptos, etcétera.  El existencialismo es, por tanto, un pensamiento trágico pues no puede bastarse a sí mismo, tiene que ser una filosofía concreta y abstracta al mismo tiempo.
La filosofía de Kierkegaard es una reacción contra la de Hegel.
A partir de Husserl el existencialismo se hace posible, puesto que el método fenomenológico de Husserl consiste en las investigaciones de la verdad entendida como esencia.
Es una descripción de nuestra conciencia, una suerte de aplicación al yo del método aristotélico.  Pero, mientras que la filosofía de Aristóteles es una clasificación del mundo, el método fenomenológico de Husserl consiste en la depuración y la clasificación de los fenómenos de nuestra conciencia.

En Curso de filosofía en seis horas y cuarto
Imagen © Sophie Bassouls/Sygma/Corbis

14 de dic. de 2010

Silvina Ocampo - El mal

No hay comentarios. :








Una noche rodearon la cama contigua con biombos. Alguien explicó a Efrén que su vecino estaba agonizando. Ese vecino perverso no sólo le había robado la manzana que estaba sobre la mesa de luz, sino el derecho a gozar de la protección de esos biombos, en cuya otra faz había seguramente pintadas flores y figuras de querubes. Esta circunstancia oscureció la alegría de Efrén.

Asimismo, con sábanas y frazadas para cubrirse, estaba en el paraíso. Veía de soslayo la luz rosada de los ventanales. De vez en cuando le daban de beber; tenía conciencia del alba, de la mañana, del día, de la tarde y de la noche, aunque las persianas estuvieran cerradas y que ningún reloj le anunciara la hora. Cuando estaba sano solía comer con tanta rapidez que todos los alimentos tenían el mismo sabor. Ahora, reconocía la diferencia que hay hasta en los gustos de una naranja y de una mandarina. Apreciaba cada ruido que oía en la calle o en el edificio, las voces y los gritos, el ruido de las cañerías, de los ascensores, de los automóviles, de los coches de caballos que pasaban. Cuando sentía necesidad de orinar tocaba el timbre; mágicamente aparecía una mujer, con blancura de estatua, trayendo un florero de vidrio que era una suerte de reliquia y esa misma mujer, con ojos etruscos y uñas de rubí, le ponía enemas o lo pinchaba con una aguja como si cosiera un género precioso. Una caja de música no era tan musical, el pecho de una santa o de un ángel tan buenos como la almohada donde recostaba la cabeza.

Cosquilleos agradables le corrían por la nuca, bajaban por la columna vertebral a las rodillas. Pensaba: era la primera vez que podía pensar: "Qué precio tiene un cuerpo. Vivimos como si no valiera nada, imponiéndole sacrificios hasta que revienta. La enfermedad es una lección de anatomía." Soñaba: era la primera vez que podía soñar. Juegos de billar, una pipa, el diario leído minuciosamente, viajes breves, mujeres que le sonreían en un cinematógrafo, una corbata roja, lo deleitaban. En sus delirios tenía presencias del futuro; las visitas de los domingos, que se enteraron de su don, acudían al hospital para acercarse a su cama y oír las predicciones.

Advirtió que los biombos no rodeaban la cama del vecino, sino la suya, y quedó complacido.

Los pies ya no le dolían de tanto caminar, ni la cintura de tanto estar agachado, ni el estómago de pasar tanta hambre. Divisaba el patio con palmeras y palomas, en cada ventanal. El tiempo no pasaba porque la felicidad es eterna. Los médicos dijeron que iban a salvarlo. Retiraron los biombos con flores y querubes. A su juicio, los médicos eran bribones. Saben dónde se aloja la enfermedad y la manejan a su gusto. El organismo tal vez oye los diálogos que rodean la cama de un enfermo. Efrén tuvo pesadillas por culpa de esos diálogos.

Soñó que para ir al trabajo tomaba un colectivo y después de sentarse advertía que el colectivo no tenía ruedas, que bajaba del colectivo y tomaba otro que no tenía motor y así sucesivamente hasta que se hacía de noche. Soñó que estaba en la peletería, cosiendo pieles; las pieles se movían, gruñían. Al cabo de un rato, en el cuarto donde trabajaba, varias fieras, con aliento inmundo, le mordían los tobillos y las manos. Al cabo de un rato, las fieras hablaban entre ellas. El no entendía lo que decían porque hablaban en un extraño idioma. Comprendía finalmente que iban a devorarlo.

Soñó que tenía hambre. No había nada que comer; entonces sacaba del bolsillo un trozo de pan tan viejo que no podía morderlo con los dientes; lo remojaba en agua, pero continuaba igual; finalmente, cuando lo mordía, sus dientes quedaban dentro del único pan que había conseguido para alimentarse. El camino hacia la salud, hacia la vida, era ése.

El organismo de Efrén, que era fuerte y astuto, buscó un lugar en sus entrañas para esconder el mal. Ese mal era una fortuna: con subterfugios, encontró manera de conservarlo el mayor tiempo posible. De ese modo Efrén durante unos días, con el sentimiento de culpa que inspira siempre el engaño, volvió a ser feliz. La hermana de caridad le hablaba de sus hijos y de su mujer, inútilmente. Para él, ellos estaban dentro de la libreta del pan o de la carne. Tenían precio. Costaban cada día más.

Sudó, se agachó, sufrió, lloró, caminó leguas y leguas para conseguir la tranquilidad que ahora querían arrebatarle.



En La furia, Buenos Aires, Editorial Sur, 1959
Foto: Pepe Fernández (Bs. As. 1928-2006) Vía



13 de dic. de 2010

Georg Trakl (1887-1914) - Tres poemas

No hay comentarios. :






Canción de Occidente


Oh, vuelo nocturno del alma;
como pastores fuimos otrora hacia bosques crepusculares,
y nos seguían el rojo venado, la verde flor y el manantial balbuciente
con humildad. Oh, la melodía antiquísima del grillo,
sangre floreciendo en el altar de los sacrificios,
y el grito del ave solitaria sobre la verde calma del estanque.

Oh, cruzadas y ardientes martirios
de la carne, caída de frutos purpúreos
en el jardín crepuscular, por donde en otros
tiempos pasaron los piadosos discípulos,
guerreros ahora, despertando de heridas y sueños estrellados.
Oh, el dulce manojo de ancianos por la noche.

Oh edades de silencio y áureos otoños,
cuando nosotros, monjes apacibles, prensábamos la uva purpúrea;
y en torno brillaban colina y bosque.

Oh, cacerías y castillos; quietud del atardecer
cuando el hombre meditaba en su aposento acerca de lo justo
o con muda oración combatía por la cabeza viviente de Dios

Oh la amarga hora del ocaso,
cuando contemplamos un rostro pétreo en negras aguas.
Pero resplandecientes abren sus párpados argénteos los amantes:
una estirpe. Incienso mana desde almohadones, rosados,
y el dulce canto de los resucitados.



El sueño

¡Os maldigo, oscuros venenos,
blanco sueño!
Este jardín tan extraño
de árboles crepusculares
llenos de serpientes, mariposas nocturnas,
arañas, murciélagos.
¡Forastero! Tu sombra perdida
en el crepúsculo,
un corsario sombrío
en el salino mar de la tristeza.
Revolotean blancos pájaros al borde de la noche
sobre ciudades de acero
que se desploman



A los que han enmudecido

Oh, la locura de la gran ciudad, cuando al atardecer
junto al negro muro miran absortos árboles raquíticos
tras máscara plateada asoma el espíritu del mal;
la luz expulsa con látigo magnético a la noche petrificada.
Oh, el sumergido doblar de las campanas al crepúsculo

Ramera, que en helado aguacero da a luz una Criatura muerta.
Furiosa azota la cólera del Dios la frente del poseído
peste purpúrea, hambre que destroza unos ojos verdes.

Oh, la risa terrible del oro.
Pero silenciosa se desangra en oscura caverna una humanidad muda,
y forja con duros metales la cabeza redentora.




Versión de Rodolfo Modern
Foto: C. P. Wagner (Innsbruck, 1910) Via



12 de dic. de 2010

Ernesto Sabato - Pitágoras

No hay comentarios. :



Ernesto Sabato por Daniel Modzinski


Como todos los personajes históricos, Pitágoras es un ente que se propaga en el espacio y en el tiempo, fuera de sus límites carnales y después de su desintegración física. Para la posteridad, el Pitágoras que nació en la isla de Samos y murió en Metaponte, casi no interesa, es un falso-Pitágoras que debe de haber pronunciado frases y cometido acciones adversas al pitagorismo. Nos interesa más el verdadero Pitágoras, ese mito que frágilmente construido con algunos fragmentos dudosos de Filolao, Heráclito, Heródoto, ha resistido como un promontorio de dura roca el embate de dos mil quinientos años.

La Fama se adelanta precedida y propagada por la Equivocación y, aun en los casos en que es merecida, raramente se debe a lo más valioso; muchos aprecian a Cervantes por esos convencionales cuentos de pastores que plagan el Quijote; otros admiran en Shakespeare esas calamitosas frases que yuxtapone a los versos más dramáticos:

Here’s to my love! O true apothecary!
Thy drugs are quick. Thus with a kiss I die.

Son generalmente los defectos, los vicios, las tonterías, las vulgaridades y las frases que nunca dijeron lo que realza la celebridad de los grandes hombres. Einstein es famoso por la frase “todo es relativo”, y por su pelo; la frase es equivocada y expresa un programa mortal para Einstein; el pelo nada tiene que hacer con la genialidad de su propietario.

Difícilmente un gran hombre escapa a este melancólico destino y tanto más difícilmente cuanto más famoso, porque las equivocaciones aumentan con la popularidad y con el tiempo. Las famas antiguas son asi las peores: como en esos monumentos restaurados en todas las épocas ya no queda casi nada del original. Cuando el hombre ha dejado una obra escrita —el caso de Platón— se puede siempre reivindicar la verdadera doctrina en medio de las falsas interpretaciones, aunque de todos modos es un hermoso problema distinguir una interpretación falsa de una verdadera, pues, por esencia, una interpretación es ya algo distinto del original; pero cuando, como en el caso de Pitágoras, no hay documentos dejados por el autor, todos y en la medida en que han contribuido a la creación del mito tienen derecho a reivindicar su propia contribución. En estos casos, es una pretensión escolástica la de querer mostrar al “verdadero” pensador: su única verdad es su historia.

Este monstruoso Pitágoras nace en la isla de Samos, enseña sus doctrinas en Italia, entra en la teología cristiana y se propaga, a través de la magia y de la arquitectura, a todo el pensamiento occidental hasta nuestros días. Su fama es merecida y puede decirse que de haber prevalecido sobre Aristóteles, el pensamiento moderno habría llegado varios siglos antes; pero las causas de su fama constituyen lo menos valioso de su doctrina: el teorema del triángulo rectángulo era ya conocido antes de él y la magia de los números pequeños había sido ya elaborada por los chinos (es muy difícil no ser precedido por los chinos) y es lo más deleznable de toda su obra.

Realizando experiencias con el monocordio, Pitágoras descubrió que el tañido de una cuerda al mismo tiempo que el de otra cuerda de longitud mitad, da un acorde perfecto; es el armonioso sonido que forman una nota con su octava. Nuevos experimentos revelaron que todos los acordes eran siempre producidos por cuerdas que guardaban entre sí relaciones de longitud dadas por números pequeños y enteros. De pronto, la inefable y sutil armonía musical se mostraba rígidamente gobernada por los números.

Es posible imaginar el revuelo que este descubrimiento debe de haber producido en la logia pitagórica; el descubrimiento es en verdad un hecho importante en la historia de la ciencia, porque frente al puro razonamiento introduce la experiencia y la medida, los más grandes motores del movimiento científico moderno; pero, desde luego, no fue por esa razón que la logia se entusiasmó sino porque reforzaba ciertos postulados de la organización.

El entusiasmo no es el estado de ánimo más favorable para escribir un buen poema; con mayor razón, tampoco lo es para organizar una concepción del mundo. Es cierto que la idea pitagórica de la medición es muy superior a la idea aristotélica de la clasificación y es muy probable que la ciencia moderna habría llegado antes de haber prevalecido ese aspecto del pitagorismo. La causa de que no haya sido así es, quizá, la exaltación de sus partidarios, que deformó y exageró la esencia de la doctrina.

Es difícil ver la relación que puede haber entre un monocordio y el sistema planetario; pero el entusiasmo, como el amor, tiene la virtud de disminuir la inteligencia y de convertir los deseos en realidades objetivas: hay que creer para ver. Los pitagóricos decretaron que el universo respondía a un esquema musical y que los planetas giraban a distancias adecuadas de un centro común para que sus rotaciones produjesen una armonía celestial regida por los números pequeños. Esa música celeste tenía un pequeño inconveniente: no se oía.

El descubrimiento del monocordio inició la orgía númerológica: los números enteros y pequeños eran mágicos y sagrados, regían el Cosmos como a un gran instrumento musical. El 1 era el número místico por excelencia, puesto que era el origen de todos los demás, el que por desdoblamiento engendra la multiplicidad del mundo; el 2 es el signo de ese desdoblamiento o de esa oposición, como en la tesis y en la antítesis de Hegel; el 3, suma del origen y de la duplicidad, tiene que ser, necesariamente, un número sagrado; el 4 es el cuadrado de 2; la suma del 3 y del 4 da el 7, prestigioso en muchas religiones y clubes internacionales. La combinación ansiosa de estas cifras da origen a tantos resultados que casi no queda ningún número pequeño —y grande— que no pueda aspirar a la magia. San Agustín hace, por ejemplo, la siguiente combinación: el 1 (Dios) sumado al 3 (Trinidad) da 4; la suma de las cuatro primeras cifras da 10; el 4 multiplicado por 10 da 40, razón por la cual esta cantidad debe ser considerada como sagrada para los ayunos; en opinión del santo, el desconocimiento de esta clase de manejos dificulta enormemente el entendimiento de las Escrituras.

El nombre de Pitágoras fue propagado con esta clase de interpretaciones. En el Critias nos enteramos de que en la Atlántida había diez príncipes, diez provincias y diez toros sagrados. El 5, mitad del 10, suma del primer número masculino y del primer número femenino, es la cifra de Afrodita y sus cualidades están a la vista: había 5 planetas, los acordes derivan de quintas, la mano tenía 5 dedos; como consecuencia, el pentágono, la estrella de cinco puntas y el pentagrama eran sagrados.

El pitagorismo y la cábala judía se propagaron al cristianismo primitivo y a la masonería. La edificación quedó vinculada a problemas sobre la estructura del Universo y, así como los templos se construían de acuerdo con ciertos números regulares, el Cosmos debía de obedecer a alguna cifra secreta impuesta o respetada por el Gran Arquitecto; encontrar esa cifra equivalía a encontrar la clave del misterio y durante siglos infinidad de hombres se empeñaron en esa pesquisa. El doctor Evelino Leonardi, por ejemplo, en su obra La unidad de la Naturaleza, manifiesta haber encontrado por fin la clave, el número 744; de acuerdo con el astrónomo Gabriel, cada 744 años el Sol, la Tierra y la Luna se vuelven a encontrar en la misma posición recíproca; pero 744 equivale a 67 períodos de manchas solares undecenales; con la ayuda del 11 y del 744, el doctor Leonardi encuentra interesantes vínculos entre las formaciones geológicas, el desarrollo del feto humano, el número de electrones atómicos y la multiplicación del ganado vacuno (op. cit., capítulo IV).

El pitagorismo, en tanto que arte de cubilete y magia combinatoria, nada tiene que hacer con el pensamiento moderno. La grandeza del pitagorismo reside en algo menos popular pero que permite colocarlo como iniciador de la matemática moderna: el descubrimiento de que el número pertenece a un universo que no es el universo físico en que vivimos.

Tres pirámides y tres panteras no tienen casi nada de común: aquéllas son inertes, geométricas, no se reproducen, no tienen garras, no son cuadrúpedos ni carnívoros. Y sin embargo, entre ambos grupos hay un núcleo idéntico que queda cuando todos los caracteres físicos han sido descartados: la trinidad de los dos grupos.

Los niños no saben razonar con números puros: necesitan sumar manzanas o libros; mucho más tarde, inconscientemente, prescinden de los objetos físicos y calculan con números puros, abstraídos de la realidad física por un largo proceso mental. Es muy probable que en los pueblos primitivos haya pasado algo semejante y es Pitágoras a quien el mundo occidental debe el primer atisbo de este notable hecho: aunque participan en este mundo, los números y las formas geométricas son entes abstractos que pertenecen a una realidad más pura y esencial.

Sin embargo, que para llegar hasta el ente matemático se necesite un proceso mental no significa que sea inventado por la mente: el hombre no inventa el carácter común a un grupo de pirámides y uno de panteras; descubre algo preexistente. El tres y el triángulo existieron antes de aparecer los hombres y subsistirán, por toda la eternidad, después que estos seres hayan desaparecido del Universo.

Cheops, construida con dura piedra y con el sacrificio de miles de esclavos, es implacablemente derruida por la arena y el viento del desierto; la pirámide matemática que forma su alma, invisible, ingrávida, impalpable, resiste el embate del tiempo; más, todavía, está fuera del tiempo, no tiene origen, no tiene fin.

Este mundo de los entes matemáticos es un mundo rígido, eterno, invulnerable, un helado Museo de formas petrificadas que nuestro universo físico, en un proceso sin fin y sin eficacia, intenta copiar.

Mucho tiempo después de la muerte de Pitágoras, Platón intentó, con el mito de Pedro, explicar el misterioso acceso del hombre mortal e imperfecto a ese museo de las formas eternas: el espíritu y el apetito son dos caballos alados que arrastran el carro conducido por el alma; todavía no se ha corporizado, todavía tiene algo de los dioses y marcha con ellos hacia el lugar donde residen las formas puras. Cuando alcanzaba a entrever el resplandor divino de las formas, el alma pierde el gobierno de sus caballos y cae a tierra, donde se encarna y olvida el maravilloso mundo que entrevió. Ahora estará condenado a ver las groseras encarnaciones de las formas puras que constituyen este universo cotidiano, fluyente y contradictorio. Su inteligencia es quizá un resto de su confraternidad con los dioses; las ciencias exactas del peso, del cálculo y de la medida, le advierten en un arduo proceso que este mundo fluyente es quizá una ilusión y que por detrás del árbol que tímidamente crece y muere, de los hombres que luchan y de las civilizaciones que aparecen y desaparecen, hay un mundo rígido donde imperan el Número y las Formas Eternas.

Bajo el cielo de Calabria, ayudado por la Música, la Aritmética y la Geometría, fue el poderoso cerebro de Pitágoras el primero que tuvo la intuición de este topos uranos.


En Uno y el Universo
Foto: Daniel Mordzinski