1 nov. 2010

Leonardo Da Vinci - Bestiario





El león

392. Este animal, con su tonante rugido despierta a sus cachorros el tercer día después de su nacimiento, para enseñarles todo lo que ignoran sus adormecidos sentidos; y las bestias que viven en la selva, huyen.
Se puede comparar a los hijos de la virtud con los cachorros del león que, gracias al grito de la gloria, se despiertan y se elevan, cada vez más, en los honrados estudios, en tanto que todos los viles, al escuchar ese grito, huyen y se apartan de los virtuosos.
El león cubre sus huellas para que sus enemigos no puedan descubrir sus andanzas. Conviene a los capitanes guardar bien los secretos de su alma, a fin de que el adversario no conozca sus estratagemas. (H. 18, r.).


Felinos

393. Leones, leopardos, panteras y tigres llevan las uñas en su vaina y no las sacan sino para agarrar sus presas o para atacar a sus enemigos.
Cuando la leona defiende a sus hijitos contra el ataque de los cazadores, para no espantarse a la vista de los dardos y de las lanzas, baja sus miradas a tierra, y de ese modo ataca. Entonces sus cachorros pueden huir y salvarse. (H. 23, r.).


Oso

394. Se dice que el oso cuando se acerca al panal para apoderarse de la miel es atacado por las abejas que abandonan su miel para correr a la venganza; y todo el enjambre vuela sobre él y lo pica y se venga consiguiendo que todo lo que ha comido se le convierta en furia, hasta que se arroja al suelo y agitando sus cuatro miembros no llega a poder defenderse. (H. 6, r.).


Pantera

395. La pantera tiene la forma de una leona, pero más alta sobre sus patas, más fina y más larga, es blanca y salpicada de manchas negras de forma redonda; todos los animales gozan al verla y se acercarían siempre, si no fuera por lo terrible de su mirada. Pero ella lo sabe y baja los ojos a fin de que los animales se confíen y se acerquen para gozar de su belleza, pero de pronto salta sobre el más próximo y lo devora. (H. 23, r.).


Tigre

396. El tigre nace en Icarnia, se parece a las panteras por las variadas manchas de su piel y es de
una asombrosa velocidad.
El cazador, cuando se encuentra con sus cachorros, los toma y los substituye por espejos que coloca en el mismo lugar, alejándose a todo el galope de su caballo. Viene el tigre, y encontrando los espejos colocados en el suelo, al mirarse en ellos, cree ver a sus hijitos.
Finalmente, arañando con sus patas, acaba por descubrir el engaño y comienza a seguir por el olor el rastro del cazador. Este, descubriendo la proximidad del tigre, abandona uno de los cachorros. Entonces la fiera lo recoge y se lo lleva a su guarida; vuelve hasta el cazador, el que torna a hacer lo mismo, y así sucesivamente hasta que sube a su barca. (H. 24).


Elefante

397. La naturaleza le ha dado al elefante muchas cualidades que los hombres muy raramente poseen, a saber: probidad, prudencia, equidad y observancia en religión.
Cuando la luna nueva, los elefantes se dirigen al río y para purificarse se bañan solemnemente como si saludaran al planeta y luego regresan a la selva.
Cuando están enfermos se echan de espaldas y yacen sobre la hierba mirando el cielo, como si quisieran ofrecerse en sacrificio.
El elefante entierra sus defensas cuando ellas caen por vejez. Se sirve de uno de los colmillos, siempre el mismo, para cavar y escarbar en torno de las raíces de los árboles y para alimentarse; en tanto que al otro lo conserva puntiagudo para poder combatir. Cuando es tomado por los cazadores y el cansancio lo derriba, entonces rompe sus defensas, y, como si cumpliera un tratado, se rescata a sí mismo cuando le vuelven a crecer.
Son clementes y conocen el peligro. Si hallan a un hombre solo y perdido en la selva, lo conducen hasta el camino. Si descubren las huellas del paso del hombre, sospechan una traición y se detienen y soplan por la tropa, hasta obligar a los demás a formarse en grupo y así se van, prudentemente. (H. 19).
398. Marchan siempre por grupos y el más anciano va adelante. Y el que por su edad vendría a ser el segundo, permanece atrás de todos y cierra el grupo.
Son púdicos, y no se acoplan más que de noche y ocultándose. No regresan al rebaño, después de sus amores, hasta haberse bañado en el río. Nunca combaten para disputarse la hembra como lo hacen los otros animales.
Son tan clementes que nunca hacen voluntariamente ningún mal, a pesar de su fuerza. Si encuentran un rebaño de corderos, con su trompa, que les sirve de mano, los apartan a los costados para no pisarlos. Por lo demás, los elefantes no hacen daño jamás si no son provocados.
Cuando algún elefante cae en la fosa preparada por el cazador, los otros llevan ramas, tierra y piedras y la llenan formando una pirámide, a fin de que con facilidad pueda salir.
Temen el gruñido del puerco y cuando lo sienten huyen reculando sin dejar de herir con sus patas a sus enemigos. Como gustan de los ríos, permanecen siempre en sus proximidades vagabundeando, aunque a causa de la forma de sus patas no puedan nadar. Tragan piedras y roen los troncos de los árboles de los que son muy golosos.
Odian a los ratones. Las moscas se deleitan con su olor y se posan sobre su lomo y se incrustan en su piel, pero ésta las aplasta con sus pliegues.
Cuando cruzan los ríos, los elefantes envían a sus cachorros según el calor del agua, y permaneciendo parados en el lecho rompen la corriente del agua de modo que ella no arrastre con su fuerza a los cachorros. (H. 19, 20, r. y v.).


Unicornio

399. El unicornio, debido a su intemperancia, no sabe resistir al placer que le causan las muchachas, perdiendo toda su ferocidad y su selvática condición. Dejando toda precaución, va hacia la muchacha y se acuesta en su regazo y de esta manera los cazadores se apoderan de él. (H.10, r.).


Cordero

400. El cordero expresa el más alto ejemplo de humildad, se somete a todos los demás animales, y cuando se lo entrega como alimento a los leones enjaulados, se somete a ellos como lo haría con su propia madre, de manera que a menudo se han visto leones que se resistían a matarlo. (H. 11, r.).


Asno

401. El asno salvaje, cuando va al arroyo a beber y encuentra turbia el agua, por mucha que sea su sed, se abstiene de beber y espera a que el agua se torne clara. (H. 11, r.).


Sirena

402. La sirena canta con tanta dulzura que duerme a los marinos y luego sube a los navíos y los mata durante su sueño. (H. 8, r.).


Lobo

403. Cuando el lobo se desliza hasta el establo de los animales domésticos y por casualidad asienta mal sus patas y da un paso en falso, lanza un grito y se muerde la pata para castigarse con su error. (H. 7, r.).


Toro
404. El toro detesta el color rojo. Los cazadores cubren con paños rojos el tronco de un árbol y el toro corre hacia él y con gran furia lo ataca con sus cuernos. Entonces los cazadores lo matan. (H. 8, r.).


Camello

405. El camello es el más rijoso de todos los animales. Es capaz de recorrer un millar de millas para reunirse con la hembra; y sin embargo puede vivir con su madre y su hermana sin tocarlas jamás, tan grande es su temperancia. (H. 10, r.).


Topo

406. El topo tiene los ojos muy pequeños y habita bajo tierra y durante toda su vida permanece oculto. Si saliera de repente a luz, moriría, lo mismo que todas las cosas mentirosas. (H. 9, r.).


Delfín

407. La naturaleza ha dado a los animales además del sentido de su propia comodidad, el sentido de la incomodidad de sus enemigos. El delfín, cuando saca las púas de sus aletas, nada de espaldas y cuando puede aproximarse al vientre del cocodrilo, entonces, durante la lucha, se coloca debajo de él, le abre el vientre y de este modo lo mata.
El cocodrilo es terrible con el que huye, y muy cobarde con el que lo ataca. (H. 26, r.).


Hipopótamo

408. Cuando el hipopótamo se siente enfermo, busca una espina o en su defecto un pedazo de caña y frota tanto una de sus venas contra él que al fin la abre.
Habiendo salido la sangre que le sobraba, cierra y tapa con barro su herida. (H. 26, r.).


Reno

409. El reno nace en las islas de Escandinavia, tiene la forma de un caballo grande, salvo que su cuello y sus orejas son mayores. Pace la hierba sin inclinarse, sus labios son tan largos que la alcanza con facilidad.
Tiene las patas de una sola pieza y cuando quiere dormir se apoya contra un árbol. Los cazadores, que conocen el lugar en que duerme, serruchan todos los árboles, y de este modo cuando se arrima a alguno de ellos para apoyarse y dormir, se cae. Los cazadores se apoderan entonces de él. Y éste es el único medio de cazarlo, porque el reno es de una increíble velocidad en la carrera. (H. 21, r.).


Bisonte

410. El bisonte nace en Peonia. Se parece al toro, salvo en los cuernos que se proyectan hacia atrás y que por esta razón no puede clavar en su enemigo. Su única salvación está en la huida, durante la cual arroja excrementos cada cuatrocientas brazas, y si se tocan estos excrementos se comprueban que queman corno el fuego. (H. 21, r.).


Jabalí

411. El jabalí se cura de sus enfermedades comiendo hiedra. (H. 22, r.).


Castor

412. Se dice que el castor cuando se ve perseguido, sabiendo que se lo persigue por la virtud medicinal de sus testículos, viendo que no puede escapar, se detiene, y por hacer la paz con los cazadores, con sus afilados dientes se corta los testículos y se los deja a sus enemigos. (H. 6, r.).


Tórtola

413. La tórtola es tan casta que jamás engaña a su compañero; y si uno de los dos muere, el otro observa una perpetua castidad y no se posa nunca sobre una rama verde, ni bebe jamás en una fuente clara. (H. 12, r.).


Basilisco

414. Nace el basilisco en la provincia de Arenaica, no anide más de doce dedos. Tiene sobre su cabeza una mancha blanca parecida a una diadema. Se cuenta de un basilisco, muerto por el lanzazo de un caballero, que habiendo corrido su veneno por la lanza, no solamente el caballero, sino también el caballo murió. Echa a perder los trigos y los sembrados, pero no solamente a los que toca: en todo lo que alcance su aliento seca las hierbas y parte las piedras. (H. 24).


Boa

415. Esta serpiente, animal de gran tamaño, cuando descubre un pájaro en el aire le arroja un aliento tan nauseabundo, que el pájaro le cae en la boca.
Marcus Régulus, cónsul del ejército romano, fue atacado junto con su ejército por un animal semejante y casi se perdió con todos sus hombres. La mataron con una máquina mural. Tenía 125 pies, es decir sesenta y cuatro brazas y media, y sobrepasaba con su cabeza todos los árboles del bosque. (H. 21, r.).
416. Este gran animal se enrosca en las patas de las vacas y les succiona las mamas hasta secarlas. En los tiempos de Claudio, emperador, murió un animal de esta especie sobre el monte Vaticano. Tenía en el cuerpo un niño entero, que había tragado poco antes. (H. 21).


Dragón

417. Este se prende de las patas del elefante, caen los dos y juntos mueren. El dragón se venga al expirar. (H. 14, v.).
418. El dragón se arroja sobre el elefante, con su cola le anuda las patas y con sus alas y sus patas le rodea el cuerpo, y con sus dientes lo degüella. El elefante cae sobre el lomo, aplasta al dragón, y así, al morir, se venga de su enemigo. (H. 24).
419. Los dragones marchan juntos y se complementan lo mismo que las hidras. Con la cabeza afuera atraviesan los pantanos y nadan hacia donde puedan encontrar mejor alimento, y aunque se trate de varios dragones juntos, todos ellos no parecen más que un solo animal. (H. 20, r.).


Tarántula

420. La tarántula mantiene al hombre en el estado de espíritu en que se encontraba cuando fue picado. (H. 18, r.).


Cigarra

421. El canto de la cigarra hace callar al búho. Muere en el aceite y resucita en el vinagre. Canta en la época de los grandes calores. (H. 14, r.).


Camaleón

422. El camaleón vive de aire y es amigo de todos los pájaros; para sentirse más seguro vuela por encima de las nubes hasta una zona de aire tan sutil que los pájaros que lo han seguido no se
pueden sostener en ella.
A tales alturas sólo llegan aquellos a quienes el cielo se lo ha permitido, como lo hace el camaleón.
El camaleón toma siempre el color de la cosa sobre la cual se posa. A veces se confunde con el follaje y entonces lo devoran los elefantes. (H. 27, r.).


Aguila

423. Cuando el águila es vieja, vuela tan alto que se le queman las plumas, y entonces la naturaleza consiente que ella reconquiste su juventud cayendo en aguas poco profundas.
Si sus crías no pueden sostener la vista del sol, no les da de comer. Ningún pájaro que ame la vida se atreve a acercarse a su nido; todos los animales la temen pero ella no les hace daño, por el contrario, siempre les deja algunos restos de sus presas. (H. 12, r.).


Palomas

424. Las palomas son inclinadas a la ingratitud. Desde que se hallan en estado de alimentarse por sí mismas, combaten con su padre y este combate no termina hasta que lo han matado; y en cuanto a la madre, los machos la convierten en su esposa. (H. 6, v.).


Avestruz

425. El avestruz se alimenta de hierro, y empolla sus huevos con la mirada. Para los soldados estos huevos son un alimento digno de capitanes. (H. 13, r.).


Pelícano

426. Tiene un profundo amor por sus crías y si las halla muertas en el nido de la serpiente, se hiere a sí mismo hasta el corazón y termina su vida bañado en su propia sangre. (H. 12, r.).


Perdiz

427. La perdiz se transforma de hembra en macho desmintiendo su primer sexo; roba por envidia los huevos de las otras perdices, pero luego, las crías, van hacia su verdadera madre. (H. 14, r.).


Golondrina

428. La golondrina, mediante la piedra celedonia, devuelve la vista a sus crías que han nacido ciegas. (H. 48, r.).


Grulla

429. Las grullas, temiendo que su rey pueda perecer por falta de vigilancia, se mantienen cerca de
él por la noche con una piedra en la pata.
Amor, temor y reverencia: he aquí lo que está escrito sobre el guijarro de las grullas. (H. 26).


Gallo

430. El gallo no canta nunca antes de haber batido tres veces sus alas; el loro no cambia de rama y no pone nunca la pata allí donde no haya puesto antes el pico. (H. 98, r.).


Halcón

431. El halcón no ataca más que a los pájaros de gran tamaño, y prefiere morir antes que comer carne que no esté en buen estado. (H. 17, v.).


Cocodrilo

432. Este hijo del Nilo tiene cuatro patas. Es peligroso en el agua tanto como en la tierra, es el único animal que no tiene lengua y que muerde moviendo la mandíbula superior. Alcanza hasta cuarenta pies, tiene garras y está protegido por un cuero tan grueso que lo torna invulnerable, vive sobre la tierra pero pasa las noches dentro del agua. Se alimenta de peces. Cuando duerme en las orillas del Nilo, abre la boca y un pequeño pájaro llamado troncilo, penetra en su boca y picotea los restos de alimento que quedaron entre sus dientes. A veces el pajarito se lanza en las fauces del cocodrilo, perfora su estómago y su vientre y finalmente mata así a su adversario. (H.25 y 17, r.).


Aspid

433. No hay remedio contra su mordedura si no se corta la parte mordida. Este pestífero animal tiene tal afección por su compañera que la acompaña siempre, y si por desgracia uno de ellos muere, el otro, con increíble velocidad, sigue al asesino. Es tan implacable y tenaz para la venganza que vence todas las dificultades. Trata de alcanzar a su enemigo y para ello recorre las más inverosímiles distancias; es imposible cansarlo.
Tiene los ojos muy sumidos en la cabeza, grandes orejas, y se guía más por el oído que por la
vista. (H. 24, r.).


José de España, Breviario de Leonardo de Vinci, Cap. XIII
Preparado por Patricio Barros