21 oct. 2010

León Bloy - La espera






Sea así, pues. Aguardaré el supremo Dolor, el sublime Dolor, la Consolación sin fin. ¡Pero cuánta fuerza requiere la espera! Habré de aguantarlo todo, sobrellevar gozos y dolores bastardos. La Mediocridad plantará sobre mi corazón su pata de elefante y no me quedará siquiera el recurso vulgar de esperar la muerte.

Pues no admite duda que estoy hecho para esperar sin fin y para consumirme esperando. Después de medio siglo pasado, no estoy capacitado para nada más.

¿Qué son la parrilla y el cilicio en comparación, por ejemplo, con la ignominia conminatoria de un recibo de alquiler, o de una factura; con la pestilencia de una charla mundana; con la contagiosa podredumbre de una alma burguesa; con los efluvios letales de los ineludibles apretones de manos?

¿Qué atrocidades, por diabólicas que sean, de verdugos chinos o persas pueden equipararse con la muerte lenta inferida por la necedad victoriosa o por el repugnante triunfo, infalible siempre, de los inferiores?

¿Cómo aguantar, en fin, el horror completo de la sentimentalidad religiosa que ha sustituido por doquier a la Caridad en las prácticas más virtuosas de la palabra y la literatura?

¿Suponiendo incluso un medio estrictamente admisible de pensamientos, de sentimientos o de actos a la altura de los tiempos, cómo puede ofrecérsele a las almas infinitas que no dicen nunca: "!Es bastante!" y que se tienen por hijos de Dios?

Esperemos sin embargo, transijamos con cualquier cosa, si así lo manda el Paráclito, representará una excelente preparación con miras a la futura ebriedad de las espléndidas Tribulaciones

De En tinieblas
Traducción: Luis Cayo Pérez Bueno