11 oct. 2010

Antonio Gamoneda - De Exentos III






La serpiente que silba en el rocío
entra en el corazón de las infantas
y la sombra es ovípara.


                                      Me mira
el animal que calla.


Después, la mano del pastor extiende
vértigo y luz. De las bóvedas verdes
caen hojas aciagas
al fondo de la púrpura.


                                     Me mira
el animal que calla.




Las serpientes se desnudan en la luz y las madres
silban en el oído de los agonizantes. Es
la lógica mortal.
¿Para qué soportar la pureza de las preguntas? Va siendo
preferible
que empiece la inexistencia y
que las serpientes dejen de llorar.