John Donne - Elegía IX, La otroñal

28 de agosto de 2010 ·









Ni la belleza de Verano, ni la Primavera, tienen la gracia
Que yo he visto en un rostro otoñal.
Las jóvenes bellezas nos fuerzan al amor, y eso es un rapto;
Esta sólo insinúa; sin embargo, no puedes eludirlo.
Si amar fuera vergüenza, no había aquí vergüenza,
El afecto se torna reverencia.
Sus años primeros fueron su edad dorada; es verdad,
Pero ahora es ella oro probado y siempre nuevo.
Aquél fue su momento tórrido e inflamado,
Este su tolerable clima tropical.
Bellos ojos, quien pide más calor que el que brota de ellos,
La peste ansía en su delirio.
No llames tumbas a esas arrugas; si fueran tumbas,
Serían tumbas del amor; pues él no está en otra parte,
Sin embargo; el amor no yace muerto allí, allí se sienta
Fiel a esos surcos, como un Anacoreta.
Yallí hasta que llegan sus comunes muertes,
Él no cava una tumba, mas erige un sepulcro.
Aquí habita él, viajero de muchos climas
Siempre en marcha, pero su casa es ésta.
Aquí, donde es atardecer, no mediodía ni noche,
Donde la voluptuosidad no existe, donde todo es deleite.
En todas sus palabras, aptas para quienes las oyen,
Podréis hallar Humor o bien hallar Consejo.
Es el árbol del amor; la juventud su maleza
Allí él, igual que el vino en junio, enardece la sangre
Que más en sazón llega, cuando nuestro gusto
Y apetito han ido hacia otras cosas.
El extraño amor Lidio de Jerjes, el plátano,
Por su vejez  fue amado, nada fue tan grande como él;
O quizá,  porque en su juventud la naturaleza lo bendijo
Con la gloria de la vejez: la Esterilidad.
Si amamos cosas largamente buscadas, la vejez es algo
Que en cincuenta años logramos;
Si lo que es transitorio prestamente decae,
La Edad será más bella en su último día.
Mas no nombréis los rostros del invierno, cuyas pieles son
laxas;
Vacíos, como una bolsa exhausta; meros sacos del alma;
Cuyos ojos procuran la luz dentro, porque allí todo es sombra;
Cuyas bocas son cuevas por el tiempo horadadas;
Cuyos dientes ya se diseminaron
Para desgracia de esas almas en la Resurrección.
No me nombréis esas vivientes calaveras,
Porque ellas no son ancianas, sino antiguas.
Odio los extremos; sin embargo, antes
Pasaría un día con Tumbas que con Cunas.
Ya que tal es el natural movimiento del amor, pueda
Mi amor aún descender y viajar cuesta abajo,
Sin anhelar las bellezas que crecen; así
Declinaré, junto a quienes retornan.


Traducción: Enrique Caracciolo Trejo




No spring, nor summer beauty hath such grace
As I have seen in one autumnal face ;
Young beauties force our love, and that's a rape ;
This doth but counsel, yet you cannot scape.
If 'twere a shame to love, here 'twere no shame ;
Affections here take reverence's name.
Were her first years the Golden Age ? that's true,
But now they're gold oft tried, and ever new.
That was her torrid and inflaming time ;
This is her tolerable tropic clime.
Fair eyes ; who asks more heat than comes from hence,
He in a fever wishes pestilence.
Call not these wrinkles, graves ; if graves they were,
They were Love's graves, for else he is nowhere.
Yet lies not Love dead here, but here doth sit,
Vow'd to this trench, like an anachorite,
And here, till hers, which must be his death, come,
He doth not dig a grave, but build a tomb.
Here dwells he ; though he sojourn everywhere,
In progress, yet his standing house is here ;
Here, where still evening is, not noon, nor night ;
Where no voluptuousness, yet all delight.
In all her words, unto all hearers fit,
You may at revels, you at council, sit.
This is love's timber ; youth his underwood ;
There he, as wine in June, enrages blood ;
Which then comes seasonablest, when our taste
And appetite to other things is past.
Xerxes' strange Lydian love, the platane tree,
Was loved for age, none being so large as she ;
Or else because, being young, nature did bless
Her youth with age's glory, barrenness.
If we love things long sought, age is a thing
Which we are fifty years in compassing ;
If transitory things, which soon decay,
Age must be loveliest at the latest day.
But name not winter faces, whose skin's slack,
Lank as an unthrift's purse, but a soul's sack ;
Whose eyes seek light within, for all here's shade ;
Whose mouths are holes, rather worn out, than made ;
Whose every tooth to a several place is gone,
To vex their souls at resurrection ;
Name not these living death-heads unto me,
For these, not ancient, but antique be.
I hate extremes ; yet I had rather stay
With tombs than cradles, to wear out a day.
Since such love's motion natural is, may still
My love descend, and journey down the hill,
Not panting after growing beauties ; so
I shall ebb out with them who homeward go.

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