Étienne Bonnot de Condillac - Del origen de la poesía

13 de agosto de 2010 ·






§66. Si en el origen de las lenguas la prosodia se acercó al canto, el estilo, a fin de copiar las imágenes sensibles del lenguaje de acción, adoptó toda clase de figuras y metáforas, y fue una verdadera pintura. Por ejemplo, en el lenguaje de acción, para dar a cualquiera la idea de un hombre aterrado, no había otro medio que el de imitar los gritos y movimientos del terror. Cuando se quiso comunicar esta idea por medio de sonidos articulados, se sirvieron, por consiguiente, de todas las expresiones que la presentaban con igual pormenor. Una sola palabra habría sido demasiado débil para suceder inmediatamente al lenguaje de acción. Este lenguaje era tan a propósito para lo ordinario de los espíritus que los sonidos articulados no podían sustituirlo sino acumulando las expresiones unas sobre otras. La escasez de palabras de las lenguas no permitía ni siquiera hablar de formas distintas. Como ellas suministraban raras veces la palabra apropiada, solamente se conseguía adivinar un pensamiento a fuerza de repetir las ideas que más se le asemejaban. He aquí el origen del pleonasmo, defecto que sobre todo debe hacerse notar en las lenguas antiguas. Efectivamente: los ejemplos son abundantísimos entre los hebreos. Sólo mucho más tarde fue costumbre ligar a una sola palabra las ideas que antes se expresaban únicamente por movimientos muy compuestos, y sólo se evitaron las expresiones difusas cuando, al hacerse más ricas las lenguas, suministraban términos propios y familiares para todas las ideas que eran necesarias. La precisión de estilo se conoció mucho antes en los pueblos del Norte. A causa de su temperamento frío y flemático, abandonaron con más facilidad todo lo que se resentía del lenguaje de acción. En otras partes se conservaron por largo tiempo las influencias de este modo de comunicarse sus pensamientos. Hoy mismo, en las comarcas meridionales de Asia, se considera el pleonasmo como una elegancia del discurso.

§67. En su origen, el estilo fue poético, pues comenzó juntando ideas por medio de las imágenes más perceptibles, y entonces era, además, extremadamente mesurado. Pero, cuando llegaron a ser más ricas las lenguas, el lenguaje de acción fue poco a poco aboliéndose; la voz se varió menos; el gusto por las figuras y metáforas disminuyó insensiblemente, por las razones que daré, y el estilo se aproximó a nuestra prosa. No obstante, los actores adoptaron el lenguaje antiguo como más vivo y apropiado para grabarse en la memoria, único medio de conseguir entonces que sus obras pasaran a la posteridad. Se dieron diferentes formas a este lenguaje, se inventaron reglas para aumentar la armonía, y se hizo de ellas un arte particular. La necesidad de utilizarlas hizo creer, durante largo tiempo, que se debía componer en verso solamente. Mientras los hombres carecieron de caracteres para escribir sus pensamientos, esta opinión se fundaba en que los versos se aprenden y se retienen con mayor facilidad. El prejuicio hizo, no obstante, que se conservara después de que esta razón dejó de tener fuerza. En fin, un filósofo, no pudiendo plegarse a las reglas de la poesía, se arriesgó el primero en escribir en prosa(1).

§68. La rima, a diferencia de la medida, las figuras y las metáforas, no debió su origen al nacimiento de las lenguas. Los pueblos del Norte, fríos y flemáticos, no pudieron conservar una prosodia tan mesurada como la de los restantes, cuando la necesidad que la había introducido ya no fue igual. Para suplir esta falta se vieron obligados a inventar la rima.

§69. No es difícil imaginar por qué progresos llegó a ser la poesía un arte. Los hombres, habiendo conservado las caídas uniformes y regulares que el azar aportaba a los discursos, los movimientos diferentes producidos por la desigualdad de las sílabas y la impresión agradable de ciertas inflexiones de la voz, construyeron modelos para el número y la armonía, de los que sacaron poco a poco todas las reglas de la versificación. La música y la poesía nacieron, por tanto, conjuntamente.

§70. Estos dos artes se asociaron al del gesto, más antiguo, al que se denominaba danza. De esto podemos conjeturar que en todos los tiempos y en todos los pueblos habrá podido observarse alguna especie de danza, de música y de poesía. Los romanos nos enseñan que los galos y los germanos tenían sus músicos y sus poetas; se ha observado, en nuestros días, lo mismo con relación a los negros, los caribes y los iraqueses. Así es como se encuentra entre los bárbaros el germen de las artes que se han formado en las naciones cultas, y que, destinadas ahora a alimentar el lujo en nuestras ciudades, parecen tan alejadas de su origen que cuesta mucho trabajo reconocerlo.

§71. La estrecha relación de estas artes en su nacimiento es la razón verdadera que hizo a los antiguos confundirlas bajo un nombre genérico. 

Entre éstos, la palabra música comprende, no sólo el arte que designa en nuestra lengua, sino también el del gesto, la danza, la poesía y la declamación. Así pues, a este conjunto de artes es preciso referir la mayor parte de los efectos de su música y desde entonces estos no son ya tan sorprendentes(2).

§72. Se ve claramente cuál era el objeto de las primeras poesías. Al establecerse las sociedades los hombres no se podían ocupar aún de las cosas de puro recreo, y las necesidades que los obligaban a reunirse limitaban sus miras a lo que les podía ser útil o necesario. La poesía y la música no fueron, pues, cultivadas más que para el conocimiento de la religión, las leyes, y conservar la memoria de los grandes hombres y los servicios que habían prestado a la sociedad. Nada era más a propósito para ello, o más bien era el único medio de que disponían; pues la escritura era aún desconocida. Por tanto, todos los monumentos de la antigüedad prueban que estas artes, al nacer, estuvieron destinadas a la instrucción de los pueblos. Los galos y los germanos las utilizaban para conservar su historia y sus leyes, y entre los egipcios y los hebreos eran, en cierto modo, una parte de la religión. He aquí por qué los antiguos querían que la educación tuviese, como objeto principal, el estudio de la música: uso esta palabra con todo el significado que ellos le daban. Los romanos juzgaban que la música era necesaria para todas las edades porque veían que enseñaba lo que deben aprender los niños y lo que los mayores deben saber. En cuanto a los griegos, les parecía tan vergonzosa su ignorancia que un músico y un sabio eran para ellos lo mismo, y un ignorante recibía en su lengua el nombre para quien no hacía música. Este pueblo no se persuadía de que este arte fuera una invención humana y creía haber recibido de los dioses los instrumentos que más le asombraban. Teniendo más imaginación que nosotros, era más sensible a la armonía; además, su veneración a las leyes, la religión y los grandes hombres, que celebraba con sus cantos, pasó a la música, que conservaba la tradición de estas cosas.

§73. Habiendo llegado a ser la prosodia y el estilo más simples, la prosa se alejó cada vez más de la poesía. Por otra parte, el espíritu progresó, la poesía apareció con imágenes más nuevas; por este medio se alejó también del lenguaje corriente, estuvo menos al alcance del pueblo y se hizo menos apropiada para la instrucción. 

Además, los hechos, las leyes y todas las cosas de las que era preciso que tuvieran conocimiento los hombres se multiplicaron tanto que la memoria era demasiado débil para un peso semejante: las sociedades se agrandaron hasta el punto de que la promulgación de las leyes no podía llegar más que difícilmente al conocimiento de todos los ciudadanos. Así que se hizo forzoso, para instruir al pueblo, recurrir a una nueva vía. Entonces se imaginó la escritura; expondré más abajo sus progresos.

Cuando este arte nació, la poesía y la música comenzaron a cambiar de objeto: se repartieron entre lo útil y lo agradable y, finalmente, se limitaron casi a las cosas de mero deleite. Cuanto menos necesarias llegaron a ser, con más ahínco buscaron las ocasiones de agradar más, y entre ambas hicieron grandes progresos.

La Música y la Poesía, hasta aquí inseparables, comenzaron, después de perfeccionarse, a dividirse en dos artes diferentes. Pero la gente se alborotó contra los primeros que se arriesgaron a separarlas. Los efectos que podía producir, por separado, no eran todavía bastante perceptibles; no se preveía lo que iba a pasarles y, además, este uso nuevo era demasiado opuesto a la costumbre.

Se apelaba, como habríamos hecho nosotros, a la antigüedad, que nunca las había empleado separadas, y se concluía que unos aires sin palabras, o unos versos para no ser cantados, era algo demasiado extravagante para que tuviera éxito alguna vez. Mas, cuando la experiencia probó lo contrario, los filósofos empezaron a temer que estos versos no enervasen las costumbres. Se opusieron a sus progresos y apelaron también a la antigüedad, que jamás los había utilizado para cosas de mero deleite. Así pues, no fue sin haber tenido bastantes obstáculos que superar como la Música y la Poesía fueron distinguidas en dos artes.

§74. Se inclinaría uno a creer que el prejuicio, causa del respeto a la antigüedad, comenzó en la segunda generación de los hombres. Cuanto más ignorantes somos, más necesidad tenemos de guías y más nos inclinamos a creer que nuestros antecesores han hecho bien todo lo que han hecho, y que a nosotros sólo nos resta imitarlos. Varios siglos de experiencia deberían habernos corregido ya de esta preocupación.

Aquello que la razón no puede hacer lo ocasionan el tiempo y las circunstancias, aunque para precipitarnos, con frecuencia, en prejuicios completamente contrarios. Esto es, precisamente, lo que puede observarse a propósito de la Poesía y la Música. Habiendo llegado a ser nuestra prosodia tan sencilla como lo es en la actualidad, estas dos artes se han separado tan completamente que el proyecto de reunirías en un teatro ha parecido ridículo a todo el mundo, y hasta lo sigue aún pareciendo —tan extravagante es la gente— a varios de los que aplauden cuando se ejecuta.

§75. El asunto de las primeras poesías nos indica cuál era su carácter. Es verosímil que ellas sólo cantaban a la Religión, las leyes y los héroes, para despertar en los ciudadanos sentimientos de amor, admiración y emulación. Eran esas poesías salmos, odas y canciones. Respecto a los poemas épicos y dramáticos, no se conocieron hasta más tarde. La invención se debe a los griegos, y su historia se ha hecho tan frecuentemente que no hay nadie que la ignore.

§76. Puede juzgarse el estilo de las primeras poesías por el genio de las primeras lenguas.

En primer lugar, el uso de sobreentender las palabras era frecuentísimo. El hebreo es la prueba; pero he aquí la razón.

La costumbre, introducida por la necesidad, de mezclar el lenguaje de acción y el de los sonidos articulados, subsistió todavía largo tiempo después de que esta necesidad cesó, sobre todo en los pueblos cuya imaginación era más viva, como ocurre con los orientales. Esto fue la causa de que el uso de una palabra nueva no afectase la comprensión. Por ello, se la omitió voluntariamente para expresar un pensamiento con mayor viveza, o para encerrarlo en la medida de un verso. Esta licencia se toleraba en la medida en que, habiendo sido hecha la poesía para ser cantada, y no pudiendo todavía escribirse, el tono y el gesto suplían la palabra que se había omitido. Pero, cuando por una continua costumbre llegó a convertirse su nombre en el signo más natural de una idea, ya no fue fácil sustituirla. Por esto, si se pasa de las lenguas antiguas a las modernas, se percibirá que el uso de sobreentender las palabras es cada vez menos aceptado. Nuestra lengua hasta lo rechaza tan violentamente que se diría que se burla algunas veces de nuestra penetración.

§77. En segundo lugar, la exactitud y la precisión no podían ser conocidas por los primeros poetas. Así, para llenar la medida del verso, insertaban en él, con frecuencia, palabras inútiles, o se repetía lo mismo de varias maneras: nueva razón de los pleonasmos frecuentes en las lenguas antiguas.

§78. Finalmente, la poesía abundaba en figuras y metáforas, pues se asegura que en las lenguas orientales la misma prosa tolera figuras que la poesía de los latinos sólo emplea raramente. Así pues, entre los poetas orientales es donde el entusiasmo producía los mayores desórdenes; entre ellos es donde las pasiones se mostraban con unos colores que nos parecen exagerados. No sé, sin embargo, si tendríamos derecho a censurarles.

Ellos no sentían las cosas como nosotros; por tanto, no debían de expresarlas del mismo modo. Para apreciar sus obras sería preciso tener el temperamento de las naciones para las que han escrito. Se habla mucho de la hermosa Naturaleza; no hay pueblo culto que no se jacte de imitarla; mas cada uno cree encontrar el modelo en su manera de sentir. No hay, pues, que asombrarse si cuesta tanto trabajo conocerla: cambia demasiado frecuentemente de rostro, o por lo menos, toma más de lo debido el aire de cada país. Ni siquiera sé si la manera como se habla de ella actualmente no se resiente algo del tono que toma hace algún tiempo en Francia.

§79. El estilo poético y el lenguaje corriente, al alejarse uno de otro, dejaron entre ambos un claro en el que nació la elocuencia, y del que ésta se aparta para asemejarse unas veces al tono de la poesía, otras al de la conversación. No se diferencia de ésta sino porque rechaza todas las expresiones que no son bastante nobles, y de aquélla, sólo porque no está muy sometida a una medida igual y porque, según los caracteres de las lenguas, no se le consienten ciertas figuras y ciertos giros que se toleran en la poesía. Por lo demás, estas dos artes se confunden algunas veces tan íntimamente que no es posible distinguirlas.


1 Ferécides, de la isla de Esciros, fue el primero del que se sabe que escribió en prosa.

2 Por ejemplo, se dice que la música de Terpandro apaciguó una sedición; pero esta música no era un simple canto, sino versos que declamaba este poeta.


Ensayo sobre el origen de los conocimientos humanos; segunda parte, cap. VIII
Traducción: Emeterio Mazorriaga
Editorial Tecnos

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Blog Widget by LinkWithin

Somos



Patricia Damiano
Isaías Garde

Prohibido irse de Buenos Aires
Macedonio Fernández

Compartir




Comunidad

Borges todo el año
Grupo abierto y participativo



Creación literaria

Corrección de Estilo

Contenido