Elizabeth Bishop - Un milagro para el desayuno

22 de agosto de 2010 ·









A las seis en punto ya esperábamos el café,
esperábamos el café y la migaja caritativa
que iban a servirnos desde cierto balcón
—como reyes antiguos, o como un milagro.
Todavía estaba oscuro: un pie del sol
se posó en una larga onda del río.


El primer ferry del día acababa de cruzar el río.
Con tanto frío, confiábamos en que el café
estuviera muy caliente —ya que el sol
no prometía ser tibio— y en que la migaja fuera
un pan para cada cual, con mantequilla, por milagro.
A las siete, un hombre salió del balcón.


Permaneció un minuto, solo, en el balcón
mirando hacia el río por encima de nuestras cabezas.
Un sirviente le alcanzó los elementos del milagro:
una simple taza de café y un panecillo
que él se puso a desmigajar —su cabeza
literalmente entre las nubes, junto al sol.


¿Estaba loco el hombre? ¿Qué cosas bajo el sol
intentaba hacer, allá arriba en su balcón?
Cada cual recibió una migaja, más bien dura,
que algunos arrojaron desdeñosos al río,
y en una taza una gota del café. Entre nosotros,
hubo quienes siguieron esperando el milagro.


Puedo contar lo que vi entonces. No fue un milagro.
Una hermosa mansión se alzaba al sol
y llegaba de sus puertas aroma a café caliente.
Al frente, un balcón barroco de yeso blanco,
guarnecido por pájaros de los que anidan junto al río
—lo vi pegando un ojo a la migaja—


y corredores y aposentos de mármol. Mi migaja
mi mansión, hecha milagro para mí,
a través de los siglos, por insectos y pájaros y el río
que trabajó la piedra. Cada día a la hora
del desayuno, me siento al sol en mi balcón,
encaramo en él los pies y bebo litros de café.


Lamimos la migaja y tragamos el café.
Al otro lado del río, atrapó al sol una ventana
como si el milagro se hubiera equivocado de balcón.


Traducción: Ulalume González de León





A Miracle for Breakfast


At six o'clock we were waiting for coffee, 
waiting for coffee and the charitable crumb 
that was going to be served from a certain balcony 
--like kings of old, or like a miracle. 
It was still dark. One foot of the sun 
steadied itself on a long ripple in the river. 


The first ferry of the day had just crossed the river. 
It was so cold we hoped that the coffee 
would be very hot, seeing that the sun 
was not going to warm us; and that the crumb 
would be a loaf each, buttered, by a miracle. 
At seven a man stepped out on the balcony. 


He stood for a minute alone on the balcony 
looking over our heads toward the river. 
A servant handed him the makings of a miracle, 
consisting of one lone cup of coffee 
and one roll, which he proceeded to crumb, 
his head, so to speak, in the clouds--along with the sun. 


Was the man crazy? What under the sun 
was he trying to do, up there on his balcony! 
Each man received one rather hard crumb, 
which some flicked scornfully into the river, 
and, in a cup, one drop of the coffee. 
Some of us stood around, waiting for the miracle. 


I can tell what I saw next; it was not a miracle. 
A beautiful villa stood in the sun 
and from its doors came the smell of hot coffee. 
In front, a baroque white plaster balcony 
added by birds, who nest along the river, 
--I saw it with one eye close to the crumb-- 


and galleries and marble chambers. My crumb 
my mansion, made for me by a miracle, 
through ages, by insects, birds, and the river 
working the stone. Every day, in the sun, 
at breakfast time I sit on my balcony 
with my feet up, and drink gallons of coffee. 


We licked up the crumb and swallowed the coffee. 
A window across the river caught the sun 
as if the miracle were working, on the wrong balcony.

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