3 de ago. de 2010

Denise Levertov - El día en que el público se me levantó y por qué

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(8 de mayo de 1970, Coucher College, Maryland)

Así fue que sucedió:
después de la lectura de las antífonas de los salmos
y de la danza de lamentación delante del altar,
y de los dos poemas, “La vida en la guerra” y “¿Cómo
eran ellos?”
comencé mi diatriba
y dije:

Sí, está bien que nos hayamos reunido
en esta capilla para recordar
a los estudiantes baleados en Kent State,

pero estemos bien ciertos que sabemos
nuestra reunión es una burla a menos que
recordemos también
a los estudiantes negros baleados en Orangeburg hace dos
años,
y a Fred Hampton asesinado en su cama
por la policía hace sólo unos meses.

Y mientras hablaba, la gente
—muchachas, señoras, unos pocos hombres—
comenzaron a levantarse y a dar
la espalda al altar y a salir.

Y yo continué y dije:
Sí, está bien que recordemos
a todos estos, pero estemos bien ciertos
que sabemos que es hipocresía
pensar en ellos a menos
que hagamos nuestras acciones la honra a su memoria,
acciones de resistencia militante.

Para entonces las bancas estaban casi vacías
y yo me volví a mi puesto y un hombre se puso de pie

al fondo de la quieta capilla
(junto a las puertas abiertas de par en par,
donde se nos presentaba el verde de mayo, y las sombras
largas
del comienzo de la tarde)
y dijo que mis palabras
habían profanado un lugar sagrado.

Y unos pocos días después
cuando otros estudiantes más (negros) fueron tirados
en Jackson, Mississippi,
nadie profanó la capilla de los blancos
porque para ellos nadie celebró ningún acto.


En Antología de la poesía norteamericana
Selección y prólogo: Ernesto Cardenal
Traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenla



The Day the  Audiences Walked Out on Me, and Why
(May 8th, 1970. Goucher College, Maryland)

Like this it happened:
after the antiphonal reading from the psalms
and the dance of lamentation before the altar,
and the two poems, Life at War and What Were They Like,
I began to rap, and said:

Yes, it is well that we have gathered
in this chapel to remember
the students shot at Kent State,

but let us be sure we know
our gathering is a mockery unless
we remember also
the black students shot at Orangeburg two years ago,
and Fred Hampton murdered in his bed
by the police only months ago.

And while I spoke the people
- girls, older women, a few men –
began to rise and turn
their backs to the altar and leave.

And I went on and said,
Yes, it is well that we remember
all of these, but let us be sure
we know it is hypocrisy
to think of them unless
we make our actions their memorial,
actions of militant resistance.

By then the pews were almost empty
and I returned to my seat and a man stood up
in the back of the quiet chapel
(near the wide-open doors through which
the green of May showed, and the long shadows
                                     of late afternoon)
and said my words
desecrated a holy place.

And a few days later
when some more students (black) were shot
at Jackson, Mississippi,
no one desecrated the white folk’s chapel,
because no memorial service was held.

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