2 jun. 2010

Marco Denevi - El mensajero mendaz





Un jinete llegó a las puertas del palacio de la emperatriz Sui–Ko. Sin apearse del caballo laqueado por el sudor, entregó a los centinelas un mensaje: el príncipe Yasumotu, hijo de la emperatriz, libraba en los confines de las islas una batalla de resultado dudoso y para disipar esa duda pedía urgentes socorros. Pero el mensaje estaba redactado en un estilo negligente, no observaba las fórmulas del ceremonial, olvidaba darle a Sui–Ko sus sesenta y siete nombres públicos y en cambio la llamaba por su único nombre secreto. Hubo que rehacerlo todo, palabra por palabra. Cuando la tarea terminó, el príncipe Yasumotu estaba de regreso, victorioso. La emperatriz ordenó que el mensajero fuera decapitado por difundir falsas noticias

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