13 jun. 2010

Bertrand Russell - Traducir los problemas a una forma abstracta



Una útil práctica que enseña la filosofía científica, es la de transformar todos los problemas, de su forma concreta a su forma abstracta. Tomemos, como ejemplo, lo siguiente: ¿tienen derecho los irlandeses a oponerse a ser incluidos, junto con los británicos, en un gobierno democrático? Todo americano radical diría que sí. ¿Tienen los musulmanes el mismo derecho con respecto a los indios? Nueve americanos radicales, de cada diez, hubieran dicho, antiguamente, que no. No insinúo que cualquiera de esos dos problemas se pueden resolver planteándolos en términos abstractos; pero lo que sí digo es que, si sustituimos los dos problemas concretos por un único problema abstracto, en el que las letras A y B reemplacen a los nombres de las naciones o comunidades que nos interesen profundamente, llegará a ser mucho más fácil encontrar la clase de consideraciones que deben emplearse para llegar a cualquier solución imparcial.

Los problemas políticos no pueden ser resueltos solamente por un pensar correcto ni solamente por un sentir justo: el pensar correcto puede proporcionar la neutralidad en la estimación de los hechos; pero el sentimiento justo es necesario para dar fuerza dinámica al conocimiento. A menos que se desee el bienestar general, el conocimiento, por grande que sea, no inspirará, por sí solo, una actividad orientada a promover la felicidad de la humanidad. Pero, por otro lado, muchos hombres, por culpa de un pensamiento confuso, pueden actuar bajo el influjo de las malas pasiones, sin saberlo; y, si se les hace conscientes de ello, por medios puramente intelectuales, se les puede inducir a que actúen de forma menos áspera y menos susceptible de ocasionar violencias. Estoy firmemente convencido de que si las escuelas de todo el mundo estuviesen sometidas a una sola autoridad internacional, y si esa autoridad se consagrase a declarar la prohibición del empleo de las palabras destinadas a provocar las pasiones, los odios que existen entre las naciones, los credos y los partidos políticos disminuirían con gran rapidez y la conservación de la paz, en todo el mundo, se convertiría en un problema más fácil. En tanto que no sea así, los que propugnan un pensamiento claro y están contra las desastrosas enemistades mutuas tienen que enfrentarse, no sólo con las pasiones, a las que la naturaleza humana está tan expuesta, sino también con las bien organizadas fuerzas de la intolerancia y del egoísmo insensato. En la escena de esta lucha, el pensamiento lógico claro, aunque sea sólo uno de los actores, tiene que desempeñar un papel bien definido.

En Retratos de memoria y otros ensayos
Traducción: Manuel Suárez