9 may. 2010

Marco Aurelio - La partida


Nadie es tan afortunado que al morir no aparezcan algunos que se alegren del suceso. Si era cumplidor y sabio, en el último momento habrá alguien que diga para sí: »Respiraremos de nuevo sin este maestro reprensor. No tenía un trato difícil con ninguno de nosotros pero me daba cuenta de que en secreto nos reprobaba.« Eso con el cumplidor. En nuestro caso habrá otros muchos motivos por los que sean numerosos los que deseen nuestra marcha. Por tanto, en el momento de morir reflexionarás sobre lo siguiente y te irás más conforme si piensas: »me marcho de esta vida en la que los propios allegados, por los que tanto peleé, recé, me preocupé, precisamente ellos, quieren que me aparte con la esperanza de que puedan encontrar alguna comodidad en ello.« Entonces, ¿por qué se agarraría uno a una estancia aquí más duradera? Sin embargo, por eso no te marches tratándolos con menos amabilidad, sino, manteniendo tu propia costumbre, siendo cariñoso, benévolo, propicio, y no como desgajado. De la forma en que la pequeña alma del que muere bien se desenrolla del cuerpo amablemente, así debe producirse la partida lejos de éstos. Pues también la naturaleza te ató y unió con ellos. Pero ahora te desune. Me desuno como si me apartara de allegados, desde luego sin resistirme, sin violencia. Eso también es un comportamiento según la naturaleza.

Marco Aurelio, Meditaciones 10.36