24 abr. 2010

T.S. Eliot - Little Gidding

 

 

I

La primavera a medio invierno es una estación en sí misma

Sempiterna aunque empapada hacia el ocaso,

Suspendida en el tiempo, entre el polo y el trópico.

Cuando es más claro el corto día lleno de escarcha y fuego,

El breve sol incendia el hielo en estanques y zanjas,

Bajo el frió sin viento que es el calor del corazón

Y copia en un espejo de agua

Un fulgor que es ceguera cuando empieza la tarde

Y un brillo más intenso que la lumbre de ramas o braseros

Agita el torpe espíritu: no viento sino fuego pentecostal

En el tiempo oscuro del año.

Entre el deshielo y la congelación

Se estremece la savia del alma. No hay olor de tierra

Ni olor de cosa viva. Este es el tiempo primaveral

Pero no según la convención del tiempo.

Por una hora el seto blanquea

Con fugaz floración de nieve,

Una floración más repentina que la del verano pues no da brotes ni se marchita.

No pertenece al esquema de la generación.

¿En dónde está el verano, el inimaginable

Verano cero?

 

                    Si vienes por aquí,

Por la ruta que probablemente seguirás

Desde el lugar de donde vienes probablemente,

Si vienes por aquí en mayo encontrarás los setos

Blanqueados otra vez con voluptuosa dulzura.

Igual sería al fin de la jornada,

Si vienes de noche como un rey vencido,

Si vienes de día sin saber a qué vienes.

Igual sería al dejar el camino áspero

Y dar vuelta detrás de la pocilga hacia la gris fachada

Y la lápida. Y aquello por lo que creíste estar aquí

Es tan sólo una concha, una cáscara de sentido

Cuyo propósito nada más se revela cuando está realizado,

Si se realiza. O no tenías propósito

0 el propósito está más allá de lo que calculabas

Y se altera al cumplirse. Hay otros sitios

Que son también el fin del mundo,

Algunos entre las fauces del mar

0 sobre un lago oscuro,

En un desierto o en una ciudad—

Pero este es el más cercano, en tiempo y lugar,

Ahora y en Inglaterra.

                                   Si vienes por aquí,

Tomando cualquier camino, partiendo de cualquier sitio,

A cualquier hora o en cualquier estación,

Será siempre lo mismo: tendrás que hacer a un lado

Sentido y noción: no estás aquí para verificar,

Instruirte, satisfacer tu curiosidad o trasmitir informes.

Estás aquí para arrodillarte

Donde ha sido válida la oración.

Y la plegaria es algo más

Que un orden de palabras, la tarea a conciencia

De la mente que reza, o el sonido de la voz al orar.

Y aquello para lo que cuando vivos no tenían lenguaje los muertos

Te lo pueden decir ya muertos: la comunicación

De los muertos posee lenguas de fuego más allá del idioma de los vivos.

Aquí, la intersección del momento sin tiempo

Es Inglaterra y es ninguna parte.

Nunca y siempre.

 

II

En la manga de un viejo la ceniza apagada

Es cuanto sobrevive de la rosa quemada.

Polvo que en aire flota suspendido

Marca el lugar donde una historia ha sido.

El polvo que respiras fue una mansión:

Las maderas, los muros y el ratón.

Ha muerto la esperanza: este desaire

Es la muerte del aire.

 

Hay inundación y sequía

Sobre los ojos y en la boca fría.

Agua muerta, muerta arena

Luchan por victoria plena.

El suelo seco y destripado

Muestra el esfuerzo destrozado.

La sorda risa de su boca aterra.

Es la muerte de la tierra.

 

Agua y fuego ocupan el sitial

De la ciudad, la hierba, el matorral.

Agua y fuego se han burlado

Del sacrificio denegado.

Agua y fuego pudrirán

Los cimientos, se hundirán

El santuario y coro ciego.

Es la muerte de agua y fuego.

 

En la hora incierta antes de la mañana

Al terminar la noche interminable

Al recurrente fin de lo que no tiene fin

 

Cuando la oscura paloma con su lengua de llamas

Hubo pasado bajo el horizonte de regreso a su nido

Mientras las hojas muertas traqueteaban metálicas

 

En el asfalto donde no había ningún otro rumor

Entre las zonas de donde se elevaba el humo

Vi de repente a un hombre que erraba apresurado

 

Sin resistencia ante el aire urbano del amanecer

Impulsado hacia mí igual que aquellas hojas de estaño.

Cuando fijé la vista en su cara inclinada

 

El mirar insultante con el cual desafiamos

Al primer transeúnte en la sombra que aclara

Pareció revelarme a algún maestro muerto

 

A quien yo había tratado y olvidado; medio evocaba

A uno y a muchos; en sus rasgos como recién salidos de algún horno

Los ojos de un familiar espectro conjunto

 

A la vez íntimo e inidentificable.

Asumí un doble papel y grité

Y escuché al otro que gritaba: "¡Cómo! ¿Tú aquí?"

 

Aunque no estábamos. Yo era el mismo de siempre,

Consciente de mí mismo, y era otro sin embargo.

Y él una cara aún formándose. Pero bastaron las palabras

 

Para forzar el reconocimiento al que precedieron.

Así, sometiéndonos al aire común,

Demasiado extraños el uno al otro para malentendernos,

 

Acordes en ese momento de intersección,

Reunidos en un sitio sin antes ni después,

Seguimos por la acera en una ronda muerta.

 

Dije: "El asombro que siento es natural,

Su naturalidad también me asombra. Habla, por tanto;

Tal vez yo no comprenda ni recuerde."

Y él: "No estoy dispuesto a repasar

Mis pensamientos y teorías que has olvidado.

Sirvieron su propósito: dejémoslas en paz.

 

Igual sucede con las tuyas y ruega que te sean perdonadas

Por otros, así como te ruego perdonarme

El mal y el bien. Se ha comido el fruto de la estación

 

Y la bestia saciada apartará de una coz el cubo vacío.

Pues las palabras del año pasado son del año pasado

Y esperan otra voz las palabras del año que viene.

 

Mas como ahora el paso no ofrece obstáculo

Al espíritu inaplacado y peregrino

Entre dos mundos que se han vuelto muy semejantes,

 

Así encuentro palabras que no pensé decir

En calles que no creí volver a ver

Cuando dejé mi cuerpo en una playa remota.

 

Ya que nuestro interés era el lenguaje y el lenguaje nos incitó

A purificar el dialecto de la tribu y apremió

A la mente a revisar el pasado y a prever,

 

Déjame revelarte los dones reservados a la vejez

Para coronar el esfuerzo de tu vida entera.

Ante todo la fricción helada del sentido que expira

 

Sin encanto, sin ofrecer promesa,

Sino la amarga insipidez del fruto espectral

Cuando empiezan a separarse mente y cuerpo.

 

Segundo, la impotencia consciente de la rabia

Frente a la locura humana y la laceración

De la risa ante lo que deja de divertirnos.

 

Por último, el terrible dolor de vivir de nuevo

Cuanto has hecho y has sido; la vergüenza

De motivos revelados muy tarde y la conciencia

 

De cosas malhechas y hechas para daño de los demás

Que antes consideraste ejercicio de la virtud.

Entonces hiere la aprobación del tonto y los honores deshonran.

 

De mal en mal el exasperado espíritu avanza,

A menos que lo restaure el fuego purificador

En que debes moverte a ritmo como un danzante"

 

El día estaba a punto de romper. En la desfigurada

Calle me dejó con un rezongo de despedida

Y se desvaneció al sonar la sirena.

 

III

Hay tres condiciones que a menudo parecen semejantes

Pero difieren por completo, florecen en el mismo seto vivo:

Apego al propio ser y a cosas y personas, desapego

Del propio ser y cosas y personas,

Y creciente entre ambas, indiferencia

Que se parece a las demás como la muerte se parece a la vida

Al estar entre dos vidas, sin florecer,

Entre la ortiga viva y la ortiga muerta.

Esta es la utilidad de la memoria

Para la liberación: no reduce el amor sino lo expande

Más allá del deseo, y por tanto nos libra

De futuro y pasado.

Entonces el amor a un país

Empieza como apego a nuestro campo de acción

Y encuentra que esta acción importa poco

Aunque nunca es indiferente.

La historia puede ser servidumbre,

La historia puede ser libertad.

Mira, ahora se desvanecen

Los rostros y los lugares con el ser que los amó, como pudo,

Para quedar renovados, transfigurados en otra ordenación.

 

El pecado es inevitable pero

Todo irá bien

Y toda clase de cosas saldrá bien.

Si pienso de nuevo en este lugar

Y en gente no del todo recomendable,

Sin parentesco ni bondad,

Pero algunos de genio particular,

Todos señalados por un genio común,

Unidos en la discordia que los separa;

Si pienso en un rey al caer la noche,

En tres hombres, y más, en el cadalso

Y algunos que murieron olvidados

En otros sitios, aquí y en tierra extraña,

Y en uno que murió ciego y callado

¿Por qué habríamos de celebrar

A estos muertos y no a los que agonizan?

No es tocar al revés una campana

Ni se trata de un encantamiento

Para conjurar el espectro de una Rosa.

No podemos revivir viejas facciones

No podemos restaurar viejas políticas

Ni seguir un tambor antiguo.

Aquellos hombres y sus enemigos

Aceptan la constitución del silencio

Y se pliegan a un solo partido.

Sea cual fuere la herencia de los afortunados

Recibimos de los derrotados

Lo que debían dejarnos: un símbolo,

Un símbolo perfeccionado en la muerte.

Y todo irá bien y ,

Toda clase de cosas saldrá bien

Por la purificación del motivo

En el campo de nuestra súplica.

 

IV

Desciende la paloma y rompe el aire helado

Con llama de terror incandescente.

Dicen las lenguas que es precisamente

El único remedio del error y el pecado.

La última esperanza o el fin desesperado

Reside en la elección entre una y otra hoguera

 

Que redima a esta llama de esa llama que espera.

Amor se llama el que inventó el tormento,

Amor el nombre desacostumbrado

Cuyas manos tejieron el suplicio más cruento:

La camisa de llamas que jamás ha logrado

Arrancarse el poder en el mundo sangriento.

Toda la vida, toda nuestra espera,

Yace en ser pasto de una u otra hoguera.

 

V

Lo que llamamos el principio es a menudo el fin

Y llegar al final es llegar al comienzo.

El fin es el lugar del que partimos. Y cada frase

Y oración que sea correcta (donde cada palabra esté en su sitio

Y ocupe su lugar en apoyo de las demás,

La palabra ni tímida ni ostentosa,

El fácil intercambio de lo viejo y nuevo,

La palabra común exacta sin vulgaridad,

La palabra formal precisa pero no pedante,

La compañía entera que danza al mismo ritmo)

Cada oración y cada frase son un fin y un comienzo,

Cada poema un epitafio. Y toda acción

Un paso al tajo, al fuego,

Un descenso por las fauces del mar

0 hacia una piedra indescifrable:

Y allí es donde empezamos.

Perecemos con los agonizantes:

Mira cómo se marchan y partimos con ellos.

Nacemos con los muertos:

Mira cómo regresan y volvemos con ellos.

El momento de la rosa y el momento del ciprés

Son de igual duración. Un pueblo sin historia

No está redimido del tiempo,

Porque la historia es una ordenación

De momentos sin tiempo.

Así, mientras se desvanece la luz

Sobre un anochecer invernal, en una aislada capilla,

La historia es ahora e Inglaterra.

 

Con la atracción de este Amor y la voz de este

Llamado.

 

No cesaremos en la exploración

Y el fin de todas nuestras búsquedas

Será llegar adonde comenzamos,

Conocer el lugar por vez primera.

A través de la puerta desconocida y recordada

Cuando lo último por descubrir en la tierra

Sea lo que fue nuestro comienzo:

En la fuente del río más largo

La voz de la oculta cascada

Y los niños en el manzano.

La voz no conocida porque nadie la busca,

Pero escuchada, o semiescuchada, en la inmovilidad

Del mar entre dos olas.

De prisa, aquí, ahora, siempre—

Una condición de sencillez absoluta

(Cuesta nada menos que todo).

Y todo irá bien

Y toda clase de cosas saldrá bien

Cuando las lenguas de la llama se enlacen

En el nudo de fuego coronado

Y la lumbre y la rosa sean una.

 

Cuatro Cuartetos

Versión de Juan Emilio Pacheco

 

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