21 dic. 2009

Matsuo Basho - La posada del río Suga

 

 

 

Con ánimo indiferente pasamos el río Abukuma. A la izquierda, las cimas de Aizu; a la derecha, los caseríos de Iñaki, Soma y Miharu; a lo lejos, las cadenas de montañas que dividen Hitachi de Shimo-suke. Bordeamos la Laguna de los Reflejos: como el día estaba nublado, nada se reflejaba en ella.[1] En la posada del río Suga visitamos a cierto Tokyu, que nos detuvo cuatro o cinco días. Lo primero que hizo al verme fue preguntarme: “¿Cómo atravesó el paso de Shirakawa?”. En verdad, desasosegado por viaje tan largo y el cuerpo tan cansado como el espíritu; además, la riqueza del paisaje y tantos recuerdos del pasado me turbaron e impidieron la paz necesaria a la concentración. Y no obstante:

 

Al plantar el arroz

cantan: primer encuentro

con la poesía.

Al decirle estos versos, agregué a guisa de comentario: “Imposible pasar por ahí sin que fuese tocada mi alma”. Mi poema le gustó a Tokyu, quien escribió a continuación un segundo, Sora añadió otro y así compusieron una tríada.

Al lado de la posada había un gran castaño, a cuya sombra vivía un solitario. Recordé a aquel que había vivido de las bellotas que encontraba y anoté la siguiente reflexión: “El ideograma de castaño está compuesto por el signo de Oeste y el signo de árbol, de modo que alude a la Región Pura de Occidente. Por eso el cayado y los pilares de la ermita del bonzo Gyoki eran de madera de castaño.[2]

 

Sobre el tejado:

flores de castaño.

El vulgo las ignora.


 

[1] La Laguna de los Reflejos está a 25 kilómetros del Paso de Shirakawa. A principios del siglo XIII destierran a este lugar un cortesano. Su mujer emprende el viaje desde la capital para unirse a él, pero al llegar encuentra que lo han ejecutado y entonces se arroja al agua. Los reflejos de la Laguna son los del espejo que llevaba en el pecho suicida.

[2] El Paraíso de Buda Amida-Kyoki: bonzo de la época de Nara (668-749).

 

Las sendas de Oku

Traducción: Octavio Paz

Seix Barral

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