30 sep. 2009

Thomas Mann (1875-1955) - Aceite, higo y vino






- Eso se debe - respondió José - a que el espíritu es como el mensajero que va y viene, como el mediador entre la luna y el sol, entre Shamash y Sin, cuyo poder se ejerce sobre el cuerpo y las facultades sensitivas del hombre. Así me lo dijo Eliécer, tu prudente servidor, cuando me enseñó la ciencia de los astros y me habló de sus encuentros, de su influencia sobre las horas, según sus recíprocas relaciones; y estableció el tema de mi natividad en Carán de Mesopotamia, en el mes de Tammuz, al mediodía, cuando Shamash estaba en el cenit y en el signo de Géminis y subía por oriente el signo de la Virgen.

Elevó la mirada y señalando con el dedo las constelaciones, una de las cuales declinaba hacia el oeste y la otra comenzaba, entonces, como otrora, su ascensión hacia el este, continuó:

- Es un signo de Nabu, mi padrecito debe saberlo, un signo de Tot el Escriba, a quien se deben las tablillas; dios ligero, ágil, que sirve de conciliador y favorece los cambios. También el sol se hallaba en el signo de Nabu, señor de la hora, que realizaba su conjunción con el astro lunar; encuentro beneficioso para él, si creemos a los sacerdotes y los astrólogos, pues su malicia se disminuyó y su corazón fue enternecido. Pero Nabu, el mediador, se encontró en oposición con Nergal, el zorro, fomentador de la desdicha, que lo marcó fuertemente con su huella e imprimió su soberanía con el sello del destino. Y lo mismo con Ishtar; en ella se reparten la mesura y la gracia, el amor y la clemencia; llegaba ella al cenit a esa misma hora, y cambiaba miradas amistosas con Sin y Nabu. También ella se hallaba en el signo del Toro, y la experiencia nos enseña que de ahí viene la moderación, un valor perseverante y un espíritu jovial. Pero asimismo, nos cuenta Eliécer, estaba en trígono con Nergal en el Capricornio. Y Eliécer se alegraba porque su suavidad no fue maltratada, sino que, al contrario, tomó de miel virgen, impregnada del olor de las praderas. La luna estaba en el signo de Cáncer, el suyo, y todos los intérpretes también estaban, si no en su propia casa, a lo menos en otra, en la de un amigo. Que venga Nabu, el Prudente, a encontrar a la luna, y el mundo verá cumplirse grandes cosas. Y si el sol, como en aquella hora, está en trígono con Ninurti, el Guerrero y el Cazador, es indicio de una futura participación en los acontecimientos de la tierra, un anuncio de que se obtendrá una parcela de soberanía. El horóscopo rectamente interpretado no hubiera sido, pues, desfavorable, si la tontería de este niño desairado no hubiera venido a echarlo todo a perder.

- Hem - murmuró el viejo, pasando con cuidado la mano por la cabellera de José y mirando de reojo -. Eso depende del Señor, que dirige los astros. Pero los presagios que por medio de ellos envía no tienen siempre el mismo sentido. Si tú hubieras sido el hijo de algún grande y poderoso de la tierra, quizá te hubieran inducido a que tomases parte en el gobierno y en la administración de los estados. Pero tú no eres más que un pastor, hijo de pastor, y claro está que la interpretación ha de ser diferente y llevada a menor escala. Mas ¿qué decías a propósito del mensajero semejante al espíritu que va y viene?

- En eso estoy - respondió José - y hacia eso se encamina mi discurso. La bendición de mi padre era el sol que, cuando yo nací, se hallaba en el cenit y con sus rayos dirigidos hacia Marduck en la Balanza y Ninurti en el undécimo signo. Además, estuvieron allí los rayos que intercambiaban esos dos paternales intérpretes, el rey y el guerrero armado. ¡Poderosa bendición! Pero que mi señor se digne considerar cuan potente era también la que me vino de mi madre y de la luna, que ocupaba las fuertes posiciones de Sin y de Ishtar. Entonces fue, sin duda, cuando se engendró mi buen humor, en la oposición entre Nabu y Nergal, entre el Escriba predominante y la cruda luz del bribón que retrocedía hacia Capricornio. Fue creado para servir de intermediario entre la fuerza solar y la fuerza lunar y de conciliar alegremente las bendiciones del día y de la noche...

Se interrumpió, en una sonrisa un tanto crispada; Jacob, situado un poco más arriba y más atrás que él, no lo veía, y dijo:

- El anciano Eliécer está lleno de experiencia y considerablemente instruido en múltiples conocimientos; puede, por decirlo así, descifrar las piedras de la época del Diluvio; te ha enseñado también numerosas verdades respetables sobre los comienzos, los orígenes y otras nociones útiles que es necesario conocer en este mundo. Pero hay ciertas cosas de las cuales no se sabría decir con precisión si deben figurar entre los conocimientos útiles y verdaderos; mi corazón titubea y me pregunto si hizo bien al instruirte en el arte le los astrólogos y los magos de Sinear. Creo que la cabeza de mi hijo es digna de contener todo el saber humano; pero, por mi parte, ignoraba que nuestros padres hubieran leído jamás en los astros, ni que Dios hubiera ordenado a Adán hacerlo. Y estoy lleno de angustia y de duda, preguntándome si no hay debajo de eso un culto rendido a las estrellas, tal vez una abominación a los ojos del Señor, algo diabólico, a medio camino entre la piedad y la idolatría.

Triste, sacudió la cabeza, vuelto a dominar por su más íntima preocupación del bien y de la impenetrabilidad de los designios del Señor.

- Muchas cosas se prestan a duda - respondió José (si lo que enunció puede ser tomado por respuesta) -. Por ejemplo, ¿es la noche la que oculta al día o es el día el que abriga a la noche? Sería importante determinarlo. He reflexionado sobre esto con frecuencia, en los campos o en la cabaña, y cuando llegaba a la certidumbre, sacaba de ella deducciones sobre las virtudes de la bendición solar y la bendición lunar, así como acerca de la belleza de las herencias paterna y materna. Pues mi madrecita, cuyas mejillas tenían el perfume de los pétalos de rosa, descendió en la noche en el momento que nacía mi hermano, el que aún está bajo la tienda, con las mujeres; ella quiso, al morir, llamarle Benoni, porque ya se sabe que Osiris, el hijo preferido del Sol, rey del mundo infernal, eligió su domicilio en On, del país del Egipto. Pero tú nombraste al chicuelo Benjamín, para proclamar que era hijo de la Recta y de la Mejor-Amada, y también es ése un hermoso nombre. Yo no te obedezco siempre, y a veces llamo Benoni a mi hermano, y él oye a gusto este nombre, porque sabe que Mami, cuando desapareció, quería que así se le nombrase. Ahora ella está en la noche, nos ama desde el fondo de la noche, al pequeño y a mí, y su bendición nos la transmiten la luna y las profundidades. ¿No ha oído hablar, mi señor, de los dos árboles del Jardín del Mundo? Uno de ellos produce el aceite con el cual son untados los reyes de la tierra, a fin de que vivan; el otro da el higo verde y rosado, lleno de dulces granillos, y el que come de él debe morir. Adán y Eva se ciñeron con sus anchas hojas las cinturas, para ocultar su vergüenza. Habían adquirido el conocimiento durante la luna llena del solsticio de verano, cuando ya no le quedaba más que declinar y desaparecer. El aceite y el vino son sagrados para el sol. ¡Dichosos aquellos cuyas frentes chorrean aceite y cuyos ojos brillan, ebrios de vino bermejo! Porque sus límpidas palabras serán para los pueblos una risa y un consuelo y les será dado un carnero en el zarzal para inmolarlo al Señor, en vez del primogénito, y así se curarán de la angustia y el tormento. Pero el dulce fruto de la higuera es sagrado para la luna; feliz el que, desde el fondo de la noche, es nutrido por mi madrecita con su propia carne, pues él crecerá como al borde de un manantial y su alma hundirá sus raíces hasta el sitio donde las fuentes manan, su palabra será viva y gozosa como el seno de la tierra, y el espíritu de profecía habitará en él.

¿Hablaba? Más bien cuchicheaba; era un espectáculo conmovedor, como un poco antes que su padre se le acercara. Sus hombros se convulsionaban y temblaban sus manos apoyadas en sus rodillas; aunque sonreía, sus pupilas vueltas no dejaban ver más que el blanco de los ojos. Jacob no advertía esto; pero le escuchaba. Inclinándose hacia él, con un circunspecto ademán de protección, mantuvo sus manos en el aire, encima de la cabeza del mozo, luego puso la izquierda sobre su cabellera, lo que produjo un descanso en el estado de José; y mientras que su mano derecha buscaba la mano derecha del muchacho apoyado en sus rodillas, dijo con una confianza reticente:

- Escucha, Yachup, hijo mío, lo que voy a preguntarte; mi corazón está preocupado por los ganados y la prosperidad de los rebaños. Las primeras lluvias han sido agradables y aun han caído antes del invierno. No fue un desgarrarse de nubes inundando los campos y llenando solamente los pozos de los nómadas, sino una suave y fina lluvia, beneficiosa para las praderas. Sin embargo, el invierno ha sido seco y el mar se ha negado a enviarnos la dulzura de su hálito. Soplaron los vientos de la estepa y del desierto y el cielo estaba claro, una alegría para los ojos y un cuidado para el corazón. Desdicha será si las lluvias del otoño no caen tampoco, pues se perderán las semillas del labrador y las mieses del campesino; la yerba se secará antes de tiempo, los ganados no hallarán dónde pacer y las tetas de las hembras penderán flaccidas. Dígame, mi niño, lo que piensa del viento, y sus previsiones respecto al tiempo; qué opina sobre esto: ¿caerán las postreras lluvias antes que sea demasiado tarde?

Se inclinó más hacia José, volvió el rostro y puso la oreja junto a la joven cabeza.

- Escuchas mis palabras, inclinado sobre mí - dijo José, aunque no lo miraba. -; pero el niño escucha de más lejos, lo que pasa afuera y dentro, para recibir y transmitirte las informaciones y las noticias. Mi oído percibe el temblor de una gota que cae de las ramas y una lluvia fina sobre las vastas extensiones, aunque la luna sea de una claridad absoluta y el viento sople desde Galaad. No obstante, esa lluvia no es para el momento actual, sino para un instante que se acerca; y mi nariz la husmea con certidumbre: antes que la luna de Nisán haya decrecido en un cuarto, la tierra será fecundada por las aguas viriles del cielo; exhalará humos y vapores de alegría, lo presiento, y los pastizales estarán cuajados de corderos y los campos apretados de espigas, y habrá júbilo y canciones. Me han dicho y ensañado que, en los orígenes, la tierra estaba regada por el torrente Tavi, que partiendo de Babel la regaba una vez cada cuarenta años. Pero el Señor decidió después que la tierra fuera saciada en su sed por el cielo, por cuatro motivos, y uno de ellos es que así todos los ojos estarían obligados a elevarse. Dirigimos, pues, las miradas de gratitud hacia el cielo del Trono, donde se elabora el tiempo y donde están las cavernas de los tiburones y las tempestades, tales como las vi ayer en sueños, mientras dormitaba bajo el árbol del conocimiento. Un querubín llamado Jofiel me condujo de la mano por aquellas alturas, para que mirara en torno mío y tuviera una noción de los lugares. Y he visto los antros llenos de vapores, con sus puertas de fuego, y oí a obreros afanados decirse entre ellos: "Hemos recibido una orden respecto a la fiesta del cielo y de las nubes: Mirad, la aridez reina en el país del oeste y la sequía sobre la llanura y los pastos de la meseta. Hay que tomar medidas para que llueva lo antes posible sobre el país de los amoritas, de los amonitas y de los fereceos, de los madianitas, hevianos y jebuseos y, en particular, sobre la región de Hebrón, a la altura de la línea del reparto de aguas, en el mismo lugar donde mi hijo Jacob, que lleva el título de Israel, apacienta sus rebaños innumerables." Soñé todo esto con una claridad que no admite chanzas, y como sucedió bajo el árbol, mi señor puede estar seguro en lo referente al refrigerio del suelo.

- Alabados sean los Elohím - dijo el anciano -. Habrá que escoger nuevas reses para el sacrificio y celebraremos un banquete ante ellos; quemaremos las entrañas con incienso y miel para que se verifiquen tus palabras. Pues temeré que los ciudadanos y los campesinos lo echen todo a perder con uno de esos sacrificios a su manera; querrán organizar una orgía para honrar a los Baal, y una fiesta de emparejamiento, al son de címbalos y con grandes gritos en honor de la fecundidad. Hermoso es que mi muchacho sea favorecido con sueños; esto sucede porque es el primer hijo que tuve de la Recta y de la Mejor-Amada. A mí también, en mi juventud, me fue concedida la gracia de grandes revelaciones, y cuando partí contra mi voluntad de Beer-Sheba y, mal de mi grado, fui empujado hacia los lugares y los contornos fatídicos, lo que vi iguala a lo que te ha sido descubierto. Te amo, porque me has reconfortado en lo referente a la sequía; pero no digas a nadie que los sueños te visitan bajo el árbol; no lo digas a los hijos de Lía, como tampoco se lo dirías a los hijos de las sirvientas, pues podrían encelarse por este don especial.

- Pongo la mano bajo tu muslo... - respondió José -. Tu orden me sella los labios. Ya me doy cuenta de que soy charlatán; pero, cuando la razón lo exige, puedo dominarme; me costará tanto menos trabajo cuanto que mis visioncillas no merecen ser comparadas con aquella con que fue recompensado mi señor en el lugar que llaman Luz, cuando los mensajeros subían y bajaban de la tierra a las puertas del cielo, cuando Elohím se reveló a él.



José y sus hermanos, Tomo I: Las historias de Jacob
Traducción de José María Souviron
Editorial Aldus S. A.
México, 1993