22 jul. 2009

Martin Gardner – La teoría posfreudiana de los sueños

 

 

Los sueños poseen un ingenio y una energía infernales para buscar lo inadecuado; ni el artista más omnisciente y hábil se tomó nunca tantas molestias ni logró tanto éxito en su búsqueda de la palabra correcta, o de la acción exacta que resultara significativa, como este señor nocturno de la confusión, que siempre encuentra exactamente la palabra más inadecuada o la acción más insensata.

G. K. CHESTERTON, en The Coloured Lands.

 

Las teorías sobre los sueños de Sigmund Freud y Cari Jung eran especulaciones subjetivas, casi sin ningún apoyo empírico. Hasta 1952 no se produjo ningún avance significativo en la investigación de los sueños en el laboratorio. Aquél fue el año en que Eugene Aserinsky, estudiante posgraduado de psicología en la Universidad de Chicago, descubrió por casualidad el REM, el movimiento rápido de los ojos que acompaña al sueño profundo con ensoñaciones.

Aserinsky había aplicado electrodos cerca de los ojos de su hijo Armond, de 10 años, mientras éste dormía. Le sorprendió observar que el electroencefalógrafo trazaba rayas muy amplias en el papel de gráficos. Mediante posteriores estudios, Aserinsky y el difunto Nathaniel Kleitman, director del programa de investigación del sueño de la universidad, hicieron el gran descubrimiento de que los períodos de movimientos REM eran señales de sueños vividos, en contraste con los sueños inconsistentes de los períodos NREM (sin movimientos rápidos de los ojos). Kleitman falleció en 1999, a los 104 años de edad.

Pronto se hizo evidente que el sueño REM se da a intervalos a lo largo de toda la noche, generalmente de cuatro a seis veces, cada una de las cuales dura entre diez minutos y una hora. Los sujetos que creían que nunca o casi nunca soñaban se sorprendieron al comprobar que tenían vivos recuerdos de sus sueños cuando se les despertaba durante un período REM. Salieron a la luz nuevos hechos. Las pesadillas y el sonambulismo sólo se dan durante el sueño NREM. La creencia en que un sueño «largo» podía durar sólo unos pocos segundos resultó ser un mito. La clase de alimentos que se han comido durante el día no influye en los sueños REM. Las grabaciones que se hacen sonar durante el sueño no influyen en el aprendizaje, aunque todavía se asegura falsamente que sí en los anuncios de cintas de audio e incluso en algunas revistas populares de divulgación científica.

Docenas de laboratorios en todo el mundo se lanzaron a la investigación intensiva del sueño REM. Se descubrió que casi todos los mamíferos sometidos a prueba hasta ahora tienen períodos de sueño REM (incluyendo a los murciélagos, los topos y las ballenas), con la curiosa excepción del equidna australiano. Los reptiles carecen de sueño REM, pero las aves parecen tener intervalos REM que duran unos cuantos segundos, cuando, meten la cabeza bajo las alas. Los perros y gatos tienen sueños REM muy evidentes. Se pueden levantar los párpados de un gato dormido y ver cómo se mueven los globos oculares hacia adelante y hacia atrás.

Sin duda, el sueño REM cumple alguna función útil. De no ser así, ¿por qué lo habría inventado la evolución? Pero cuál es exactamente esa función sigue siendo un enigma. Un argumento plausible es que durante la noche, cuando es difícil cazar y buscar alimento, los mamíferos aprovechan para descansar el cuerpo y la mente hasta que salga el sol. Algunos mamíferos incluso hibernan durante los inviernos fríos. Sin embargo, esto arroja poca luz sobre la función de los sueños.

La revolución informática y la opinión compartida por muchos investigadores de IA (inteligencia artificial) de que el cerebro no es más que un ordenador orgánico, condujeron inevitablemente a teorías de los sueños inspiradas en los ordenadores. Uno de los primeros artículos en los que se proponía una de estas teorías fue «Dreaming: An Analogy from Computers» («Soñar: Analogía con las computadoras»), publicado en New Scientist (vol. 24, 1964, pp. 577-579). Sus autores eran dos científicos británicos: el psicólogo Christopher Riche Evans y el experto en ordenadores Edgar Arthur Newman. En 1993 se publicó la obra postuma de Evans, Landscapes of the Night: How and Why We Dream. Su libro de 1973 Culis ofUnreason incluye un vigoroso ataque a la Cienciología.

La teoría de Evans-Newman es que el cerebro, igual que un ordenador, se va atiborrando de información inútil. Así como hay que limpiar de vez en cuando la memoria del ordenador para quitarle toda la basura inservible, nuestro cerebro necesita también fregados periódicos. Los sueños son los procesos que utiliza el cerebro durmiente para pasar a la memoria a largo plazo la información que vale la pena conservar, y borrar de la memoria a corto plazo las trivialidades que, de otro modo, obstruirían las rutas neurales.

¿Para qué recordar cosas como el color de los calcetines que nos pusimos ayer, o la comida que comimos, o todo lo que dijimos en conversaciones intrascendentes?.

Mientras los impulsos eléctricos recorren el cerebro para eliminar esta basura, las pulsaciones activan neuronas adyacentes, conjurando patrones prácticamente al azar. Nuestro cerebro subconsciente hace lo que puede por colocar estas imágenes en algún contexto mínimamente coherente, pero como las imágenes surgen al azar, la historia soñada presenta extravagancias sin sentido y transiciones bruscas, como las escenas de los dos libros de Alicia de Lewis Carroll. Durante una hora o dos cada noche nos volvemos locos inofensivos.

Freud creía que los sueños son símbolos que expresan, en forma muy disfrazada, los deseos reprimidos del subconsciente, casi todos de tipo sexual y originados en la infancia. En su opinión, si estos deseos no estuvieran disfrazados, nuestro escandalizado superego, con sus imperativos morales, nos despertaría.

Cari Jung no estaba de acuerdo con la insistencia de Freud en los deseos sexuales reprimidos, que a él le parecía exagerada. En su opinión, los sueños reflejan «arquetipos»: huellas de memoria heredadas de nuestro pasado evolutivo. Los sueños de volar y de caer, por ejemplo, son recuerdos genéticos de antepasados que saltaban por las ramas de los árboles y de vez en cuando se caían al suelo.

 

Es maravilloso soñar

que caes aterrorizado.

desde un alto acantilado donde chillan las águilas,.

y aterrizas suavemente en una roca plumosa.

 

escribió el poeta Martín Tupper en unas coplas en ocho estrofas tituladas «Sueños». Los sueños terroríficos en los que somos perseguidos reflejan los tiempos en que nuestros antepasados huían de las fieras. Para Jung, los sueños no ocultan, sino que revelan estos antiguos recuerdos, enterrados en lo que él llamaba «el subconsciente colectivo» de la humanidad.

A Evans y Newman no les convencen ni Freud ni Jung. Los sueños, según ellos, carecen de sentido, aunque por supuesto están influidos por nuestras esperanzas y temores, y por circunstancias de la noche, como sonidos, olores, temperatura, corrientes de aire, molestias corporales, etc. Nuestro cerebro filtra y anula los ruidos a los que estamos acostumbrados, como la lluvia, el zumbido del aire acondicionado o el sonido de un televisor encendido; pero los sonidos bruscos e importantes, como el llanto de un bebé, un trueno o el timbre del teléfono, nos despiertan o se incorporan al sueño. Si tenemos sed, podemos soñar que bebemos; si tenemos hambre, que comemos. Si tenemos la vejiga llena, podemos soñar que orinamos. Si nos rocían la cara con agua, podemos soñar que nos estamos duchando.

Así como resulta difícil borrar datos no deseados de un ordenador mientras éste está trabajando en un problema, nos volveríamos locos si el borrado de basura de nuestra memoria ocurriera mientras estamos despiertos y ocupados en el procesamiento de nuevas entradas sensoriales. Según Evans y Newman, no es que los sueños abran espacio de almacenamiento, sino que despejan rutas para permitir un acceso más fácil y directo a los recuerdos importantes. Si no se eliminaran periódicamente los datos inútiles que llenan el ordenador, éste perdería rapidez y eficiencia, y hasta podrían estropearse los programas. De manera similar, si nos privaran del sueño REM, desarrollaríamos trastornos de conducta y problemas mentales hasta que se nos permitiera soñar de nuevo.

Los sueños no sirven para mantenernos dormidos, como creía Freud, sino al revés: dormimos para poder soñar.

A principios de los años ochenta, Francis Crick, ganador del premio Nobel por su participación en el descubrimiento de la estructura helicoidal del ADN, y el matemático Graeme Mitchison propusieron una teoría de los sueños similar en algunos aspectos a la conjetura de Evans-Newman. Sus especulaciones se presentaron bajo el título de «The Function of Deep Sieep» («La función del sueño profundo») en Nature (vol. 304, 14 de julio de 1983, pp. 111- 114). En lugar de quedar atascado el cerebro por recuerdos inservibles, es su neocórtex el que queda obstruido por conexiones neurales accidentales.[El neocórtex es una parte muy evolucionada de la corteza —la capa exterior de la materia gris— que empezó a evolucionar con los mamíferos. Se cree que es en esta zona donde se almacenan definitivamente los recuerdos y donde tiene lugar el razonamiento].

Los miles de millones de neuronas del cerebro están interconectadas en una red inconcebiblemente compleja, la estructura más complicada que se conoce en el universo. Cuando se almacenan recuerdos normales, el proceso tiende a reforzar conexiones neurales inútiles. Crick y Mitchison las llaman «recuerdos parásitos». El propósito del sueño REM es amortiguar estas conexiones sinápticas accidentales y así borrar recuerdos espurios. Naturalmente, este proceso aleatorio fabrica escenas extravagantes y sin sentido.

Los bebés experimentan el doble de sueño REM que los adultos, e incluso los fetos manifiestan movimientos rápidos de los ojos en el vientre de la madre. Si verdaderamente están soñando, esto parece contradecir la teoría de Freud. Según Crick y Mitchison, los bebés sueñan para mantener sus cerebros lo más libres posible de conexiones neuronales indeseables, que podrían interferir con la formación eficiente de recuerdos. La falta de REM en el equidna se explica por el tamaño extraordinariamente grande de su neocórtex. Una red neural de ordenadores, si es muy grande, puede acomodar conexiones neurales espurias sin sobrecargarse; lo mismo le ocurre al hiperdesarrollado neocórtex del equidna.

A los freudianos les parece útil recordar y analizar los sueños.

Crick y Mitchison sugieren algo muy distinto: «Soñamos para poder olvidar», escribieron en Nature. Esforzarse por recordar los sueños puede llegar a ser dañino. «Tal vez no se debería animar a nadie a que intente recordar sus sueños, porque recordarlos puede ayudar a mantener patrones de pensamiento que sería mejor olvidar. Son precisamente esos patrones los que el organismo está intentando amortiguar.» [Ver el artículo de Theodore Meinechuk sobre la teoría de Crick, «The Dream Machine» («La máquina de soñar»), en Psychology Today, noviembre de 1983.] En los últimos años se han propuesto otras muchas conjeturas sobre los sueños, pero el mejor y más influyente de los libros recientes sobre el tema es, con diferencia, The Dreaming Brain (1989) de J. Alian Hobson, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. Sus opiniones, basadas en el sentido común, son, como las de la mayoría de los investigadores actuales del sueño, claramente antifreudianas.

Hobson coincide con las dos teorías que acabamos de comentar en que los sueños no tienen ningún significado oculto o «contenido latente», dicho en la terminología de Freud. Sólo tienen «contenido manifiesto». A Hobson le gusta decir, haciéndose eco de Jung, que son «transparentes». En lugar de borrar recuerdos triviales o de debilitar conexiones neurales accidentales e inservibles, el cerebro está simplemente utilizando su energía eléctrica para activar neuronas más o menos al azar mientras dormimos.

Naturalmente, cuando hace esto, sus imágenes están influidas por los acontecimientos recientes (lo que los psicoanalistas llaman «residuos del día»), por recuerdos antiguos, por las circunstancias del dormitorio, por los estados corporales y por los deseos y temores intensos.

Puesto que los sueños no ocultan deseos subconscientes, no se puede aprender nada sobre ellos mediante pruebas de libre asociación ni tratando de interpretar los estrafalarios símbolos freudianos. Los sueños son sólo lo que parecen. Si usted sueña que pierde un tren o un avión, es porque ha experimentado estos desafortunados sucesos. Si sueña que tiene un encuentro amistoso con un pariente o con otra persona, es porque le gusta esa persona. Si sueña con un encuentro hostil, es porque la persona le disgusta o le da miedo. Si sueña que vuela, es porque a menudo se imagina lo agradable que sería deslizarse a través del aire, y esto puede estar reforzado por recuerdos de bucear bajo el agua, saltar, patinar, descender en trineo, etc.

Se dice que Freud afirmó que en algunos sueños un cigarro puede no ser más que un cigarro. Para Hobson, un cigarro soñado es siempre un cigarro. Una vez tuve un sueño muy claro, en el que me encontraba en una habitación desconocida donde había un cigarro humeando en un cenicero. Consciente de que estaba soñando, decidí experimentar para ver si, además de las vividas imágenes (podía ver complicados diseños en el empapelado de las paredes), mi sueño podía incluir olores. Cogí el cigarro y me lo acerqué a la nariz. El resultado fue un olor a tabaco quemándose, tan fuerte que me desperté. El cigarro de mi sueño era sólo un cigarro.

Hobson recuerda un sueño muy realista en el que, durante una visita al Museo de Bellas Artes de Bostón, vio y oyó a Mozart tocando un concierto de piano. Se fijó en que Mozart estaba muy gordo. Un analista freudiano podría haber llegado a la conclusión de que Mozart era una imagen paterna, y que su obesidad simbolizaba el deseo subconsciente de Hobson de matar a su padre para quedarse con su madre para él solo. Hobson dice que el concierto era uno que él conocía muy bien. Suele escuchar a Mozart mientras conduce, y visita con frecuencia el Museo de Bellas Artes. Su propia barriga estaba empezando a aumentar de volumen. El sueño no tenía ningún contenido latente. Tal como lo explica Hobson, «Mozart es Mozart». Otros libros de Hobson son Sieep (1989) y The Chemistry of Conscious States (1994).

Aunque pasamos una tercera parte de nuestra vida dormidos, todavía no está claro por qué esto es necesario para nuestra salud.

Sabemos que el sueño restaura el cuerpo y de algún modo repara la enmarañada trama de las preocupaciones, como decía el Macbeth de Shakespeare. Ha habido que descartar la antigua idea de que los sueños permiten «descansar» a las neuronas, porque ahora sabemos que las neuronas están tan activas durante el sueño como cuando estamos despiertos. Hobson conjetura que se podría retomar la teoría del descanso si suponemos que los sueños hacen descansar a los neurotransmisores fatigados del cerebro, que efectivamente reducen mucho su actividad durante el sueño REM. Otra conjetura de Hobson es que tal vez la evolución desarrolló los sueños como una forma de entretenimiento, ya que la mayoría de los sueños son agradables y divertidos; sería como leer un relato de fantasía o ver películas fantásticas.

En estas tres teorías, la naturaleza extravagante de los sueños se explica por la activación al azar de neuronas y por los esfuerzos del cerebro por conectar escenas sin sentido en una historia más o menos coherente. (Éste no es lugar para comentar los sueños lúcidos o extracorpóreos, en los que uno es consciente de que está dormido y tiene un mínimo de libre albedrío para controlar los episodios. Ver el libro de Susan Blackmore Beyond the Body: Investigations of Out-of-the-Body Experiences, Londres, Heinemann, 1982.) Ahora que la teoría de los sueños de Freud se está evaporando rápidamente como un mal sueño, ¿qué teoría de los sueños tenemos? Aunque se están descubriendo muchas cosas y se proponen muchas teorías rivales, sigue siendo un misterio cómo y por qué soñamos. Lo más sorprendente es que las especulaciones actuales no son muy diferentes de las de Platón y Aristóteles.

 

Addendum.

Cuando dije que las pesadillas sólo ocurren durante el sueño NREM, estaba utilizando la palabra con su antiguo significado: un sueño tan horrible que el soñador grita, presa del pánico. Varios lectores me escribieron para decirme que a esos sueños se les llama ahora «terrores nocturnos». Se considera que una pesadilla es simplemente un mal sueño muy vivido, y esto desde luego puede darse en el sueño REM.

Antony Flew y D. F. Hughes escribieron para indicarme, acertadamente, que la evolución elimina las mutaciones perjudiciales, pero a menudo deja en paz las mutaciones inofensivas, aunque no tengan valor de supervivencia.

En 1999, la MIT Press publicó The Paradox of Sieep: The Story of Dreaming, del científico francés Michel Jouvet. Jouvet llama «sueño paradójico» al sueño REM; es paradójico porque nadie sabe con certeza por qué soñamos. Está claro que el sueño es imprescindible para la salud, pero parece que a las personas se las puede privar del sueño REM durante largos períodos sin efectos adversos. Jouvet se incluye en el bando de los que consideran que el sueño es el método que usa el cerebro para reprogramarse y borrar los recuerdos no necesarios.

Al leer una reseña de este libro en American Scientist (septiembre/octubre de 1999) —no he leído el libro—, me enteré de un hecho sorprendente. Los delfines se ahogan si no respiran aire continuamente. Si un delfín se quedara completamente dormido, no podría subir cada poco rato a la superficie para respirar. ¿Cómo resuelven el problema de dormir y soñar? ¡Teniendo dormido sólo un lado del cerebro, mientras el otro lado permanece despierto para asegurar que obtiene el aire necesario!.

En Science News (8 de noviembre de 1997) y Discover (marzo de 1998) se comunicaba otro asombroso descubrimiento: el ornitorrinco, un mamífero primitivo que pone huevos como el equidna, pasa hasta ocho horas diarias en sueño REM. Esto es más de seis veces la cantidad de sueño REM de los humanos. El descubrimiento era sorprendente porque el equidna no sueña nada, a pesar de que su estructura cerebral y la del ornitorrinco son casi idénticas. El neurólogo Jerome Siegel, de la Universidad de California, que llevó a cabo la investigación sobre el ornitorrinco junto con unos colegas de Australia, dice que este animalito es «el campeón del sueño REM». Lo que no está nada claro es qué tiene que ver esto con la evolución del sueño REM y los sueños.

El libro de J. Alian Hobson Sieep, magníficamente ilustrado, se publicó en 1989, editado por W. H. Freeman. La obra se centra en el sueño fisiológico y sus trastornos, pero contiene un capítulo sobre los sueños que resume las diversas teorías actuales.

Éste no es lugar para una bibliografía de los numerosos libros sobre los sueños publicados en las últimas décadas, pero hay dos libros recientes que vale la pena citar: el de David Fouikes, Children Dreaming and the Development of Consciousness (1999), y el de Owen Flanagan Dreaming Souis: Sieep, Dreams and the Evolution ofthe Conscious Mind (2000).

 

Martin Gardner, ¿Tenían ombligo Adán y Eva?

 

 

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