2 jun. 2009

James George Frazer – Expulsión del mal en Europa

 

En la cristiana Europa, la vieja costumbre pagana de expulsar los poderes del mal en ciertas épocas del año ha sobrevivido hasta los tiempos modernos, Así, en algunos pueblos de Calabria se inaugura el mes de marzo con la expulsión de las brujas. Tiene lugar de noche, al tañido de las campanas de la iglesia, y las gente corre por las calles gritando: "Marzo ha llegado". Aseguran que las brujas vaguean en marzo y la ceremonia se repite todos los viernes del mes, al anochecer. Con frecuencia, como ya hemos anticipado, el antiguo rito pagano ha sido agregado a las fiestas de la Iglesia. En Albania, el Sábado Santo la gente moza enciende antorchas de tea y caminan en procesión por todo el pueblo esgrimiéndolas. Al final, las arrojan al río gritando: "¡Eli, Koré, nosotros fe arrojamos al río como estas antorchas, para que no puedas volver nunca!" Los campesinos silesianos creen que en el Viernes Santo las brujas recorren sus rondas y tienen gran poderío para hacer diabluras. Por esto, cerca de Oels, junto a Strehlitz, la gente se arma en ese día con escobas viejas y expulsa a las brujas de casa en casa, de los corrales y patios, establos y tenadas, haciendo un gran alboroto y golpeándolo todo.

En la Europa central, el tiempo favorito para expulsar a las brujas es o era la Noche de Walpurgis,[1] la víspera del "día mayo", cuando los funestos poderes de estos seres maléficos se suponen en su apogeo. En el Tirol, por ejemplo, como en otros lugares, la expulsión de los poderes del mal en esta estación del año lleva el nombre de "quemar las brujas". Tiene lugar el día 19 de mayo, pero la gente está atareada con los preparativos varios días antes. Un jueves a medianoche atan unos haces de astillas de teas, abeto moteado de rojo y negro, tártagos, romero y ramitas de endrino, que se guardan para quemarlos el día 19 de mayo por hombres y mujeres que deben haber recibido previamente la absolución plenaria de la Iglesia. En los tres últimos días de abril limpian todas las' casas y las fumigan con bayas de enebro y ruda. El día 19 de mayo, cuando suena la campana al Ángelus y el crepúsculo está muriendo, comienza la ceremonia de "quemar las brujas". Hombres y muchachos forman una baraúnda con látigos, campanas, cacharros y calderos: las mujeres llevan incensarios; sueltan los perros, que corren en todas direcciones ladrando y gañendo. Tan pronto como las campanas de la iglesia empiezan a tañer, encienden los haces de teas, etc., que llevan sujetos en la extremidad de un palo y prenden fuego al incienso. Entonces todas las campanillas de las puertas de las casas, todas las campanas para anunciar la comida, calderos y sartenes, ladridos de perro, todo choca, golpea y hace ruido, y entre este estrépito se desgañitan cuanto pueden, voceando: "¡Huye bruja, huye de aquí o te irá mal!" Después corren siete veces alrededor de las casas, los corrales y el pueblo. Así las brujas son ahumadas, expulsadas de sus escondrijos y ahuyentadas. La costumbre de expulsar a las brujas la Noche de Walpurgis es todavía, o era hasta hace pocos años, observada en muchas partes de Baviera y entre los alemanes de Bohemia. Así, en las montañas Bohmerwald, después de anochecer se reúnen todos los muchachos del pueblo en alguna altura, especialmente en las encrucijadas, y restallan látigos durante algún tiempo al unísono y con todas sus fuerzas. Esto ahuyenta a las brujas; tan lejos como se oigan los restallidos, estos maléficos seres ya no podrán hacer daño. En algunos lugares, mientras los muchachos están chasqueando sus látigos, los pastores soplan sus cuernos con sonidos tan prolongados que se oyen desde muy lejos en el silencio de la noche y son muy eficaces para desterrar a las brujas.

Otra época embrujada es el período de doce días entre Navidad y la Epifanía (día de los Reyes Magos). En algunas partes de Silesia, la gente quema resina de pino todas las noches entre Navidad y Año Nuevo con objeto de que el humo acre espante a las brujas de las casas y granjas, y en las vísperas de Navidad (Noche Buena) y de Año Nuevo (Noche Vieja) disparan tiros en los campos y praderas, entre los arbustos y árboles, y envuelven en paja los árboles frutales para que los espíritus no hagan daño. La víspera de Año Nuevo, que es el día de San Silvestre, los mancebos bohemios, armados con escopetas, forman círculo y disparan al aire tres veces seguidas; esto se llama "disparar a las brujas" y se supone que las ahuyenta despavoridas. El último día del duodenario místico es la Epifanía o día doceno (noche) y se le ha elegido como la fecha más apropiada para la expulsión de los poderes del mal en varias partes de Europa. Así, en Brunnen, en las orillas del Lago de Lucerna, van los muchachos en procesión la Noche Duodécima, llevando antorchas y haciendo gran estrépito con cuernos, cencerros, látigos y demás adminículos para ahuyentar del bosque dos espíritus femeniles, Strudeli y Strátteli; la gente piensa que si no hacen bastante ruido habrá poca fruta el año entrante. También en Labruguiére, cantón de Francia meridional, la víspera del día doceno, corre la muchedumbre por las calles, tañendo cencerros, chocando pucheros y calderos y produciendo un ruido discordante con otras cosas más. Entonces, al resplandor de las antorchas y de las llamas de las gavillas de leña que encienden, elevan una prodigiosa alarma, un tumulto que desgarra los oídos, esperando ahuyentar así de la ciudad a todos los espíritus errabundos y endemoniados.


[1] Walpurgis o Walburga, santa inglesa que ayudó a su tío San Bonifacio a convertir los alemanes al cristianismo; murió de abadesa en Heidenheim (año 777). La noche del sábado, que pasó por arte milagrosa del diablo en el pico Brocken de las montañas de Harz con las brujas y Satán, es el modelo clásico de los aquelarres. El cuerpo de la santa se conserva en Eichstadt en una roca de la cual fluye un aceite de propiedades milagrosas.

 

La Rama dorada, capítulo LVI, 3

 

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