5 jun. 2009

Diogenes Laercio - Epiménides (Vida de filósofos más ilustres)




1. Epiménides, según Teopompo y otros muchos, fue hijo de Festio; según otros, de Dosiado; y según otros, de Agesarco. Fue cretense, natural de Gnosa: pero no lo parecía por ir con el pelo largo. Enviólo una vez su padre a un campo suyo con una oveja, y desviándose del camino, a la hora del mediodía se encontró en una cueva, y durmió allí por espacio de cincuenta y siete años[1]. Despertado después de este tiempo, buscaba la oveja, creyendo haber dormido sólo un rato; pero no hallándola se volvió al campo, y como lo viese todo de otro aspecto, y aun el campo en poder de otro, maravillado en extremo, se fue a la ciudad. Quiso entrar en su casa; y preguntándole quién era halló a su hermano menor, entonces ya viejo, el cual supo de su boca toda la verdad. Conocido por esto de toda Grecia, lo tuvieron todos por muy amado de los dioses.

2. Padecían peste los atenienses, y habiendo respondido la pitonisa que se lustrase la ciudad, enviaron a Creta con una nave a Nicias, hijo de Nicerato, para que trajesen a Epiménides. Vino, en efecto, en la Olimpiada XLVI, expió la ciudad, y ahuyentó la peste de la forma siguiente: tomó algunas ovejas negras y blancas, las condujo al Areópago, y las dejó para que de allí se fuesen a donde quisiesen, mandando a los que las seguían que donde se echase cada una de ellas las sacrificasen al dios más vecino al paraje. De esta manera cesó el daño. Desde entonces se hallan por los pueblos de los atenienses diferentes aras sin nombre[2], en memoria de la expiación entonces hecha.

3. Otros dicen que la causa de la peste fue la maldad de Cilonio; y refieren el modo con que se libertó, que fue muriendo los dos jóvenes, Cratino y Clesibio, con lo cual cesó la calamidad. Los atenienses le dieron un talento y una nave con que regresase a Creta; pero él no admitió el dinero, antes hizo confederación entre los gnosios y atenienses; y volviéndose a su casa murió de allí a poco de edad de ciento cincuenta y siete años, según dice Flegón en el libro De los que vivieron mucho[3]. Los cretenses dicen que murió de doscientos noventa y nueve años, pero Jenófanes Colofonio afirma haber oído decir que de ciento cincuenta y cuatro.

4. Compuso cinco mil versos sobre la generación de los curetes y coribantos, y sobre la de los dioses, y seis mil quinientos sobre la construcción de la nave Argos, y expedición de Jasón a Colcos. Escribió también en prosa acerca de los sacrificios y de la República de Creta; como también de Minos y Radamanto hasta unos cuatro mil versos. Erigió en Atenas un templo a las Euménides[4], como dice Lobón Argivo en el libro De los poetas. Dicen fue el primero que lustró las habitaciones y los campos, y el primero que fundó templos[5] Hay quien afirma que no durmió, sino que se entretuvo algún tiempo en cortar raíces. Corre una carta suya a Solón legislador, que trata de la República cretense, ordenada por Minos; bien que Demetrio de Magnesia, en su libro De los poetas y escritores colombroños o de un mismo nombre, se esfuerza en sostener que esta carta es moderna; ni va escrita en dialecto cretense, sino ático moderno. Yo he hallado otra carta suya, que es como sigue:

Epiménides a Solón

5. «Buen ánimo, amigo, porque si la invasión tiránica de Pisístrato hubiese hallado a los atenienses hechos a la servidumbre, o sin buenas leyes, sería largo su dominio, pero como esclaviza a hombres nada cobardes, y que, acordándose de las amonestaciones de Solón, gimen avergonzados, no tolerarán verse tiranizados. Y aunque Pisístrato tenga ocupada la ciudad, espero que su imperio no pasará a sus hijos, pues es muy difícil perseveren esclavos hombres que se vieron libres y se gobernaron por leyes excelentes. Tú no te aflijas, sino vente cuanto antes a estar conmigo en Creta, donde no tendrás monarca que te moleste, pues si andando vago cayeres en manos de sus amigos, temo te venga algún daño.» Hasta aquí la carta de Epiménides.

6. Dice Demetrio, según escriben algunos, que Epiménides recibía la comida de mano de las ninfas, y que la guardaba en una uña de buey; que la iba tomando de allí poco a poco, de manera que no necesitaba excrementar, ni jamás hubo quien lo viese comer. Hace memoria de él Timeo en su segunda[6]. Dicen algunos que los cretenses le ofrecen sacrificios como a Dios. Dicen, asimismo, que tuvo sumo conocimiento de las cosas venideras, pues habiendo visto en Atenas el puerto de Muniquia, dijo a los atenienses que «no sabían cuántos daños les había de acarrear el lugar aquel, pues a saberlo, lo devorarían con sus dientes». Esto predijo tanto tiempo antes que sucediese.

7. Refieren que él mismo se llamaba Eaco; que predijo a los lacedemonios habían de ser prisioneros de los arcades, y que aparentó muchas veces que resucitaba. Escribe Teopompo, en su libro De las cosas admirables, que cuando construía el templo de las ninfas, se oyó una voz del cielo que decía: «Epiménides, no lo dediques a las ninfas, sino a Júpiter». También predijo a los cretenses el estrago que los arcades habían de hacer en los lacedemonios, según arriba dijimos; y, efectivamente, fueron derrotados junto a Orcomeno. Añade Teopompo que envejeció en tantos días como años había dormido[7]. Mironiano dice en sus Símiles que los cretenses lo llamaban Curete. Guardan su cuerpo los lacedemonios, avisados por un oráculo, como asegura Sosibio Lacedemonio. Hubo otros dos Epiménides: el uno, escritor de genealogías; y el otro, de la Historia de Rodas, en dialecto dórico.


[1] Plinio, lib. VII, cap. LII, dice lo mismo por estas palabras: "La cual (Fábula) se cuenta de Epimédes gnosio, en una cosa semejante. Dicen que siendo muchacho, cansado del camino y calor, se entró en una cueva, donde durmió cincuenta y siete años; y que después le causó grande admiración la mudanza que halló en las cosas, creyendo que se había despertado al día siguiente. Después en solos cincuenta y siete días se hizo viejo: pero prolongó su vida hasta los ciento cincuenta y siete años. Plutarco y Varrón dicen que sólo durmió cincuenta años; Pausanías, cuarenta.

[2] Una de estas pudo a ver sido la que vió San Pablo, como se dice en los actos de los Apóstoles, cap. XVII, y, 23. Hace también memoria de ellas Pausanías, lib. I, cap. I y lib. V, cap.XIV; y Luciano en uno de sus Diálogos.

[3] Existe todavía de esta obra de Flegón (que fue liberto del emperador Adriano) un fragmento de la historia de las Olimpíadas, en la cual habla de las tinieblas acaecidas en la muerte de nuestro redentor y alguna otra cosilla.

[4] Es muy probable que Vitrubio libro V. Cap. IX, por porticus Euminice quiso entender los pórticos de este templo, como muy anchos y espaciosos. En mis comentarios a Vitrubio no tuve presente este lugar de Laercio, ni hallé quien lo haya advertido hasta ahora.

[5] Sería fácil demostrar por la historia que los atenienses tuvieron templos antes de Epiménides: y, por consiguiente es falso lo que dice Laercio. San Clemente Alejandrino, en su Exhortación a los gentiles, dice que Epiménides fundó en Atenas templos a la Contumelia y a la Impudicia.

[6] El texto no dice más, y no es fácil averiguar qué segunda obra era ésta de Timeo, ni aun qué Timeo sea éste, habiendo habido muchos.

[7] En cincuenta y siete días, como arriba dijimos.


Traducción del griego: José Ortiz y Sanz

Buenos Aires, Espasa Calpe, 1950