19 abr. 2009

Beethoven, “el genio musical más distinguido si se exceptúa a Mozart”

 

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La grandeza de Beethoven se había convertido desde hacía mucho en artículo de fe en varios países europeos importantes y su fama comenzaba a extenderse también a regiones más lejanas. Los programas de la Sociedad Filarmónica de Londres durante la década de 1820 incluyeron sesenta ejecuciones de sus sinfonías y veintinueve de sus oberturas. En Viena los elogios a su genio en la prensa en todo caso eran excesivamente halagadores. Con respecto a Alemania un viajero contemporáneo informó en 1825 que «los alemanes lo consideran el genio musical más distinguido de Europa, si se exceptúa a Mozart».

Los autores románticos alemanes, encabezados por Clemens Brentano y E. T. A. Hoffmann, lo admiraban hasta el extremo de la adulación. Schopenhauer opinaba que sus sinfonías expresaban el carácter esencial de la música. Sólo Hegel, admirador de Rossini, mantenía su reserva, y en el único comentario que formuló acerca de la música de Beethoven ‑donde, hecho interesante, evita mencionar el nombre del compositor‑ critica sus «enérgicos contrastes», y afirma que «los rasgos característicos de este tipo de música incurren fácilmente en el riesgo de sobrepasar los delicados límites de la belleza musical, sobre todo cuando la intención es expresar fuerza, heroísmo, maldad, impetuosidad y otros extremos de la pasión exclusiva».

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El subrayado es mío.

En Maynard Solomon, Beethoven

Traducción Aníbal Leal

Buenos Aires, Javier Vergara, 1983, pág. 332

 

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