23 ene. 2009

Emanuel Swedenborg – El lenguaje de los ángeles

 

Emanuel Swedenborg

237. La lengua angélica no tiene nada en común con las lenguas hu­manas, salvo que ciertos vocablos son los sonidos de deter­minados afectos; pero esto no atañe a las palabras mismas, sino a sus so­nidos; a este punto, nos referiremos enseguida. Que la lengua angélica no tiene nada en común con las lenguas humanas, se manifiesta en el hecho de que los ángeles son incapaces de pronunciar una sola palabra en lenguaje humano; y cuando procuran hacerlo, les resulta imposible, porque no pueden pronunciar palabra alguna que no armonice con sus afectos; y aquello que es discordante, es incompatible con la vida misma, pues la vida pertenece al afecto, y su lenguaje emana de su vida. Y según me hicieron saber, la prime­ra lengua que hablaron los hombres sobre la tierra, concordaba con la lengua angélica, porque la recibían del cielo; y la lengua hebrea, concuerda con ella en ciertos aspectos.

238. Como el lenguaje de los ángeles corresponde a su afecto, y su afecto pertenece a su amor, y como él amor del cielo es amor al Señor y amor hacia el prójimo es evidente que sus palabras son superlativamente elegantes y jocundas; pues no suscitan una impresión meramente auditiva, sino que conmueven la interioridad de la mente de quienes las escuchan. Cierto espíritu de corazón impasible, oyó las palabras de un ángel; y se sintió tan conmovido por lo que oía, que comen­zaron a caerle las lágrimas; afirmó que jamás había llorado, pero ahora le re­sultaba imposible contenerse, porque estaba oyendo hablar al amor.

239. El lenguaje de los ángeles también está impregnado de sabidu­ría, pues procede de su pensamiento interior, y su pensamien­to interior es sabiduría así como su afecto interior es amor; y en su lengua­je se unen el amor y la sabiduría. Por esta razón, su lenguaje está tan impreg­nado de sabiduría, que pueden decir en una sola palabra lo que los hombres no pueden expresar empleando mil; por lo demás, las ideas de su pensa­miento aluden a cosas que el hombre no puede comprender, y mucho me­nos expresar. Por eso se dice que las cosas que fueron oídas y vistas en el cielo son inefables; cosas jamás percibidas por oídos u ojos terrenales. Lo cual me fue dado verificar a través de la experiencia. En ciertas ocasiones, he podido disfrutar de un estado similar al de los ángeles; en ese estado, ha­blé con ellos, y pude comprender todo lo que decían. Pero al ser remitido a mi estado anterior, y por ende, al pensamiento natural propio del hombre; cuando procuré recordar lo que había oído, me resultó imposible; pues ha­bía miles de cosas que no se ajustan al pensamiento natural, y que sólo pue­den ser expresadas mediante variaciones de luz celestial; jamás con pala­bras humanas. Las ideas del pensamiento de los ángeles, de las que surgen sus palabras, también son modificaciones de la luz del cielo; y los afectos, que determinan el tono de sus palabras, son variaciones del calor del cielo; la luz del cielo, es la verdad o sabiduría Divina; y el calor del cielo, es el bien o amor Divino y los ángeles derivan su afecto del amor Divino, y su pensamiento de la sabiduría Divina.

 

En El Cielo y sus maravillas y el Infierno

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