18 ene. 2009

Bodas de Perseo y extraño síntoma de Medusa

 

[…]

Cefeo y su esposa, locos de contento, aplaudían a su futuro yerno y redentor de sus dolores. Andrómeda, ya libre, se da como precio al vencedor. Perseo elevó inmediatamente tres altares para dar gracias a los dioses. En el del entro sacrifica un toro al padre de los dioses; en el de la derecha, a Palas, una vaca; en el de la izquierda, a Mercurio, un becerro. Después abraza a Andrómeda. Amor e Himeneo los acompañan con las antorchas encendidas. Un perfume intenso se apodera de todos los olfatos. Se perciben dulcísimas músicas lejanas. Se agitaban los entusiasmos como si fueran banderolas. Abriéronse de par en par las puertas del palacio de Cefeo… y en él ya estaban preparadas las mesas del convite nupcial y el lecho e los desposados. Al final del banquete, cuando ya estaban todos los ánimos arrullados por el optimismo de los vinos, habló Perseo acerca de las costumbres y usos de l país. Cefeo rogóle que le contara cómo consiguió aquella cabeza de Medusa cuyos cabellos no eran sino víboras. “En el reino del Atlas –dijo Perseo- existe una ciudad fortificada con altas murallas, cuya custodia fue confiada a las hijas de Forcis, que tenían un solo ojo para ambas. Aprovechando el momento en que una de ellas prestaba el ojo a la otra, yo penetré en la ciudad y llegué hasta el palacio de las Gorgonas, adornado con las figuras de las fieras y de los hombres a los que la vista de Medusa había petrificado. Para evitar que me encantase a mí ya no la miré sino reflejada en mi escudo. Aproveché su sueño y le cercené la cabeza”.

Preguntáronle después a Perseo por qué Medusa tenía serpientes en vez de cabellos. “Es una historia digna de vuestra curiosidad. Os la voy a contar. Medusa, en un tiempo, fue la más amable de las criaturas. Inspiró grandes pasiones. Pero estaba enamorada sobre todo de sus cabellos. Neptuno y ella profanaron un templo de Palas, ante cuyos ojos pusieron su propio escudo para que no viera sus expansiones (sic). Para castigar tamaño desacato, cada cabello de seda y oro de Medusa se transformó en una inmunda víbora, víboras que, grabadas en su escudo, utiliza ahora ella para vengarse de sus enemigos”.

 

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Transcripto de Publio Ovidio Nasón,

Las Metamorfosis,  Libro Cuarto, V.

 

Traducción [insatisfactoria]:

Federico Carlos Sainz de Robles

 

Madrid, Espasa Calpe, 2ª edición, 1972

 

 

 

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