30/12/2008

Voltaire - Causas finales (Diccionario filosófico)

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Mens agitat molem et magno se corpore miscet (El talento dirige el mundo, se mezcla con él y lo anima) dice en la Eneida Virgilio.

Virgilio dice una verdad palmaria, y Spinoza, que no poseía la claridad de ingenio de Virgilio y vale menos que él, hubo de reconocer que existe una inteligencia que lo gobierna todo. En 1770 apareció un hombre superior a Spinoza, bajo algunos aspectos, tan elocuente como árido es el judío holandés, menos metódico, pero mucho más claro; quizá tan geómetra como éste, pero sin ridículos alardes de geometría por un asunto metafísico y moral. Este hombre es el barón de Holbach, autor del Sistema de la Naturaleza. Para los lectores que deseen instruirse y aprovecharse de la razón, transcribo estos elocuentes y peligrosos párrafos del Sistema de la Naturaleza.

«Algunos pretenden que los animales nos aportan una prueba fehaciente de una causa poderosa de su existencia, nos dicen que el admirable acorde de sus partes, que se prestan mutua ayuda con el fin de llenar sus funciones y mantener su conjunto nos da a entender que es obra de un creador que une al poder la sabiduría. No cabe dudar del poder de la naturaleza. Produce todos los animales que existen mediante las combinaciones de la materia, que está continuamente en acción. La concordancia entre las partes de que se componen los animales es una consecuencia de las leyes de su naturaleza y de su combinación. En cuanto cesa esa concordancia, el animal se destruye. Entonces, ¿para qué sirve la sabiduría, la inteligencia o la bondad de la supuesta causa a la que se hace el honor de atribuir la tan ensalzada concordancia? Esos animales maravillosos que creen ser obra de un Dios inmutable, ¿no se alteran sin cesar y no terminan siempre por destruirse? ¿Dónde está la sabiduría, la bondad, la previsión y la inmutabilidad del artífice, que sólo parece que se ocupa en descomponer y romper los resortes de las máquinas que se estiman como obras maestras de su poder y su habilidad? Si ese Dios no puede obrar de otra manera, no es libre, ni poderoso‑ si cambia de voluntad, no es inmutable; si permite que los seres que dotó de sensibilidad sufran dolores, no es bondadoso; si no pudo conseguir que sus obras fueran más sólidas, carece de habilidad. Al ver que los animales, al igual que las demás obras de la Divinidad, se destruyen, es preciso que deduzcamos que todo lo que la naturaleza hace es necesario y es consecuencia de sus leyes, o que el artífice que la hace obrar carece de plan, poder, constancia, habilidad y bondad.

»El hombre, que cree en la obra maestra de la Divinidad, nos aportará, mejor que los demás productos de la naturaleza, la prueba de la incapacidad o malicia de su supuesto autor. En ese ente sensible, inteligente y raciocinador, que se cree objeto constante de la predilección divina y que se forja a Dios a imagen y semejanza suya, no vemos más que una máquina más móvil, más frágil, más fácil de descomponerse por su gran complicación que la de los seres más toscos. Los animales que están desprovistos de nuestros conocimientos, las plantas que vegetan y las piedras que no sienten, son, bajo muchos aspectos, seres más favorecidos que el hombre. Al menos no están sujetos a las penas del espíritu, a las torturas del pensamiento y a los pesares que los devoran. ¿Quién no quisiera ser animal o piedra cuando sufre la pérdida irreparable de un ser amado? ¿No es preferible ser una masa inorgánica que un supersticioso desazonado que pasa la vida temblando, uncido a la vida presente y esperando además infinitos tormentos en la vida futura? Los seres que carecen de sentimientos, vida, memoria y pensamiento, nunca se turban por la idea del pasado, del presente ni del futuro, jamás se creen en peligro de penas eternas por no haber pensado rectamente como temen los seres predilectos, persuadidos de que el Arquitecto del mundo construyó el universo para ellos.

»Que no nos digan, pues, que no podemos tener la idea de una obra sin tener la de su imprescindible artesano. La naturaleza no es una obra.

Existió siempre por sí misma, en su seno todo se produce, es un obrador inmenso, dotado de materiales, que construye los instrumentos que le sirven para obrar. Todas sus obras son efectos de su energía y de los agentes o causas que crea, contiene y pone en acción. Elementos eternos, increados e imperecederos, siempre en movimiento y combinándose de distintas maneras, originan todos los seres y los fenómenos que vemos, todos los efectos buenos o malos que sentimos, el orden o el desorden que sólo distinguimos por las diferentes formas con que nos afectan, y dan origen a todas las maravillas que nos incitan a meditar y razonar. Para ello, tales elementos sólo necesitan sus propiedades (ya sean particulares o reunidas) y el movimiento que les es esencial, sin que sea imprescindible recurrir a un obrero desconocido que las arregle y combine, las conserve y disuelva.

»Y aun suponiendo que sea imposible concebir la creación del universo sin la intervención de un obrero que vele por su obra, ¿dónde colocaremos a ese obrero?, ¿fuera o dentro del universo?, ¿es materia o movimiento?, ¿o no es más que el espacio, la nada o el vacío? En todos estos casos, no debe ser nada o estar contenido en la naturaleza y sometido a sus leyes. Si está en la naturaleza sólo debe ser materia en movimiento, de lo que debo inferir que el agente que la mueve es corporal y material, y en consecuencia está sujeto a disolverse. Si este agente está fuera de la naturaleza ya no puedo tener idea del lugar que ocupa, ni de un ser inmaterial, ni de la forma cómo un espíritu sin extensión puede obrar sin la materia de la que está separado. Esos espacios ignotos, que la imaginación ha situado más allá del orbe visible, no existen para un ser que apenas ve lo que tiene a sus pies. El poder ideal que mora en ellos sólo puede tener ante mi espíritu las formas fantásticas que mi imaginación forje al azar, que siempre se verá obligada a tomarlas del mundo que conoce. En cuyo caso no haré sino reproducir en idea lo que realmente hayan percibido mis sentidos, y el Dios que me esfuerzo en separar de la naturaleza y situar fuera de su ámbito entrará siempre en él necesariamente contra mi voluntad.

»Empeñado en defender esas teorías, se me objeta diciendo que si presentáramos una estatua o un reloj a un salvaje que nunca hubiera visto ambas cosas, no podría dejar de reconocer que eran obras de un ser inteligente, superior a él en habilidad e industriosidad; deduciendo de ello que nos vemos obligados a reconocer que la máquina del universo, el hombre y los fenómenos de la naturaleza son obra de un creador cuya inteligencia y poder son infinitamente superiores a las de los humanos. Mi respuesta a esto es que no podemos dudar que la naturaleza sea poderosísima. Nos pasma su industria cuantas veces nos asombran los efectos trascendentales, complicados y varios que encontramos en algunas de sus obras, que apenas nos tomamos el trabajo de meditar; no obstante, nunca es más ni menos industriosa en una de sus obras que en las demás. No acertamos a comprender mejor cómo produce una piedra o un metal que cómo produce una mente tan bien organizada como la de Newton.

»Llamamos ingenioso al hombre que sabe hacer lo que nosotros no sabemos. La Naturaleza puede hacerlo todo, y desde el instante que una cosa existe prueba que la pudo hacer. De forma que sólo con relación a nosotros mismos juzgamos industriosa la naturaleza, la comparamos entonces con nosotros mismos, y como estamos dotados de inteligencia, con cuya ayuda producimos obras que demuestran nuestra industria, inferimos de ello que las obras de la naturaleza que más nos admiran, no son obras suyas, sino debidas a un artífice inteligente como nosotros, cuya inteligencia ponemos a nivel del asombro que sus obras producen, es decir, que producen a nuestra debilidad y a nuestra ignorancia.»

He aquí, ahora, la respuesta a esos argumentos en las líneas que siguen, escritas mucho antes que el Sistema de la Naturaleza.

Todas las piezas que componen la máquina de este mundo diríase que están hechas unas para otras. Algunos filósofos tienen a gala mofarse de las causas finales, que negaron Epicuro y Lucrecio. Yo creo que es más justo que nos burlemos de Lucrecio y de Epicuro. Nos dicen que los ojos no se formaron para ver, pero que los hemos aprovechado para esa función cuando nos percatamos que servían para ella. Aseguran, también que no tenemos la boca para hablar ni comer, ni el estómago para digerir, ni el corazón para recibir la sangre de las venas y enviarlas a las arterias, ni los pies para andar, ni los oídos para oír. Sin embargo esos filósofos confiesan que los sastres les hacen trajes para vestirse y los arquitectos casas para vivir, y se atreven a negar a la naturaleza, a la inteligencia universal, lo que conceden a cualquier obrero. Claro está que no conviene abusar de las causas finales.

El autor del Espectáculo de la Naturaleza sostiene inútilmente que las mareas sirven para impedir que los barcos entren con facilidad en los puertos y evitar que el agua del mar se corrompa‑ baldíamente dirá que las piernas han sido creadas para llevar botas y la nariz para colocar las gafas. Para afirmar el fin verdadero por el que actúa una causa, se precisa que su efecto sea de todos los tiempos y todos los lugares. No en todos los mares ha habido barcos, por tanto no puede decirse que hayan sido creados para los barcos. Es absurdo sostener que la naturaleza haya obrado en todas las épocas ajustándose a las invenciones de nuestras artes arbitrarias, que todas han aparecido tarde en el mundo. Ahora bien, es evidente que si la nariz no ha sido creada para las gafas no es menos obvio que se ha creado para tener el sentido del olfato, y que existen narices desde que existen hombres. Cicerón, que dudaba de todo, no dudaba de las causas finales.

Parece difícil, sobre todo, que los órganos de la generación no estén destinados a perpetuar las especies. Nos admiramos de su mecanismo, y la sensación que la naturaleza hace sentir a ese mecanismo es más admirable aún. Epicuro debía haber confesado que el placer es divino y que ese placer es una causa final que produce sin cesar seres sensibles que no han podido darse la sensación a sí mismos. Epicuro fue un filósofo preclaro para la época en que nació. Vio lo que Descartes niega, lo que Gassendi afirma y lo que Newton demuestra: que no hay movimiento sin vacío. Concibió la imprescindibilidad de los átomos para que sirvieran de partes constituyentes a las especies invariables, idea que es muy filosófica. Sobre todo, no hay nada tan respetable como la moral de los verdaderos epicúreos, que consistía en no ocuparse en los asuntos públicos, que son incompatibles con la sabiduría y la amistad, sin la cual la vida es una pesada carga. En cambio, el resto de la física de Epicuro me parece tan inadmisible como la materia extraída de Descartes. Es como ponerse una venda en los ojos y otra en el entendimiento sostener que en la naturaleza no existe ningún designio, porque si existe designio, en él existe una causa inteligente y esta causa es Dios.

Nos aducen como objeción las irregularidades del Globo, los volcanes, las llanuras movedizas de arena, algunas montañas sumergidas en los abismos y otras formadas por los terremotos. Pero si se incendian los cubos de las ruedas de vuestra carroza, ¿puede deducirse de ello que se construyó expresamente para transportaros de un sitio a otro?

La cadena de montañas que coronan los dos hemisferios y los más de seiscientos ríos que discurren hasta los mares, todos los arroyos que van a verter sus aguas en los ríos después de haber fertilizado los campos, los millares de fuentes que nacen del mismo manantial, que abrevan a los animales y riegan los vegetales, todo esto no parece que pueda ser efecto de un caso fortuito y de una declinación de átomos, como no deben serlo la retina que recibe los rayos de la luz, el cristalino que lo refracta, el yunque, el martillo, el estribo y el tambor del oído que recibe los sonidos, la corriente de sangre en nuestras venas, la sístole y la diástole del corazón, todo ese balancín de la máquina que constituye la vida.

Sin embargo, objetan que si Dios ha hecho visiblemente una cosa con un fin determinado, debe haber hecho lo mismo con todas. Es ridículo admitir la Providencia en un caso y negarla en otros. Todo lo creado ha sido previsto; no hay ninguna ordenación sin objeto, ni ningún efecto sin causa. Por tanto, todo es el resultado, el producto de una causa final. Así, puede decirse que las narices se han hecho para llevar lentes y los dedos para llevar sortijas, como se puede decir que los oídos se han formado para los sonidos y los ojos para recibir la luz. De esta objeción sólo se infiere que todo es efecto, inmediato o mediato, de una causa final general, que todo es consecuencia de las leyes eternas.

Los edificios no están hechos de piedra en todas partes ni en todos los tiempos, todas las narices no portan lentes, todos los dedos no llevan sortijas, ni todas las piernas usan medias de seda; luego el gusano de seda no fue creado para cubrir mis piernas, como la dentadura se creó para masticar y el ano para defecar. Por tanto, existen efectos inmediatos producidos por las causas finales y gran número de efectos mediatos producidos por esas causas.

Todo lo inherente a la naturaleza es uniforme, inmutable; es la obra inmediata del Maestro. El creó las leyes en virtud de las cuales la luna interviene en tres cuartas partes en la causa del flujo y reflujo del mar, y el sol en la otra cuarta parte. El dotó al sol del movimiento de rotación en virtud del cual dicho astro envía en siete minutos y medio los rayos de su luz hasta los ojos de los hombres, los cocodrilos y los gatos.

Pero si al cabo de muchos siglos hemos logrado inventar las tijeras y los asadores, para esquilar con aquéllas a los corderos y asarlos con éstos, ¿qué cabe deducir de esto sino que un Dios nos formó de manera que un día llegáramos a ser necesariamente industriosos y proclives a comer carne?

Los corderos no nacen forzosamente para ser asados y comidos porque muchos pueblos se abstienen de comerlos. Los hombres no han sido creados para matarse unos a otros, porque los brahmanes y los cuáqueros no matan a nadie, pero la materia con que estamos formados produce con frecuencia matanzas, amén de calumnias, vanidades, persecuciones y tantas otras chinchorrerías. Pero ello no quiere decir que la formación del hombre sea precisamente la causa final de nuestros desafueros y memeces, porque una causa final es universal e invariable en todos los lugares y tiempos. Con todo, los errores y las tonterías de la especie humana no por ello dejan de entrar en el orden eterno de las cosas. Cuando trillamos el trigo, el trillo es la causa final de la separación del grano; pero si el trillo, al funcionar, aplasta mil insectos, no obra así por mi voluntad determinada, ni tampoco por casualidad, sino porque esos insectos se encuentran muchas veces a su alcance en vez de huir de su enemigo.

El que un hombre ambicioso discipline a veces a millares de hombres que sea vencedor o vencido, es consecuencia de la naturaleza de las cosas. Mas no por eso podremos decir que Dios creó al hombre para que le den muerte en la guerra.

Los instrumentos que nos ha provisto la naturaleza no pueden ser siempre causas finales en movimiento. Los ojos, que recibimos para ver, no siempre están abiertos, todos los sentidos tienen un momento de reposo e incluso hay sentidos que no usamos nunca. Así sucede, por ejemplo, a la pobre imbécil encerrada en un convento desde los catorce años y que tiene clausurada para siempre la puerta de su cuerpo por donde debía salir una generación nueva. En este caso, no por eso deja de subsistir la causa final, pero obrará así que dicha mujer sea libre.



29/12/2008

Sara Vaughan y Clifford Brown

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Audio online

sarah vaughan and clifford brown - sarah vaughan with clifford brown - front

Joe Benjamin – Contrabajo
Clifford Brown – Trompeta
Roy Haynes – Batería
Jimmy Jones – Piano
Herbie Mann – Flauta
Paul Quinichette – Saxo tenor
Sarah Vaughan – Voz
Ernie Wilkins – Dirección

 

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27/12/2008

Friedrich Nietzsche músico – Melodram: Lieder - Klavierwerke

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Audio y descarga online

cover

 

Author: Nietzsche, Friedrich (1844-1900)
Title: Lieder; Klavierwerke; Melodram (1995)

Dietrich Fischer-Dieskau (baríton, piano)
Aribert Reimann (piano)
Elmar Budde (piano)

 

Mein Platz vor der Tür
Aus der Jugendzeit
Da geht ein Bach
Das zerbrochene Ringlein
Wie sich Rebenranken schwingen
Beschwörung
Nachklang einer Sylvesternacht
Nachspiel
Ständchen
Unendlich
Verwelkt
Ungewitter
Gern und gerner
Das Kind an die eloschene Kerze
Es winkt und neigt sich
Junge Fischerin
Gebet an das Leben
Manfred-Meditation

 

Claudio Schulkin: Nietzsche compositor

Fuente: A Parte Rei, revista de Filosofía

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25/12/2008

Esteban Peicovich – Poemas plagiados (recién recibido)

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Horas antes de la Navidad nos llegan de la mano de Peicovich 
estos poemas que supo encontrar cautivos y de los que, 
en primera lectura, elegimos hoy:


7. La humildad

Aquí no se come a gusto del cliente sino a gusto del mar.
(Anuncio de un restaurante de Caleta Córdoba, en la provincia de Santa Cruz)


17. Noticia de verano

Vino a morir. Una enorme tortuga de mar vino a morir en las playas de Necochea. La enterraron los niños.
(Leyenda de una fotografía. Diario Crónica, enero 10 de 1966)


18. Los ojos

El oficio ha cambiado. Antes se los amortajaba e iban a la tumba completamente vestidos, con toda su ropa interior, incluidas las medias y, por supuesto, con el mejor traje que tenían. Hoy sólo llevan el sudario, una sábana blanca. Hace años, yo me encargué una temporada de dar clase a los empleados novatos para que aprendieran a vestir convenientemente a los muertos. Aquí había ropa femenina y masculina de todo tipo. Se trataba de ponérsela con la mayor facilidad posible, sin contorsionar al muerto. Era un arte, y lo hacíamos muy bien. No crea que es asunto fácil vestir a un cadáver rígido.
Los muertos que se entierran en profundidad se mantienen más tiempo “enteros” que los que quedan a poca distancia de la superficie. Siempre son los ojos lo primero en desaparecer. Luego lo sigue el resto de la cara.

(Declarado a El País por Julián Parra, director técnico de una funeraria en Madrid)


24. La esfinge

Si pasáis raudo, no veréis la sombra

(Pintada vista en una calle de Sevilla en marzo de 1985)


26. El horizonte más antiguo

“Mirá, papá, bueyes”.

(Las tres palabras con las que a sus 9 años sorprendió a su padre Marcelino –y luego al mundo- la niña María Sainz de Sautuola al descubrir por azar las cuevas de Altamira en el año 1875)


34. El poeta

Sol. Sol. Sol.

(Unica palabra que repitió Robert Graves en una entrevista de dos horas en su casa de Deià, Mallorca, mientras me tomaba de la mano y me pedía que lo paseara entre los almendros de su finca)


49. No la toquen ya más

Foliolos 4. Tugados, inequilátero, oblongos, obovado, cuspidado-abuminados, glandulíferos en la base, con las flores racemosas. El involucro y el cáliz muy tenuemente hirtomentosos. Cáliz con cinco lóbulos.

(Descripción botánica de una rosa)


79. La represión

El pescado ha de ser siempre blanco.
Quedan prohibidos los pescados azules.

(De una dieta dada por el endocrinólogo Basilio Moreno Esteban)


80. La metafísica

El tiempo ha terminado.

(Una de las respuestas que da una cocina fabricada en Estados Unidos dotada de voz sintética a través de ordenadores)


106. Un versículo

Llévate el gris
que el gris va a ser la tierra

(De un electricista a otro, a propósito de un cable a colocar)


153. El levitador

El límite es el cielo.

(Lema que presidió todos los proyectos de Ogisa Otis, inventor del ascensor)


164. Que así sea

-Decime, mamá… ¿amén es como enter?

(Pregunta de un niño de diez años tras ser llevado por primera vez a una misa católica)


178. El instante

Sí, de la Librería. ¿Podría traerme una lágrima?

Así escuchó la poeta Mónica Claus pedir por teléfono un café con un poco de leche a la librería que acababa de darle el libro e Adorno “No se puede escribir poesía después de Auschwitz”)


188. Posmo

Cero: No ser
(Hamlet)

(Graffiti repetido en muros de la Avenida Alem, de Buenos Aires)


189. La humildad

Lo intenté, pero no pude hacer feliz a la vida.

(Inscripción en una tumba en Filadelfia, Pennsylvania, Estados Unidos)


Buenos Aires, bajo la luna, 2008
e-book Alacena roja, 2013


24/12/2008

Mozart Portraits – Cecilia Bartoli

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Wolfgang Amadeus Mozart

Cecilia Bartoli
György Fischer

Vienna Chamber Orchestra
Ingomar Raimer

 

Descarga y audio en línea

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1. Così fan tutte / Act 1 - "Temerari! Sortite!" - "Come scoglio!"        
2. Così fan tutte / Act 2 - "Ei parte...Per pietà"       
3. Così fan tutte / Act 1 - "In uomini, in soldati"   
4. Le nozze di Figaro / Act 3 - "E Susanna non vien!" - "Dove sono i bei momenti"   
5. Le nozze di Figaro / Act 4 - Giunse alfin il momento...Al desio di chi t'adora       
6. Don Giovanni / Act 1 - "Batti, batti, o bel Masetto"   
7. “In quali eccessi... Mi tradi”, K.540c - (Da Ponte)/Recitative and Aria (No.21bis) for Don Giovanni (version Vienna 1788)   
8. Davidde Penitente, K.469 - 3. Aria: "Lungi le cure ingrate"   
9. Exsultate, jubilate, K.165

 

 

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19/12/2008

Duke Ellington, Charles Mingus, Max Roach – Money Jungle

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  Duke Ellington — piano

Charles Mingus — double bass

Max Roach — drums

Grabado el17 de septiembre de 1962 en Sound Makers, New York City

 

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18/12/2008

Luis Buñuel - Un plesiosauro dormía

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Un plesiosauro dormía entre mis ojos
mientras la música ardía en una lámpara
y el paisaje sentía una pasión de Tristán e Iseo.

Tu cuerpo se ajustaba al mío
como una mano se ajusta a lo que quiere ocultar;
despellejada
me mostrabas tus músculos de madera
y los ramilletes de lujuria,
que podían hacerse con tus venas.

Se oía un galope de bisonte en celo
entre nuestros pelos que temblaban como las hojas
un jardín;
todos los diálogos de amor se parecen,
todos tienen acordes delirantes,
pero el pecho aplastaddo
por una música de recuerdos seculares;
luego viene la oración y el viento,
el viento que teje sonidos en punta
de una dulzura de sangre,
de aullidos hechos carne;

¿qué árboles, qué deseos de mares rotos
convertidos en níquel
o en un canto ecuménico de lo que pudo ser tragedia,
nacerán, los pájaros de nuestras bocas juntas,
mientras la muerte nos entra por los pies?

Tendida como un puente de besos de piedra dio la una.
Las dos volaron con las manos cruzadas sobre el pecho.
Las tres se oían más lejanas que la muerte.
Las cuatro ya temblaban de alba.
Las cinco trazaban con compás el círculo transmisor del día.
A las seis se oyeron las cabrillas de los alpes
conducidas por los monjes al altar.



Luis Buñuel, Obra literaria
Introducción y notas de Agustín Sánchez Vidal
Zaragoza, Editorial Heraldo de Aragón, 1982
Foto: Buñuel en 1972 by Jack Manning – © 2008 Getty Images


14/12/2008

Diana Damrau, última Reina de la Noche en La flauta mágica

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Der Hölle Rache. Charming and sophisticated performance of The Magic Flute at The Royal Opera House Covent Garden, lead by Colin Davis, directed by David McVicar. Scene from the second act, Dorothea Röschmann as Pamina is participating.


13/12/2008

Wolfgang Hildesheimer: Mozart y el imperativo fecal-inmanente

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mozart Retrato inacabado de Mozart

Oleo de Joseph Lange (1782/83 ó 1789)

La separación entre hombre y músico, toda separación entre el genio como emblema y el artífice de la propia obra, es el resultado de una comprensible perplejidad y es sin embargo ajeno a la realidad y se contrapone en sentido antididáctico a cualquier intento e análisis, adelantando la insinuación de que un aspecto nos sea más comprensible que el otro. Los estudiosos se han encontrado desorientados frente al fenómeno Mozart, en su dejarse llevar a expresiones incontrolables, en su repentino estallar en obscenidad y lenguaje soez, y han tratado de ignorar, disgustados y turbados, este aspecto para el cual no disponen de esquemas interpretativos, y ello sobre todo porque su imagen del genio es todavía herencia del romanticismo, que en el acercamiento psicológico al hombre no hace mucha diferencia entre poesía y verdad. El contenido escatológico e las cartas a la Väsle fue mantenido oculto el mayor tiempo posible. Pero una vez publicadas, las cartas impulsan a la apología: “No perjudican a Mozart”, exclama un biógrafo, Hans Dennerleine, contra quienes suponen que lo perjudica. “Es tan sólo una pose”. La imagen debe quedar pura de todo aquello que los intérpretes consideran impuro; cada expresión no musical del músico genial debe situarse en el campo de la estéticas o rozar los límites de la ética. Pero ¿es realmente sólo una pose la de Mozart? En el expresarse no musical, Mozart se atenía a veces al grado alcanzado en su “escala de lo vivido”, que condicionaba su humor y, no en último lugar, también sus opiniones. Mozart nunca es captable. No era experto en su alma, ni le interesaba medirla. En consecuencia nunca la reveló, salvo en algunos momentos oscuros, sobre todo al final de su vida.

[…]

Es significativo que hayan fracasado todos los intentos emprendidos por Mozart de traducir en música su propia chocarrería, a menudo forzada: Cuando la palabra no capta el tono justo, la música la corrige. Sobre todo en esas pequeñas obras en las que se abandona a un bienestar físico o al gusto por lo trivial, el brío y la elegancia del pensamiento musical atenúan el efecto provocativo buscado por el argumento. Esto especialmente en esos cánones cuyos textos se relacionan, por así decir, con imperativos fecal-inmanentes, como “O du eselhafter Martin” (Oh Martín, eres un asno, K.560, 1788) –traducido por el señor Breitkopf como “Gähnst du, Fauler denn schon wieder” (Sigue bostezando, haragán) para poder desviar a tiempo hacia otros canales el “Aufs Maul Scheissen” (Defecar en la boca) allí contenido…- o como “Leck mir den Arsch fein recht schön sauber” (Lámeme el trasero con esmero), K.382d, ¿1782?), versión Härtel: “Nichts labt mich mehr” (Nada me consuela más); o como “Leck mich im Arsch” (Hazte dar por el trasero, K.382c, 1782), transformado por Breitkopf en “Lasst froh uns sein” (Estemos alegres). Esta última exhortación al prójimo –en la versión original, claro está- Mozart sólo se la podía permitir en los momentos más despreocupados de su vida, aun cuando cuando ella correspondía a una actitud existencial que se le iba precisando cada vez más, como podemos extraer de algunas afirmaciones suyas escritas. También aquí la música reproduce al pie de la letra el contenido no sublimado del texto. La vulgaridad, aunque sólo fuese como alusión, es ajena a la música de Mozart, inclusive cuando las palabras parecen reclamarla: en estos casos, él compone contra el propio texto.

[…]

En sentido metafórico, Mozart siempre compuso contra sus propios textos, contra los textos de las cartas, de las anotaciones, y por lo tanto contra su apariencia, su modo de presentarse y su actitud. O al contrario, su verdadero lenguaje, la música, extrae sustento de fuentes incognoscibles para nosotros; la capacidad sugestiva de la cual ella vive se eleva tanto por sobre el objeto de la propia sugestión que éste se nos escapa. El autor de tal música es inabordable para nosotros.

 

 

Wolfgang Hildesheimer, Mozart

Trad.: Ariel Bignami

Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1982, págs. 60-62

12/12/2008

Witold Gombrowicz - Existencialismo

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gomb Lunes, 5 de mayo de 1969

EXISTENCIALISMO

 

 

 

El existencialismo es la subjetividad.

Personalmente, soy muy subjetivo y me parece que esta actitud corresponde a lo real.

El hombre subjetivo el hombre concreto.

No un concepto del hombre, sino Pedro o Pablo, pues el concepto del hombre no existe, dice Kierkegaard.

A causa de ello, al existencialismo le resulta monstruosamente difícil hacer razonamientos, pues los razonamientos se basan en conceptos y sólo gracias a la traición de Heidegger, que se adueñó del método fenomenológico, puede hablarse [frase incompleta].

El existencialista es un hombre subjetivo, libre. Tiene lo que se llama la libre voluntad, al contrario de un hombre visto desde el exterior científico, siempre sometido a la causalidad, como un mecanismo.

Esta atrevida tesis de que el hombre es libre carece absolutamente insensata en un mundo en que todo es causa y efecto. Se apoya en una sensación elemental: somos libres y no hay medio de convencerme de que si muevo la mano izquierda no es porque yo quiero. No es fácil precisar en qué se funda esta posibilidad de libertad.

Supongo que está fundada en una diferencia de tiempo. El tiempo del hombre no es el pasado sino el futuro. Si se hace algo, no es a causa sino para. «Leo para acordarme de», etcétera.

Si se trata del pasado, estamos ante la causalidad; en el porvenir, en la existencia del hombre, nos las tenemos que ver con el futuro.

Podemos decir, más profundamente, que en nuestra conciencia se encuentra la misma ruptura interior que se revela, por ejemplo, en la física.

El hombre, este ser para sí, está dividido en dos (con una abertura). Es en esta nada, en este vacío (esta abertura), donde se introduce la noción de libertad. La libertad tiene un papel enorme en Sartre porque es el fundamento de su sistema moral.

Sartre es un moralista y es curioso que en la filosofía francesa se produzca de nuevo la misma desviación observada por Husserl en Descartes.

Descartes, de una forma categórica en extremo, reduce el pensamiento a la sola descripción de la conciencia, pero de repente, aterrado ante la aniquilación de Dios y del mundo, se traiciona a sí mismo. Reconoce la existencia de Dios. Y de inmediato deduce de la existencia de Dios la existencia del mundo.

Pues bien, en el caso de Sartre nos las tenemos que ver, a mi juicio, con la misma cobardía. En El ser y la nada hay hasta unas quince páginas en las que Sartre hace esfuerzos dramáticos para fundar lógicamente un fenómeno que parece por completo evidente: la existencia de otro hombre distinto de «mí». Por ejemplo, el fenómeno de la existencia de Witold es el mismo que el de una silla.

Sartre analiza todos los sistemas: Kant, Hegel, Husserl; y demuestra que ninguno de éstos tiene posibilidad alguna de reconocer al otro. ¿Por qué? Porque ser hombre es ser sujeto. Es tener una conciencia que reconoce todo lo demás como objeto. Si yo admitiera que Witold tiene también una conciencia, entonces, yo soy por fuerza un objeto para Witold, que es el sujeto. Es imposible ser a la vez sujeto y objeto.

Ahora bien, aquí es donde Sartre se asustó. Su moral tan extremadamente desarrollada se niega a admitir que no haya otros hombres porque, si el otro es objeto, ya no hay deberes morales.

Sartre, siempre desgarrado entre el marxismo (científico) y el existencialismo (lo contrario) se asustó igual que Descartes. Declaró simple y honestamente que, aunque sea imposible reconocer la existencia del prójimo, no hay más remedio que reconocerla como una evidencia que salta a la vista. Aquí naufraga de forma dramática toda la filosofía de Sartre, todas sus posibilidades creadoras, y este hombre, dotado de un genio extraordinario, se convierte en un simple bonachón (marxismo-existencialismo) que, en el fondo está obligado a hacer una filosofía de concesiones. Su pensamiento se convierte en un compromiso entre el marxismo y el existencialismo. Y a partir de ese momento, cada uno de sus libros se convierte en la base de un sistema moral en que todo sirve para sostener una tesis ya concebida de antemano. Ahora bien, la base de este sistema moral es la famosa libertad sartriana.

Dice: «Soy libre, me siento libre. Por tanto, tengo siempre la posibilidad de elegir. Esta elección es limitada porque el hombre está siempre en una situación y puede elegir solamente dentro de esa situación. Ejemplo: puedo quedarme en la cama o ponerme a caminar, pero no puedo elegir volar, porque no tengo alas. Existe la libre elección de aquello acerca de lo cual el hombre es responsable. Si me niego a escoger entre dos posibilidades, ésta es también una manera de elegir la tercera actitud. Si no se quiere escoger entre el comunismo y el anticomunismo, existe la neutralidad». Sartre dice también que el hombre es creador de valores. Se trata de la consecuencia directa de un ateísmo obstinado, el más consecuente de toda la filosofía.

Esta es la situación: dado que hemos perdido la noción de Dios, convirtámonos entonces, nosotros mismos, a causa de nuestra libertad absoluta, en creadores de valores. Y, en este sentido, podemos hacer lo que queramos. Ejemplo: si ésta es mi elección, puede parecerme bien el hecho de asesinar a X o de no asesinarle. Las dos Posibilidades existen, pero, al elegirlas, me elijo a mí mismo como asesino o no.

Aquí creo reconocer en la filosofía un exceso de intelectualismo y la decadencia (el debilitamiento) de la sensibilidad. Los filósofos, salvo Schopenhauer, parecen personas cómodamente sentadas en sus poltronas y que tratan del dolor con un desprecio absolutamente olímpico, desprecio que desaparecerá cuando vayan al dentista y comiencen a gritar: «¡Ay!, ¡ay, doctor!». Con su desdén teórico hacia el dolor, Sartre declara que para un hombre que elija el dolor como un bien la tortura puede convertirse en un placer celestial. Esta afirmación me parece muy dudosa y muy propia de la burguesía francesa que, por fortuna, ha estado preservada desde hace mucho tiempo de grandes dolores. A pesar de la afirmación sartriana de que la libertad está limitada por la situación y por la llamada «facticidad» (el hecho, por ejemplo, de que tengamos un cuerpo, que seamos un hecho, un fenómeno en el mundo), a pesar de todas estas limitaciones, Sartre va demasiado lejos.

El hombre existencias es concreto, único, hecho de nada, por tanto, libre.

Está condenado a la libertad y puede elegirse. ¿Qué sucede si elegimos por ejemplo la frivolidad y no la autenticidad; la falsedad y no la verdad? Como no hay infierno, no hay castigo. Desde el punto de vista existencias, el único castigo es que este hombre no tiene una existencia verdadera. Por tanto, no es un existente. He aquí un juego de palabras, tanto de Heidegger como de Sartre, del que sin duda se burlará quien haya elegido la supuesta no existencia.

¿Qué porvenir tiene el existencialismo?

Muy grande.

No creo en los juicios superficiales, según los cuales el existencialismo es una moda. El existencialismo es la consecuencia de un hecho fundamental: la ruptura interior de la conciencia, que se manifiesta no sólo en las cualidades fundamentales del hombre sino que -algo extremadamente curioso- es evidente, por ejemplo, en la física, en la que hay dos medios de concebir la realidad:

-corpuscular

-ondulatorio

Ejemplo: teorías de la luz.

Ahora bien, ambas teorías son justas, como demuestra la experiencia, pero son contradictorias. Hallamos el mismo fenómeno en la noción de la física referida a los electrones, en la que hay dos maneras de concebirlos, que son, ambas, justas y contradictorias. Asimismo, en mi opinión, el hombre está dividido entre lo subjetivo y lo objetivo de una manera irremediable y para toda la eternidad. Es una especie de llaga que tenemos, de la que es imposible curar y de la que somos cada vez más conscientes. Dentro de unos años, será aún más «sangrante», pues

no hará sino aumentar con la evolución de la conciencia.

La profunda verdad de la dialéctica de Hegel (tesis-síntesis) aparece aquí. En estas condiciones es imposible exigir al hombre que sea-armonioso, que pueda resolver nada de nada. Impotencia fundamental.

Ninguna solución.

A la luz de estas reflexiones, la literatura que considera que puede arreglarse el mundo es la cosa más idiota que imaginarse pueda.

Un pobre escritor que se crea dueño de la realidad es una ridiculez. ¡Ay, ay, ay! ¡Huf!

 

En Curso de filosofía en seis horas y cuarto

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11/12/2008

Enxemplo del unicornio

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Un unicornio iba en pos de un homme por lo alcanzar, et el homme que se iba fuyendo falló un árbol, é so aquel árbol habia un foyo de serpientes é de sapos é de muchos lazos: en la raíz de aquel árbol habia dos gusanos, el uno blanco é el otro prieto, que non facian sinon roer el árbol. Et el homme que estaba encima del manzano comiendo de las manzanas, tomaba muy grand placer en las fojas que le parescian muy fermosas. Et de que estaba en esto vió ahé que los gusanos derriban el árbol; el homme cayó en este foyo do eran aquellas serpientes é matáronle todas. El unicornio se entiende por la muerte, de la cual ninguno non puede escapar; el árbol es el mundo; las manzanas son los placeres que el homme ha en este mundo en comer, en beber, é en fermosas mujeres; las fojas son las palabras apuestas que los hommes dicen, ó los fermosos paños que visten; los dos gusanos que roen el árbol son los dias é las noches que consumen todo el mundo. El homme mezquino é loco tomando placer en estas manzanas non para mientes en sí mesmo fasta que caye en la foya del infierno do ha muchos lazos é tormentos para tormentar á los hommes mezquinos sin fin.

 

Anónimo, siglo XV– Libro de los gatos