26 oct. 2008

Claudio Eliano - Historias de los animales, Libro I, 20 y 43





20

Son muchos los pájaros que cantan con delicadeza y que hasta llegan a hablar con su lengua tal como los hombres. Pero las cigarras sólo producen por sus partes laterales un chirrido monótono. Su alimento es el rocío y desde el nacimiento del día hasta la mitad del recorrido del sol, cuando el astro está aún en su apogeo, permanecen en silencio; pero tan pronto como el sol llega a la mitad de su camino, inician su himno típico -se podría definirlas como coreutas afanosas-, para cantar por encima de los pastores, caminantes y labriegos. Ese celo por el canto es la dota de la Naturaleza a los machos; la cigarra hembra es muda y se diría que es una joven púdica.


43

Por su voz dulce y melodiosa, el ruiseñor está a la cabeza de todos los pájaros y da amenidad a los sitios apartados con su trinar sutil y penetrante. Se dice que las carnes de este pájaro son buenas para poder estar en vela, aunque quienes se complacen en tomar semejante comida son seres malignos y llenos de necedad: es tremendo el don concedido a semejantes viandas, que ponen en fuga al sueño, señor de hombres y de dioses, según proclama Homero.