9 jul. 2008

William Faulkner - Orfeo




Aquí está, en pie, mientras la eterna noche desciende
como un sueño entre muros grises,
cayendo frágilmente, frágilmente cayendo
entre dos muros de mermada piedra
tan altos que la vista no puede alcanzar,
entre dos muros cubiertos de silencio.
Aquí está, en pie, sobre un lecho de hojas en el suelo,
en plata solemne de primaveras dispersas,
entre los suaves capullos verdes ante la puerta,
en pie, cantando.

La medianoche, desgajada en aguas siempre declinando,
pesada con flores brotadas que nunca mueren
y una voz llamando siempre, siempre llamando,
dulcemente, serenamente.

Yo soy ella, quien, entre infinitos rostros,
se inclinó hacia ti, hacia la música que dulcemente tañías,
quien caminó contigo, la mano en la mano, a través de espacios numerosos
y te siguió sin temor a través de numerosos bosques.

Yo soy ella, tejida en la lluvia,
balanceada al compás de la música que habías tocado en mí;
quien posó frías manos sobre ti, quien cantó por mil bocas...
Escucha de nuevo la voz, escucha de nuevo la voz...
¡Yo soy ella¡, ¡yo soy ella¡

La primavera despierta los muros de una fría calle,
sembrando plateadas semillas de dolor en helados parajes,
a través de praderas que semejan sencillos y callados rostros que sonríen,
a través de arrugados arroyos y hierba que conoció los pies de ella.

Estos sueños vulnerados se levantan ligeros en su mente
para caminar frágilmente junto a muros de sonido marmóreo
y, después, recostarse una vez más.

Yo soy él, quien, cercado por rostros,
miró profundamente en la espectral oscuridad de inflexibles ojos.
Levanto mi mano en la oscuridad inmóvil de rostros,
rompo hilos de lamentos de violín
mientras, débilmente, voy al lugar donde juntos caminamos y soñamos.

Yo soy él, quien, enfermo de belleza,
fluía a través de la oscuridad y la oscuridad cruzaba.
Junto a mí, inquietos miembros de sombra se revolvían y brillaban.
Soy el cerebro que, recostado en la tierra
florecía en tenebrosas briznas contra la oscuridad.

Estos sueños vulnerados se levantan, levemente, en dolor,
para caminar frágilmente junto a muros de sonido marmóreo
y, después, recostarse una vez más.

Y yo, levantado por manos de sombra,
voy dulcemente al lugar donde juntos caminamos y soñamos,
hacia una música tañida en nuestros cuerpos maridados, sosegadamente.

Miembros de sombra giran en espectrales zarabandas,
sus manos me tocan como tocaban y vagaban perdidas las manos de ella.

Yo soy él, soy él,
quien alzó las palmas de sus manos para pedir la lluvia;
cuyos sueños, caminando tan frágilmente, frágilmente declinando,
ahora se levantan y vuelven a caminar.

Y yo, quien caminó en una primavera recordada;
quien en los ojos ensombrecidos de ella y su garganta erguida,
dulcemente vio brotar la risa y desbordarse;
yo, soy las manos que apresaron este oro;
yo soy él, quien la oyó cantar;
quien la vio grabada dulcemente y va al lugar donde estos sueños,
en un tiempo aquietados, se levantan ahora, levemente, en dolor,
giran, crecen y se recuestan una vez más.


Yo soy él, soy él,
quien, a través de constante oscuridad,
tejió una fina red con hilo de dolor
para engañar al fantasma de la lluvia.
Yo soy él, quien, sin sueño, mirando profundamente hacia abajo,
vio las sombras cruzar marmóreos muros de sonido,
un mar en el que me hundo y, sin embargo, no puede ahogarme.

Yo soy él, soy él,
quien alzó las palmas de sus manos para pedir la lluvia,
cuyos sueños, caminando tan frágilmente, frágilmente declinando,
ahora se levantan y vuelven a caminar.

Aquí está, en pie, mientras la eterna noche desciende
como un sueño entre muros grises
cayendo frágilmente, frágilmente cayendo
entre dos muros de mermada piedra
tan altos que la vista no puede alcanzar,
entre dos muros cubiertos de silencio.
Aquí esta, en pie, sobre un lecho de hojas en el suelo,
en plata solemne de primaveras dispersas,
entre los suaves capullos verdes ante la puerta,
en pie, cantando


W. Faulkner,Vision in spring, 1923
Trad. Menchu Gutiérrez
Madrid, Editorial Trieste, 1987

Cortesía de Carmen Blázquez
Foto: WF recibe el Premio Nobel 1949 / Corbis