28 jul. 2008

Borges como actor - Un destino sudamericano




Jorge Luis Borges en Un destino sudamericano, film de José Luis Di Zeo, 1975


MADRID.- Ocurrió hace más de un cuarto de siglo, pero se sabe ahora: a los 76 años y ciego ya, Jorge Luis Borges se convirtió en actor de cine; uno que nunca pudo verse a sí mismo en la pantalla, pero que mantuvo la ilusión suficiente como para madrugar y llegar bien temprano al escenario de filmación, en la localidad bonaerense de Escobar.

Fue en la madrugada del 24 de junio de 1975. Hacía mucho frío y la locación, en pleno campo, estaba perdida en la niebla.

Pero, según recuerdan quienes trabajaron en el rodaje, lo primero que soportó Borges no fue el frío, sino el miedo escénico; le costaba actuar. Lo segundo, un accidente: metió el eterno bastón en lo que posiblemente haya sido una vizcachera. Casi se cae, pero no se cayó. Salió adelante e hizo su papel.

Y, junto con todo eso, ahora también se sabe que, en su fugaz faceta como actor, el máximo exponente de la literatura argentina exhibió un temperamento "nervioso, obediente, asustadizo y bien dispuesto". Y, también, generoso. Lo único que pidió a cambio de tres días de trabajo en filmación fue una botella de licor Pernod.

"Y, por supuesto, se la conseguimos", dijo José Luis Di Zeo, director de Borges, un destino sudamericano, la película documental inédita en la que, cuchillo en mano, el escritor se planta frente a la cámara y, en una sola toma, "lucha contra el destino" para representar un papel que, sin necesidad de ensayarlo, se sabía de memoria.

Ocurre que Borges aceptó asumir en esa toma el papel del alemán Juan Dahlman, protagonista de su cuento "El Sur", sobre el que se basa la película y al que Borges consideraba "el más autobiográfico" de sus relatos. Así, en la pantalla, el escritor revela la forma en que el personaje lucha en desigual combate contra la muerte, que termina alcanzándolo a cuchilladas.
Un trabajo serio

De poco más de media hora de duración, la película, de carácter documental, acaba de despertar de un letargo de tres décadas, en que permaneció dormida en un placard de Olivos. Ayer fue exhibida en una función privada, a la que tuvo acceso LA NACION. Y mañana será proyectada en la Casa de América, como escalón inicial de una gira europea.

Borges nunca quiso opinar sobre ella. "¿Qué puede decir un ciego sobre una película?", dicen que bromeó, al requerírsele su opinión sobre la cinta, tras su proyección privada en Buenos Aires. Ayer, el director Di Zeo reveló aspectos de esa aventura con el autor de Ficciones.

-¿Cómo fue que Borges aceptó convertirse en actor? -preguntó LA NACION.

-En realidad, él quería hacerlo, pero puede que nadie se lo haya propuesto antes. Borges, más que actuar, jugó con un cuchillo, pero se lo tomó muy en serio. Ese día, se levantó a las cinco de la mañana en su casa de Maipú, esperando que pasáramos a buscarlo. Estuvo nervioso, se peleó con la maquilladora y pidió perdón por tartamudear un poco. Fue extraordinario.
-¿Qué dijo Borges sobre el producto final?

-Bromeó con la idea de lo que puede llegar a decir un ciego sobre una película. Pero sí le llamó la atención su voz y dijo que había visto algunas sombras amarillas, que fue el último color que distinguió.

-¿Por qué no aprovechó su disposición para lograr más tomas?

-Porque me asusté. Al llegar al lugar de filmación, Borges tuvo miedo y al principio no quiso bajar del auto. Luego accedió, pero, apenas empezó el trabajo, metió el bastón en un agujero en la tierra y casi se cae. De modo que cuando hizo lo que el relato exigía no le pedimos más. Ya estaba. Había dado mucho. No hacía falta más.
-¿Se prestó Borges de buena manera?

-Al principio decía que no a todo; todo le parecía mal. Luego, lo fue haciendo. Jugó.

-¿Dijo él algo sobre el sitio donde debía filmarse?

-Sí. El me dijo que el almacén en el que transcurre el cuento estaba situado en una esquina de Lomas de Zamora y me dio las calles precisas. Pero cuando fui, allí había un edificio. Me dijo que podía ser, que él había visto el almacén muchos años antes y que lo había registrado, hasta que lo usó para el cuento.

-¿Cómo puede ser que la película haya estado tres décadas arrumbada?

-Es que en la Argentina de aquel entonces Borges no interesaba. La gente lo tenía en la biblioteca, pero no lo leía. La película sí se dio en algunos colegios secundarios y siempre vi entre los jóvenes fascinación por Borges y por cómo era. Creo que ahora las cosas han cambiado y que se abren nuevas perspectivas para este documental, al que aspiramos a convertir en largometraje con el añadido de material que aún no fue editado.

Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
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