18 may. 2008

Luciano Tanto - Mujeres y supersticiones, por qué no




 

 

 Cualquier gas, suficientemente comprimido, se transforma en otra cosa.

                                                                       Pero Grullo, Obras completas



 

       Sophie-Victoire Delaborde, cuando no bailaba en teatros ínfimos, se dedicaba, lisa y llanamente, a la prostitución.

       Más tarde prosperó, y se hizo amante de gente importante, y en todo caso ya sólo debía prostituirse con una sola persona, su legítimo marido, protector y amante.

        De allí que le resultara fácil, llegado el momento, darle un buen consejo a su hija, empeñada en triunfar en el periodismo como medio de vida, aunque obligada -en cuanto mujer, en la París de 1830- a gastar una fortuna en lavandería y planchadoras, sin olvidar los sombreros, la colección de faldas, blusas, chaquetas y vestidos.

 

        -  "¿Por qué no te vistes de varón, como hacían conmigo cuando era niña? Es mucho más barato" (*)

        Su hija, Aurore Dupin, luego célebre como George Sand, entendió perfectamente la idea.    

        También el precio que implicaba y el reconocimiento de un hecho: ser varón, de los géneros posibles, era sin duda el más útil.        

 

         Esta breve y verídica historia ofrece una primera y clara pista encaminada a funcionar como respuesta a la pregunta de "por qué las mujeres...", que Isaías Garde tuvo la audacia de proponer como coartada para machacarnos con el Malleus..., esa invención de los esbirros de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, equivalente en su finalidad a lo que fue la invención de parte de la policía secreta de la Rusia zarista de "Los protocolos de los sabios ancianos de Sión", para culpabilizar a los judíos y usarlos como chivos expiatorios, pero en este caso dedicada a las mujeres. 

         

         Para comprender todas las implicaciones y significados de este episodio de la vida de George Sand -una mujer que elige ser hombre para disminuir el costo del peaje que la cultura masculina dominante le impone a su condición de género- lo primero que hay que decir es que hechos similares se repiten en todos los períodos de la historia. 

         El mito fundacional hay que rastrearlo sin embargo en la nebulosa de los momentos originarios de Occidente, en Grecia, y en una figura concreta, Clitemnestra: cruel, pérfida, violenta, adúltera y asesina.

         O sea, como dice Eva Cantarella(**), el prototipo de la infamia femenina.

          Así lo entendían los griegos, y así lo confirmó Esquilo 458 años antes de la era común, con la reducción de ese mito en forma de tragedia, La Orestíada, y su primera puesta en escena en Atenas.  

          Damos por cierto que los participantes de esta lista y ocasionales lectores conocen La Orestíada y las complicadas alternativas que se desarrollan a lo largo de sus tres partes, de lo que originalmente era una tetralogía.

          Pasemos directamente a su apoteosis (en su tercera acepción), cuando la diosa Atenea instituye el primer tribunal de la historia ateniense, el Areópago.

          Como sostienen los historiadores y ensayistas más ilustres, con esto concluye la era de le venganza y se inicia el mundo del derecho. 

          Pero, curiosamente, esto que debería ser un momento de alta civilización política, lo que hace en realidad es confirmar que el escenario donde la Humanidad seguirá desarrollando el interminable drama de su existencia, es básicamente un club de hombres.

          La violencia que induce Clitemnestra a través de su espíritu sediento de venganza es violencia de género, ya que se opone a la infelicidad que los hombres de la "polis" le imponen a las mujeres: esto determina ¿para siempre? las relaciones entre hombres y mujeres.

          Así lo determina la primera sentencia del Areópago, que absuelve a Orestes ya que "no es la madre la generadora de ese a quien se conoce comosu hijo; ella sólo es la nutriente del germen en ella inseminado. El generador, es aquel que la insemina...".

         Ya está: la mujer como contenedor, vehículo sin voluntad propia, instrumento al servicio del hombre en su noble tarea de asegurar la perpetuación de la especie.

          Este es el insigne fruto cultural de una convicción que venía serpeando a través de la historia. Desde los albores tribales y prácticamente hasta el presente.

           Por si no bastara, a la potencia de la dramaturgia de Esquilo se une el saber de Aristóteles. Es obvio, dice el filósofo, que las mujeres “también”  participan en la procreación: para la formación del embrión, junto al esperma concurre la sangre menstrual, pero con rol diverso. El esperma es sangre como el residuo menstrual pero más elaborado. Y sigue: la sangre no es otra cosa que el alimento que el organismo no expulsa; pero la mujer, con menor temperatura corporal, no logra cumplir la última transformación, que da origen al esperma. En la reproducción, es el semen masculino el que lleva su punto de "cocción" al residuo femenino, transformándolo así en un nuevo ser.

           A ver si nos entendemos, la mujer es indispensable, sí, pero como la carretilla que lleva los ladrillos para la construcción de una casa. 

           En síntesis, la mujer es materia, el hombre infunde el espíritu. Se oficializa de este modo la subalternidad de la mujer, teorización sobre la que se funda el nacimiento del derecho y del Estado.

           Otros "clubes masculinos", las religiones, se apropian y fomentan esta visión de la organización social. Sobre todo las iglesias "del libro" o "monoteístas" (una falsedad en lo que se refiere al Cristianismo, que canibaliza tradiciones romanas y propone una interminable colección de dioses menores en la figura de los santos y -de hecho- la multiplicidad de vírgenes, todos con idéntico poder para hacer milagros, sin olvidar esa idea fascinante y absurda generada por la escolástica medieval, la Trinidad que es una sola cosa).

            La idea es básicamente simple, fácil de entender. En las sociedades primitivas, el brujo, el científico, el sanador y el rey son la misma persona. El fundamento es la fuerza física y la ambición de poder, ejercidos con pertinaz exclusión de las mujeres, "subalternizadas" por la maternidad y amenidades afines.

            La mujer puede ser madre, esposa, amante, virgen, diosa, pero de ninguna manera persona.

            El espacio que le deja la civilización (el vocablo más equívoco de la historia), está perfectamente acotado, su rol es preciso, sus derechos específicos desconocidos.

            Condenada a la dependencia económica, a la ignorancia y la eterna amenaza de la desprotección, potencia sus dotes naturales -la compasión, el amor por la vida, la atención del enfermo y los hijos pequeños, etc.- transformados en virtudes curativas y de consolación. Significa que el enemigo asoma nuevamente bajo nuevas formas y actos, que habrá que transformar en delito.

             El poder criminaliza entonces estas dotes femeninas, invirtiendo su significación: la mujer se transforma en bruja, hechicera (que "hace cosas"), aliada del demonio y motivo lujurioso de la perdición del hombre, según explica la Biblia. 

             Los últimos juicios de la Inquisición española en América, se llevan a cabo a fines del s. XVIII en el norte de la Argentina (Tucumán). En la mayor parte de los casos son contra prácticas de medicina entendidas como brujería.

              A este punto es importante consignar la relación mujer-brujería-sexualidad. 

              Muy ilustrativo es un libro que deberían leer todas las mujeres, en especial las pías y creyentes devotas: Eunucos para el reino de los cielos. La Iglesia Católica y la sexualidad, Editorial Trotta, España (Eunuchen für das Himmelreich. Katholische Kirche und sexualitat). Lo publicó en 1988 la teóloga católica alemana Uta Ranke-Heinemann.

              Fue la primera(!) mujer habilitada por el Vaticano para enseñar teología en la Universidad, pero también la primera en ser alejada del magisterio por su interpretación histórica de los hechos de la iglesia, y su explicación de la concepción virginal de María en sentido estrictamente teológico y no biológico.

              El título del libro alude a la respuesta que la Biblia le atribuye a san Pablo -un encallecido misógino- sobre los motivos de la abstinencia sexual de los fundadores del Cristianismo, "eunucos" celestiales que cercenaban su sexualidad en beneficio de la divinidad.

              Una actitud que evoca la conocida opinión de Aldous Huxley sobre el tema: “de las perversiones sexuales, la abstinencia es sin dudas la peor”, posición que puede compartirse o no, pero que enfoca claramente lo antinatural del insólito sacrificio.

              Uta Ranke H. reúne material histórico sobre las raíces del pesimismo pre-cristiano en materia sexual (Grecia, como ya vimos, pero también Roma), que de su carácter médico y filosófico inicial (la abstinencia como templanza y virtud moral), pasa a ser motivo de pecado, por lo general provocado... por las mujeres.                        

              La guetización femenina (algo más de la mitad de la humanidad) es uno de los hechos más relevantes y negativos de la historia, que sólo en el s. XX logró alcanzar el necesario grado de escandalosa denuncia pública.

              Mientras la historia es un escenario masculino, y la presencia de la mujer es preferentemente crítica, o alude a su idealización, sólo las personas con cierto grado de instrucción conocen los nombres y los hechos de mujeres de altísimo valor intelectual, artistas, literatas, científicas. etc. 

               Un ejemplo. En ocasión del Bicentenario de la Revolución Francesa, y como tardío pero útil signo de los tiempos, a alguien se le ocurrió hacer una primera, tímida lista de mujeres (¡sólo escritoras!) importantes para la historia de Francia, una realidad obvia para cualquier otra especialidad, cultura o país, si las condiciones hubieran sido las necesarias. 

                Esta realidad fue recopilada y analizada en el excelente libro Writings by Pre-Revolutionary Women. From Marie de France to Elizabeth VGigée-Le Brun, editado por Anne R. Larsen & Colette H. Winn (Rutledge, 2000). 

               La lista siguiente alcanza para confirmar dos cosas: la “cultura” ignora estos nombres, y mucho más el gran público; cubre un amplísimo arco histórico, durante el cual y según los libros de historia corrientes, prácticamente todo lo que se escribió y que valió la pena fue hecho por hombres.  

                (Los años señalan el momento de publicación de la obra más importante de cada autora, o el período de mayor actividad): Marie de France (1150 - 1200), Gormonda de Monpeslier (1227 - 1229), Marguerite de Navarre (1531), Hélisenne de Crenne (1540), Charlotte de Bourbon (1565 - 1582), Georgette de Montenay (1571),  Marie de Romieu (1581), Catherine de Roches (1583), Gabrielle de Coignard (1594), Anne de Marquets (1605), Madame de Mornay (Charlotte Arbaleste de la Borde, 1595 - 1605), Marie de Gourbay (1616), Madeleine de Scudéry (1642), Madame de Saint-Balmon (Alberte-Barbe d'Ernecourt, 1650), Françoise Pascal (1669), Françoise d'Aubigné, marquis de Maintenon (1694 - 1716), Madame de Sévigné (Marie de Rabutin-Chantal, 1648 - 1696), Madame de Villedieu (Marie-Caterine Desjardins, 1672 - 1674), Cathwerine DFurand (1699), Anne-Marguerite Du Noyer (1704), Anne Thérèse de Lambert (1690 - 1700), Madame de Gomez (Madeleine-Angelique Poisson, 1724), Marie-Anne Fiquet Du Boccage (1749), Françoise de Graffigny (1750), Marie-Jeanne Riccoboni (1757), Louise d'Epinay (1792), Isabel de Charrière (1785 - 1787), Charlotte Elisabeth Aïssé (1787), Olympe de Gouges (1792), Elisabeth Vigée-Le Brun (1835-1837) (1835 - 1837).

                A esta lista extraordinaria hay que agregar -saltando un siglo y medio- por amplísimo derecho propio, y por cumplirse este año el centenario de su nacimiento, a Simone de Beauvoir, que con El segundo sexo y al decir del filósofo Bernard-Henry Lèvy (“La mujer que mató a Madame Bovary”, artículo periodístico de mayo 2008), cumplió la única revolución exitosa del sXX, en un período de cruciales revoluciones "masculinas" que por lo general terminaron en feroces dictaduras.

                "El segundo sexo" (1949) también debería ser de lectura obligatoria para las mujeres, ya que hizo por ellas y su colocación en el centro de atención de la historia, lo que nunca se había conseguido hasta ese momento.  

                 Volviendo a la superstición y su presunta filiación femenina, es interesante mencionar por último un exquisito relato breve de Marguerite Yourcenar, Maleficio, de su libro Cuento azul, Alfaguara 1995, (Conte blue, Gallimard, 1993).

                 La autora francesa, haciendo gala de su indiscutible talento y  más allá de su capacidad, termina pagando el precio que impone el prejuicio que la "cultura" le exige de tantas maneras a las mujeres: una joven, en un lugar lejano de toda lejanía, "descubre" en sí misma "el alfabeto de las brujas", ofrecido aquí como presunto premio secreto a su condición de género.  

                 La mujer como protagonista y presa de la "superstición", no es entonces otra cosa que la representación de un escenario –abundantemente  negativo- donde millones y millones de mujeres a través del tiempo y  escondidas detrás de la flor venenosa de la falta de educación y la negación de su derecho al propio espacio, hacen su obligada ofrenda a la subordinación en la que las instaló la historia en la versión escrita por la otra mitad de la humanidad. (Eleté).  

 


(*) Fernando Díaz Plaja: George Sand y Frédéric Chopin, (Plaza & Janés, 1999)

(**) Eva Cantarella: Mujeres contra, entre arte y memoria, conferencia (Florencia, 2008) 



 

Luciano Tanto, nacido el 11 de abril de 1942 en Verona (Italia), radicado en Salta (República Argentina). Periodista, colaborador en diferentes medios locales y nacionales, corresponsal en Europa a fines de los años 70 y principio de los 80. Conferencista, autor de ensayos sobre cultura, política y periodismo. Fundador y co-fundador de entidades culturales y publicaciones de interés general. Actualmente edita una página de opinión, cultura, política local, nacional e internacional y participa como columnista en una radio local.