9 mar. 2008

Martin Gardner - El gran misterio del huevo en equilibrio.


No cabe la menor duda de que la mente puede ejercer fuertes influencias, totalmente subconscientes, sobre tareas en las que intervienen las manos. Es el secreto del tablero Ouija. Es el secreto de la brusca inclinación de las varillas radiestésicas cuando el radiestesista cruza sobre ciertos puntos del terreno. Antes, en las tiendas de baratijas se vendía un artículo llamado «indicador del sexo». Consistía simplemente en una pequeña pesa atada al extremo de un cordel. Se puede hacer uno en un santiamén. Se sujeta el extremo libre del cordel, dejando que la pesa cuelgue. Si se sostiene la pesa sobre la mano de un hombre, oscila de delante atrás en línea recta. Si se sitúa sobre la mano de una mujer, oscila en una órbita elíptica. Por supuesto, esto sólo funciona si la persona que sostiene el cordel sabe qué esperar. Los movimientos subconscientes de la mano hacen que el artefacto cumpla las expectativas.

Hace poco hubo un escándalo basado en el efecto del tablero Ouija: se aseguraba que algunos niños autistas, ayudados por un «facilitador», eran capaces de escribir a máquina largos documentos, muy por encima de la capacidad del niño para comunicarse hablando. Mediante ingeniosas pruebas, se demostró que el facilitador guía subconscientemente las manos del niño autista mientras éste pulsa las teclas. Incluso se han dado casos de niños autistas que, en manos de facilitadores neuróticos, han mecanografiado falsas acusaciones de espantosos abusos sexuales perpetrados por sus amantes padres.

Durante más de un siglo, los magos han localizado objetos escondidos valiéndose de lo que en el oficio se llama «lectura muscular». Una persona que sabe dónde está escondido el objeto agarra la muñeca del mago. Las presiones subconscientes de la mano del voluntario guían al mago hasta el lugar correcto. (Debo añadir que algunos magos, no queriendo correr riesgos con un espectador poco cooperativo, tienen un colaborador entre el público que envía señales electrónicas mediante un interruptor de lengüeta oculto en un zapato. Un pequeño receptor adosado al cuerpo del mago produce pulsaciones que le indican hacia dónde ir.) Uno de los ejemplos más divertidos de control de la mente sobre el cuerpo es el antiguo ritual chino de poner huevos frescos de gallina en posición vertical sobre el extremo ancho, el primer día de primavera. La idea de que la posición del Sol o de los planetas en ciertos días puede influir en las fuerzas gravitatorias que actúan sobre el huevo es tan ridicula que los físicos se ríen de esta hipótesis. Sin embargo, personas inteligentes que no saben nada de ciencia y tienen tendencia a las creencias paranormales creen de verdad que en ciertas épocas del año es más fácil poner en equilibrio un huevo que en otras épocas.

Este ritual del equilibramiento de huevos parece remontarse a la antigua China. Según la tradición, en el día de Li Chun (el primer día de primavera; el nombre significa «comienza la primavera») a los huevos les resulta más fácil equilibrarse sobre una superficie lisa que en los demás días del año. Esta leyenda aparece recogida en antiguos libros chinos de fecha incierta, como El caleidoscopio secreto y Saber lo que saben los cielos.

La leyenda llegó a Estados Unidos en 1945, cuando la revista Ufe publicó en su número del 19 de marzo un artículo de Annalee Jacoby que describía el ritual. Al igual que nuestro día de Acción de Gracias, Li Chun es una fecha variable. Suele caer en el 4 ó 5 de febrero. En 1945 fue el 4 de febrero, vigésimo segundo día del duodécimo mes lunar chino. Algunos años no tienen Li Chun. Se les llama años lunares «ciegos», porque son incapaces de «ver» el primer día de primavera. Otros años lunares pueden tener dos Li Chuns consecutivos.

Según el artículo de Ufe, la mayoría de la población de Chungking se dedicaba a equilibrar huevos el día de Li Chun. Por toda la ciudad se podían ver huevos frescos, con la cascara intacta, de pie sobre el pavimento, las mesas y otras superficies. Corresponsales de la United Press enviaron reportajes acerca de esta manía.

Se dice que Albert Einstein comentó que no creía que la fecha influyera en modo alguno en el equilibrio de los huevos. Chungking estaba dividida en creyentes y escépticos. Alguien propuso equilibrar un gran número de huevos formando las palabras «Einstein está chiflado», pero todo quedó en nada.

Por razones que reflejan la ignorancia científica de la masa, combinada con su afición a los milagros, la idea de que los huevos frescos son más fáciles de equilibrar el primer día de primavera causó sensación en Estados Unidos. Sin embargo, aquí el primer día de primavera coincide con el equinoccio vernal, cuando el Sol cruza el ecuador y el día y la noche tienen igual duración.

Esto ocurre hacia el 21 de marzo, más de un mes después del primer día de la primavera china. Pero esta discrepancia no preocupó a los creyentes norteamericanos.

El artículo de Ufe desencadenó una pequeña epidemia de equilibramiento de huevos, no sólo en Li Chun sino en el equinoccio vernal. La manía alcanzó su momento culminante casi cuarenta años después, en 1983 y en Manhattan. Según un reportaje de tres páginas publicado en The New Yorker (4 de abril de 1983), una creyente llamada Donna Henes organizó su sexta ceremonia anual de equilibramiento de huevos en el parque Ralph J. Bunche, donde se cruzan la Primera Avenida y la calle 42, enfrente del edificio de las Naciones Unidas. El 20 de marzo, el Sol cruzó el ecuador exactamente veintiún minutos antes de la medianoche. En aquel instante, según creía Henes, los huevos se equilibrarían fácilmente sobre su extremo ancho.

Henes era entonces una artista de 37 años muy comprometida con campañas a favor de la paz mundial. Con su ritual de equilibramiento de huevos pretendía promover la armonía internacional. El acto se inició disparando 52 bengalas de emergencia, una por cada semana del año. Cuando las bengalas se apagaron, Henes distribuyó 360 huevos frescos donados por los Productores de Huevos de la Costa de Jersey, que tenía preparados en un cesto de colada. ¿Por qué 360? Porque, según explicó Henes, la circunferencia de la Tierra tiene 360 grados.

«La primera vez que hice esto —le dijo Henes al New Yorkgr—, creía que había que utilizar huevos ecológicos. Pero resultó que no es preciso.» Dijo que no tenía ni idea de por qué los huevos se equilibraban el día del equinoccio. «Lo hacen, y eso es todo.

Algunos amigos me han dicho que incluso se pueden utilizar huevos sacados del frigorífico. Ni siquiera tienen que estar a la temperatura ambiente.» Varios centenares de pacifistas se congregaron para el ritual de 1983. Según The New Yorker, la música corría a cargo de «dos ocarinas, dos saxofones, un cascabel, una armónica, cuatro silbatos y una pandereta». En las verjas de hierro que rodeaban el parque se ataron mensajes de paz escritos en cientos de cintas de color naranja. Las frases eran del tipo «¡Amistad mundial! ¡La queremos ahora!», «El universo se extiende ante nosotros, inefablemente profundo» y «Si la paz viene a la Tierra, Donna será uno de los principales responsables».

Durante varios minutos, antes del equinoccio, Henes cantó un lema pacifista; a continuación, equilibró cuidadosamente un huevo sobre la base de hormigón de una escultura abstracta titulada Forma de Paz Uno. Por todo el pequeño parque se equilibraron huevos sobre el pavimento e incluso sobre la verja de hierro. Un hombre puso en pie un huevo sobre la línea divisoria de la Primera Avenida, y allí quedó el huevo hasta que fue aplastado por un taxi a cuadros. Henes se movía entre la multitud, estampando en los huevos con un sello de goma las palabras «Este huevo se mantuvo en pie, 20/3/83».

El reportero del New Yorker estaba impresionado. Ninguno de los físicos consultados por la revista había oído hablar del equilibramiento de huevos en el equinoccio, y a ninguno se le ocurría una razón para que se equilibraran. El mago James Randi le aseguró a la revista que los huevos se equilibraban con igual facilidad cualquier otro día, pero el reportero del New Yorker no se lo creyó. Dos días después, el periodista llevó una docena de huevos al parque Ralph J. Bunche y lo intentó durante veinte minutos, sin conseguir poner en pie ni un solo huevo.

Este autoengaño no es difícil de entender. Si uno está convencido de que un huevo se equilibrará con más facilidad un día concreto, lo intentará con más ahínco, será más paciente y tendrá un pulso más firme. Si uno no cree que los huevos se equilibran los demás días, esta convicción se transmitirá subconscientemente a las manos. Es el antiguo fenómeno del tablero Ouija.

Incluso The New Yorker admitía esta posibilidad:

El problema puede haber consistido en que no queríamos que el huevo quedara en equilibrio, en que deseábamos que Donna Henes tuviera razón. Una cosa que nos dijo poco después del equinoccio sigue dándonos vueltas en la cabeza: «Cuando cojo un huevo en ese momento preciso, siento como si el universo entero estuviera en la palma de mi mano. Y cuando se queda en equilibrio, cuando se queda ahí, resulta muy relajante. Me siento muy protegida. Es como si todo el universo funcionara bien.» Que un huevo se quede en equilibrio o no depende de muchas condiciones, además de la firmeza de las manos. Los principales factores son la rugosidad del extremo del huevo y la rugosidad de la superficie sobre la que se coloca el huevo. Una superficie de hormigón, por ejemplo, es tan irregular que no resulta difícil encontrar un punto en el que se pueda equilibrar cualquier huevo.

Además, debido a las ligeras irregularidades de la propia cascara del huevo, a veces se puede poner vertical incluso sobre una mesa lisa. Sin embargo, si se lija el extremo del huevo hasta dejarlo perfectamente pulido, resulta imposible equilibrarlo sobre cristal o fórmica.

La ceremonia de equilibramiento de huevos de Donna Henes se repitió muchos años más. En 1984, cinco mil personas participaron en el acontecimiento, que tuvo lugar en la plaza del Worid Trade Centén Scott Morris, en su columna mensual de Omni (marzo de 1987), cubrió el décimo ritual anual de Henes. «No sé por qué funciona —le dijo Henes a Morris—, pero funciona. Tal vez se deba a que durante el período que rodea al momento exacto del equinoccio, el Sol se encuentra directamente encima del ecuador y la Tierra está en equilibrio con el universo.» Nadie le preguntó a Henes por qué sale tan bien en China el 4 y el 5 de febrero. Los fanáticos de la astrología encuentran dificultades similares para explicar por qué la astrología funciona tan bien en China e India, donde no se parece en nada a la astrología occidental. ¡No es posible que las tres astrologías sean correctas! Algunos creyentes aseguran que los huevos se equilibran también, con igual facilidad, en el equinoccio de otoño, hacia el 23 de septiembre, pero el equinoccio vernal sigue siendo la fecha más popular. No sé si aún se sigue celebrando un rito anual en Manhattan. El informe más reciente que he podido encontrar en el New York Times era de 1988. Un editorial del 19 de marzo llevaba el título «Es primavera, vaya a poner en pie un huevo». Al día siguiente, el Times decía que docenas de personas pensaban reunirse el 21 de marzo ante el Worid Trade Center para empezar a poner en pie huevos en el momento exacto en que comenzara el equinoccio. En el Times del 21 de marzo aparecía una fotografía del acto.

Robert Novick, físico de la Universidad de Columbia, aparecía citado, diciendo que las fuerzas gravitatorias son demasiado débiles para ejercer alguna influencia sobre los huevos. Morris me ha dicho que Henes se ha mudado a San Francisco. Le escribí una carta, pero no me ha respondido.

Los magos tienen un sistema para equilibrar huevos sobre superficies duras y blancas, pero con trampa. Se hace un montoncito de sal, se equilibra el huevo sobre el montoncito — se puede hacer incluso por el extremo delgado— y se sopla con cuidado la sal. Quedan unos pocos granos indetectables que mantienen el huevo en pie.

La historia de Cristóbal Colón poniendo en pie un huevo fue contada por primera vez por Girolamo Benzoni en su Historia del Nuevo Mundo (1565). Se dice que Colón asistió a una fiesta en la que alguien le dijo que, aunque él no hubiera descubierto las Indias, algún español las habría descubierto tarde o temprano. Colón pidió un huevo y desafió a todos los presentes a ponerlo en equilibrio. Cuando todos hubieron fracasado, él equilibró el huevo aplastando un extremo. Con ello quería decir que cuando una cosa está ya hecha, resulta fácil ver cómo se hace.

Quince años antes, Giorgio Vasari había contado una historia similar en su libro Vidas de los más eminentes pintores, escultores y arquitectos (1550). El arquitecto italiano Filippo Brunelleschi había diseñado una cúpula para una catedral de Florencia llamada Santa María del Fiore. Las autoridades de la ciudad exigieron ver la maqueta, pero él se negó. En cambio, retó a un grupo de arquitectos a poner en pie un huevo. Aquel que lo consiguiera, les dijo, podría encargarse de construir la cúpula. Después de que todos fallaran, demostró cómo se podía hacer, dando un golpe con el huevo sobre una mesa de mármol para aplanar un extremo. «Los arquitectos protestaron, diciendo que ellos podrían haber hecho lo mismo, pero Filippo respondió que también habrían podido construir la cúpula si hubieran visto su maqueta. Y así se decidió que sería él el encargado de realizar la obra.» Cuando por fin se construyó la iglesia, años antes de que Colón emprendiera su viaje, la cúpula tenía forma de medio huevo, ligeramente aplanada por arriba.

Hay un rompecabezas mecánico popular que es un huevo que sólo se puede equilibrar si descubres su secreto. Jerry Slocum, de Beverly Hills (California), que posee la mayor colección del mundo de rompecabezas mecánicos, me proporcionó una historia de los huevos equilibrables. Me envió diecisiete páginas de antiguos catálogos en los que se anunciaban estos huevos, empezando por el «Huevo de Colón» de Montgomery Ward, de 1894. También envió las primeras páginas de dieciocho patentes estadounidenses —la primera, de 1891— para equilibrar huevos. Sus mecanismos interiores varían mucho. Los hay con pesas que deben manipularse, con mercurio que hay que hacer pasar por tubos, y con bolas de acero que hay que hacer rodar en trayectorias espirales hasta el centro del huevo, o guiar a través de un laberinto.

El «Profesor Hoffmann», en Puzzles Oíd and New (Londres, 1893), describe un Huevo de Colón que contiene un cono hueco con un agujero en lo alto. El rompecabezas se resuelve haciendo rodar una bola por un surco ascendente hasta que cae dentro del cono y se asienta en la base. Se puede ver una fotografía de este huevo en la edición del libro de Hoffmann publicada de manera particular por L. E. Hordem (Londres, 1993), profusamente ilustrada con fotografías de rompecabezas de la colección de Hordem.

El coleccionista de rompecabezas Robert Darling, de Johnson City (Tennessee), me dio un curioso huevo que se vende actualmente en Alemania, fabricado por una empresa llamada Pussycat. Sólo se mantiene en equilibrio si se sujeta con el extremo delgado hacia arriba durante veinticinco segundos y después se invierte rápidamente. Entonces se equilibra sobre el extremo delgado durante quince segundos, y después cae.

Por último, debo mencionar el célebre superhuevo de Piet Hein, que se comenta en el capítulo 18 de mi libro Mathematical Carnival* (1977, Random House). Se equilibra perfectamente sobre cualquier extremo, sin ningún truco.

Addendum.

Monty Vierra me escribió desde Taiwán diciendo que allí también se ponen en pie huevos, no el primer día de primavera, sino el quinto día del quinto mes lunar, llamado duan wu jie, que viene a caer en alguna fecha de nuestro mes de junio.

Donna Henes, que se anuncia como «chamán y ceremonialista urbana», sigue organizando rituales de equilibramiento de huevos en Manhattan cada primavera. Además, mantiene una actividad incansable en los círculos de la Nueva Era desde su Mamma Donna's Tea Garden and Healing Haven, PO Box 380403, Exotic Brookiyn, NY 11238-0403. Dicha tienda vende una gran variedad de «instrumentos rituales multiculturales y artículos ceremoniales, incluyendo tés mezclados especialmente». Por 75 dólares la hora, cualquiera puede tener una consulta privada con Mamma Donna (un mínimo de dos horas para la primera cita).

El libro de Henes Celestial Auspicious Occasions: Seasons, Cycles and Celebrations se publicó en 1996, editado por Perigee.

En 1998, Henes empezó a publicar un informativo trimestral titulado Always in Season: Living in Sync with the Cycles. En febrero de 1998, Henes organizó una expedición a la isla antillana de Antigua para ver el último eclipse total de Sol de este siglo en el hemisferio occidental. El precio era 729 dólares por persona. Según un anuncio que recibí, habría tambores, danzas y cánticos en la playa. La astróloga Geraldine Hannon estaría disponible para ofrecer información, y la psíquica Patricia Einstein hablaría sobre los efectos de los eclipses sobre «el subconsciente creativo, el mito y el símbolo».

En ¿Tenían ombligo Adán y Eva?