7 mar. 2008

Martin Gardner - Carlos Castaneda y la antropología de la Nueva Era


Entre los antropólogos norteamericanos hay una ruidosa minoría que cree firmemente en la realidad de la percepción extrasensorial, la psicoquinesis, la precognición y otras maravillas psíquicas, y sobre todo en los poderes paranormales de los chamanes y hechiceros de culturas primitivas. En marzo de 1999, una sección de la Asociación Antropológica Americana, que se hace llamar Sociedad para la Antropología de la Conciencia, organizó un congreso de cinco días en la Universidad de California en Berkeley.

Era su decimonovena conferencia de primavera.

Yo no asistí, y tampoco he enviado los 140 dólares que costaban las grabaciones de las cincuenta conferencias pronunciadas por portavoces de la contracultura, pero tengo un ejemplar del programa de 27 páginas del congreso, que me envió mi amigo Jim Bréese. «Hace poco —me decía en su carta—, te quejabas de cierto programa que había en la Universidad de Temple. Pues si aquello te pareció malo, echa un vistazo al programa adjunto».

Efectivamente, me espantó lo que vi. Lo que más me llamó la atención fue el número de oradores que elogiaban con entusiasmo al difunto seudoantropólogo Carlos Castañeda.

No se conocen muchos datos ciertos sobre Carlos, porque solía dar falsa información sobre su vida. Eludió con tanto éxito los intentos de fotografiarle que la única foto publicada en Estados Unidos en la que se ve claramente su cara corresponde a una graduación universitaria en 1959. Ahora sabemos que se llamaba Carlos César Arana Castañeda y nació en 1925 en Cajamarca, Perú (y no en Brasil, como declaraba con frecuencia). Pocos años después de terminar el instituto en Lima, se casó, pero en 1951 abandonó a su mujer y su hijo para marcharse a California. Durante unos cuantos años vivió en San Francisco; después se trasladó a Los Ángeles, donde siguió unos cursos de periodismo y escritura creativa en el City College. En 1960 se casó con Margaret Runyon. Sólo vivieron juntos durante seis meses, pero no se divorciaron hasta trece años después.

Carlos Castaneda

Una fotografía de Margaret ilustra el artículo de ésta «My Husband Carlos Castañeda» («Mi marido, Carlos Castañeda»), que apareció en Fate en febrero de 1975. En él le describe como un hombre de 1,65 de estatura, con ojos oscuros,,pelo negro y rizado y piernas «desproporcionadamente cortas». Tenía el rostro redondo y angelical, y la piel morena.

Carlos tenía la costumbre de desaparecer de repente y regresar cuando menos se le esperaba, sin decirle a Margaret dónde había estado. Siempre telefoneaba desde cabinas públicas. Margaret dice que durante algunos períodos trabajó de taxista, llevó la contabilidad de una tienda de ropa de mujer y fue dependiente en una tienda de licores, de donde le traía «vinos maravillosos». Puede que estos trabajos fueran reales y puede que no, porque nunca era posible saber si Carlos decía la verdad. Las cartas que enviaba a su esposa iban sin firmar.

En 1968, Carlos era estudiante de antropología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y en su editorial universitaria publicó su primer libro. Las enseñanzas de Don Juan:

La vía yaqui al conocimiento (Fondo de Cultura Económica, 1993). El libro cayó en el mercado de la Nueva Era como una bomba. Las ventas se dispararon y Castañeda se hizo rico y famoso al instante.

El libro cuenta cómo Castañeda, durante un viaje de estudios a México en 1960, conoció a Don Juan en una cochambrosa estación de autobuses de Arizona. Don Juan resultó ser un anciano hechicero yaqui con grandes poderes mágicos y una risita aun más persistente que la del Maharishi de la Meditación Trascendental.

Castañeda se convirtió en el aprendiz de Don Juan. Su progreso incluía la frecuente ingestión de drogas como el cactus peyote, el estramonio (Datura) y diversos hongos alucinógenos. El tema principal del libro es que más allá de nuestro mundo normal hay un reino extraordinario en el que uno puede hablar con los animales, e incluso convertirse en animal, y experimentar toda clase de maravillosos milagros. Este otro mundo, tan familiar para los chamanes yaquis, es tan real como el nuestro.

Al primer libro de Castañeda le siguieron otros nueve, todos éxitos de ventas, que se tradujeron a unos veinte idiomas. Por orden de publicación, son: Una realidad aparte (Fondo de Cultura Económica, 1991), Viaje, a Ixtlan (Fondo de Cultura Económica, 1990), Relatos de poder (Fondo de Cultura Económica, 1993), El segundo anillo de poder (Swan, 1993), El don del águila (Gaia Ediciones, 1994), El fuego interno (Swan, 1987), El conocimiento del silencio (Gaia Ediciones, 1994), Nuevas lecciones de Don Juan y El arte de ensoñar (Seix Barral, 1997).

En 1972, la UCLA, en un arrebato de ofuscación, otorgó a Carlos el título de doctor en antropología. Su tesis estaba basada en Viaje a Ixtlan. Aunque el público, cautivado por las fantasías Nueva Era y los placeres de las drogas que alteran la mente, se tragaba sin rechistar los libros de Castañeda, los antropólogos normales se sintieron indignados. Meticulosas investigaciones descubrieron que sus libros estaban plagados de contradicciones, errores de bulto y montones de material rapiñado a otros autores.

Don Juan sólo había existido en la imaginación de Carlos. El sociólogo Marcello Truzzi fue el primero en decir que los libros de Castañeda eran el mayor fraude científico desde el Hombre de Piltdown. Indignados, los antropólogos exigieron que la universidad retirara su doctorado a Castañeda. La universidad se negó. El profesor Walter Goldschmidt, que entonces dirigía el departamento de antropología de la universidad —y que escribió un repelente avance del primer libro de Castañeda—, declaró en 1978: «No disponemos de información que confirme las acusaciones. [...] No pienso decir mea culpa».

En 1999, la University of California Press, movida por una desvergonzada codicia, publicó una edición «30.° aniversario» del primer libro de Carlos. No lo promocionó como una obra de seudoantropología, sino como un clásico que todavía tenía interés para los lectores que desearan escapar del aburrido mundo de la realidad ordinaria hacia el mágico país de Oz.

No dispongo de espacio para relatar los miles de sucesos paranormales que se describen en las diez fantasías de Castañeda.

Sólo mencionaré los más divertidos. En su primer libro, Carlos cuenta cómo Don Juan, completamente drogado, lo transforma en un cuervo. Atentos, que no se trata de una alucinación. Carlos se convierte en un auténtico cuervo vivo. Cuando Don Juan lo lanza al aire, él se aleja volando. El hechicero le dice a Carlos que tres cuervos anunciarán su muerte y que después de morir se reencarnará en un cuervo.

Resulta difícil creer que algunos antropólogos todavía crean que Castañeda fue un investigador serio y competente de las asombrosas maravillas de los indios yaquis. Hago un rápido resumen de algunas de las comunicaciones presentadas en el congreso de marzo de los antropólogos contraculturales.

Amy Smith, de Sait Lake City (Utah), habló sobre «La vía Castañeda al conocimiento: Implicaciones de un legado antropológico». Smith asegura que los esfuerzos de Castañeda en su «exploración personal de los estados anormales de conciencia, abordando la existencia de múltiples realidades y otros fenómenos extraordinarios, utilizando interpretaciones tanto émicas como éticas, y documentando y comunicando dichas experiencias mediante una etnografía narrativa, fueron logros pioneros que siguen siendo imprescindibles en este campo».

Edith Tumer, de la Universidad de Virginia, en su trabajo sobre «Las enseñanzas de Castañeda», ve las investigaciones de éste como una gran liberación. «Nos ha llevado, como Dante, a través de un oscuro pasadizo hasta salir por el otro lado en un estado de iluminación.» Nos ha liberado del «capitalismo, el comunismo, el consumismo, la racionalidad eclesiástica y el exclusivismo; del reduccionismo, el cienticismo fundamentalista marxista y su modalidad de elitismo, que condena al pueblo; y por último, del nihilismo, la eterna guerra de venganza contra los pecados de muchas sociedades, que jamás se pueden perdonar». Y no sólo eso, sino que además «se nos permite hablar con empatia, por ejemplo, sobre el sagrado personaje nigeriano Bori, sobre el gurú hindú, la mae de santo brasileña, Rumi, el oráculo tibetano. Jesús, el Bal Shem Tov, el Dalai Lama, Alce Negro y, por último, Don Juan».¡Puf!.

Roy Wagner, también de la Universidad de Virginia, titula su trabajo «La conciencia es esa parte de la conciencia de la que somos conscientes: Cómo^ los antiguos videntes y chamanes de México cortocircuitaron el cuerpo energético». No consigo entender lo que quiere decir cuando añade: «Por haber devastado la base "interior" (subjetiva, imaginal y por lo tanto "heurística") de nuestra capacidad de conceptualizar las cosas del mundo, Don Juan ha vuelto del revés toda la fantasía "subjetiva": no pensamos en sus lecciones salvo en la medida en que ellas nos piensan.» Michael J. Winkelman, de la Universidad Estatal de Arizona, habló sobre «Puntos de vista epistemológicos acerca de Castañeda». Su resumen completo dice así:

Conceptos de Castañeda como «Realidad separada», «parar el mundo» y «tonal y nagual» se analizan desde un punto de vista epistemológico. Su enfoque de la práctica de la hechicería era explícitamente epistemológico, y se ocupaba principalmente de los procesos mediante los cuales se estructuran los procesos conceptuales humanos para que contribuyan a la realidad conocida. Los aspectos centrales de la instrucción de Castañeda tienen como objetivo aprender a suspender los artefactos epistemológicos normales y penetrar en un «modo epistemológico natural». Estos artefactos innatos de la naturaleza y del cerebro/mente humano se revelan al compararlos con sistemas y prácticas epistemológicos similares, propios de otras disciplinas contemplativas. La naturaleza del desarrollo epistemológico del hechicero se aprecia a partir de los puntos de vista de la epistemología genética.

Otros resúmenes de trabajos presentados en la conferencia están escritos en la misma jerga oscurantista y mareante. He aquí unos cuantos ejemplos.

«Las enseñanzas de la lingüística antropológica incluyen el conocimiento de la telepatía en la comunicación natural entre indígenas y el descubrimiento de idiomas humanos de la totalidad...» (Dan Moonhawk Alford, Universidad Estatal de California.) «En los niños con TMP [trastorno de múltiple personalidad], la Personalidad Original pasa, por motivos de seguridad, del espacio físico al espacio mental, donde es atendida por conjuntos sabios y amorosos de energía inteligente.» (Ralph Allison, de Los Osos, California.) «Las manifestaciones culturales de la conciencia humana son el resultado de los aspectos inmanentes y trascendentes de un principio de acción que surge de la tensión filosófica inherente en la naturaleza de la conciencia.» (Richard L. Amoroso, del Instituto Noético).

«La delineación, culturalmente diversa, de estas experiencias se considerará al comentar la referencia, aceptada como hecho, de las experiencias extrasensoriales en cuestión, dentro del contexto de una visión del mundo formado por ondas energéticas.» (Renate Dohman, del Goldsmith College de Londres).

El discurso de apertura de la conferencia, que versó sobre «Las variedades de la experiencia disociativa», corrió a cargo de Stanley Krippner, un conocido parapsicólogo. Así se describía su discurso en el programa de la conferencia:

Stanley Krippner describirá un modelo de disociación multicultural, posmodemo y transpersonal, basado en la obra de RuthInge Heinze y Rhea White. La disociación se presenta en contraste con el flujo, la identificación con el ego individual en contraste con el Yo Total, el control en contraste con la pérdida de control. Cada uno de estos ejemplos de disociación e integración se evalúa sobre la base de si es socialmente constructivo o destructivo. Se presentarán ejemplos que incluirán (entre otras cosas) el trastorno de identidad disociativa, la «canalización», el viaje chamánico y la actuación. Se citarán experiencias en primera persona de, por ejemplo, Robert Louis Stevenson, Edgar Bergen, Shirley MacLaine, Chris Sizemore («Las tres caras de Eva»), María Sabina y J. Z.

Knight (que «canaliza» a Ramtha).

En muchos libros de antropólogos de la Nueva Era se pueden encontrar desmesurados elogios a Castañeda. El caso más disparatado es Extrasensory Ecology: Parapsy cholo gy ana Anthropology (1997), una recopilación de artículos editada por Joseph K.

Long. (Ver la mordaz reseña de Richard de Mille en Skeptical Inquirer, primavera/verano de 1978, pp. 108-112). El primer artículo del libro, escrito por el propio Long, trata de Castañeda.

Dice que el primer libro de Castañeda es «uno de los libros más importantes en el campo de la antropología».

El segundo artículo del libro es un violento ataque a Castañeda por parte de Agehananda Bharati, pero casi todos los que han contribuido a esta extravagante antropología son grandes admiradores de Castañeda. Margaret Mead, por ejemplo, escribe: «Carlos Castañeda ha desarrollado un método que permite que la experiencia religiosa de los indios americanos sea accesible para no antropólogos que nunca habrían podido tener esa misma experiencia a base de releer textos interlineados».

El artículo de William S. Lyon defiende la capacidad de los psíquicos de «ver» cosas en la realidad no ordinaria, como el aura de las personas. «Si, por ejemplo, el director de la Fundación Científica Nacional pudiera "ver" lo que Don Juan asegura que "ve", es más que probable que la investigación psíquica recibiría fondos con tanta facilidad como la investigación sobre el lenguaje corporal.» En su comentario a este artículo, Long sugiere que la glándula pineal o «tercer ojo» es el «punto focal» de la manera de «ver» descrita por Castañeda. En un artículo sobre la evolución de lo psíquico, Long defiende lo que cuenta Castañeda sobre las capacidades psíquicas de ciertos mamíferos y aves. En la página 261, Long dice que Shirley MacLaine es una «erudita antropóloga aficionada».

El libro de Long es tan ridículo que hay que leerlo para creerlo.

Jule Eisenbud, que durante una década intentó convencer al mundo de que Ted Serios podía proyectar sus pensamientos sobre película Polaroid, escribe sobre «Perspectivas de la antropología y la parapsicología». Long opina que el libro de Eisenbud sobre Serios es «uno de los argumentos mejor documentados que jamás se han presentado sobre un efecto PK [psicoquinético]». El físico Evan Harris Waiker, que escribe sobre «El antropólogo completo mecánico-cuántico», nos asegura que los efectos cuánticos explican la habilidad de Uri Geller para doblar cucharas.

Dos de los principales exponentes de la arqueología psíquica, J. N. Emerson y Jeffrey Goodman, contribuyen con un artículo cada uno al libro de Long. Goodman habla de un psíquico de Oregón que entraba en trance y veía por visión remota un lugar de Flagstaff (Arizona). La precisión de sus visiones permitió a Goodman encontrar artefactos enterrados a gran profundidad.

Goodman cree que el Paraíso Terrenal no estuvo en África, sino en California. Niega que los indios americanos llegaran a América desde Asia, a través del puente de tierra de Bering. ¡Pasaron en dirección contraria, de California a Asia! Desde California migraron a África y otras partes del mundo. ¿Y de dónde vinieron estos indios califomianos? En el primer libro de Goodman, Psychic Archaeology: Time Machine to the Past (1977), un mapa indica cómo llegaron, ¡desde los continentes perdidos de Atlántida y Lemuria!.

El segundo libro de Goodman, The Génesis Mystery: A Startling New Theory of Outside Intervention in the Development of Man ( 1983), repite temas de su libro anterior, pero añade sorprendentes datos nuevos. Asegura que Darwin le robó todas sus ideas a Alfred Wallace. Aunque nuestros cuerpos evolucionaron a partir de animales inferiores, se produjo una transición brusca cuando Dios infundió almas humanas en cuerpos de animales. Goodman parece no darse cuenta de que está defendiendo la actual postura de la Iglesia católica.


Ver el artículo de Kenneth Peder «American Disingenuous: Goodman's "American Génesis". A New Chapter in "Cult" Archaeology» («Los falsos americanos: el "Génesis americano" de Goodman, un nuevo capítulo de la arqueología "de culto"»), Skeptical Inquirer, verano de 1983, pp. 36-48; la reseña de J. R. Colé de la Arqueología psíquica de Goodman en Skeptical Inquirer, primavera/verano de 1978, pp. 105-108; y la reseña de Colé del Misterio del Génesis en American Antiquity, vol. 50, 1985, pp. 692-693.

Carlos Castañeda murió en Westwood (California) en 1998.

«Su única hechicería auténtica —escribe Kathryn Lindskoog en su interesante libro Fakes, Frauds and other Malarky («Imposturas, fraudes y otras fullerías», 1993)— consistió en transformar a la Universidad de California en un burro.» La próxima vez que pase usted cerca de un cuervo, pruebe a llamarle: «¡Hola, Carlos!» Si está usted bien colocado de peyote, tal vez oiga que el pájaro le responde.


Referencias.

«Don Juan and the Sorcerer's Apprentice.» Reportaje sin firma en Time, 5 de marzo de 1973, pp. 36-45.

«On Don Juan's Last Laugh.» Reseña del libro de Castañeda Tales ofPower por Joyce Carol Oates, en Psychology Today, septiembre de 1974, pp. 10, 12, 130.

Castañeda 's Journey: The Power and the Allegory. Richard de Mille. Capra Press, 1976 (Swan, 1981).

Seeing Castañeda: Reactions to the «Don Juan» Writíngs of Carlos Castañeda. Editado por Daniel Noel. Putnam's, 1976.

«Does Don Juan Live on Campus?» Paúl Preus, en Human Behavior, noviembre de 1978, pp. 53-57.

The Don Juan Papers: Further Castañeda Controversies. Editado por Richard de Mille. Ross-Erickson, 1980.

«The Sorcerer's Birthday: The Fiction of Carlos Castañeda.» Gregory McNamee, en The Bloomsbury Review, septiembre/octubre de 1988, p.31.

Carlos Castañeda, Academic Opportunism and the Psychodelic Sixties. Jay Courtney Fikes. Milennia Press, 1993.

«What Hath Carlos Wrought?» Robert McGrath, en The Skeptic, marzo/abril de 1993, pp. 11-12.

«Portrait of a Sorcerer.» Keith Thompson, en New Age Joumal, marzo/abril de 1994, pp. 152-153.

«Carlos Castañeda and Don Juan.» Jay C. Fikes, en Encyclopaedia ofthe Paranormal. Editada por Gordon Stein. Prometheus, 1996.

«Shaman or Sham?» Hal Cohén, en Lingua Franca, septiembre de 1998, pp. 22-24.


Addendum

Después de publicarse esta columna me suscribí a Anthropology of Consciousness, una revista publicada tres veces al año por la SAC (Sociedad para la Antropología de la Conciencia), una división de la Asociación Antropológica Americana. Según la portadilla interior de esta revista, los principales campos de interés de la sociedad son los estados alterados de conciencia, la religión, la posesión, el trance, los estados disociativos, los chamanes, los médiums, los místicos, los fenómenos psíquicos y la arqueología psíquica.

El primer número que recibí (vol. 10, junio/septiembre de 1999) está dedicado principalmente a los chamanes tradicionales y a lo que llaman neochamanes. En todo momento, los autores distinguen entre los enfoques que llaman experimental, experiencial y teórico, para abordar los fenómenos de conciencia. Sus artículos incluyen montones de notas al pie y largas bibliografías, y todos están escritos en una peculiar jerga que a mí me resulta graciosísima. Por ejemplo, así es como Ina Rósing, de la Universidad de Ulm (Alemania), concluye su artículo sobre «Lies and Amnesia in Anthropological Research» («Mentiras y amnesia en la investigación antropológica»), un artículo basado en sus trabajos de campo con curanderos andinos y chamanes del este de Tíbet:

En lo referente a los múltiples problemas de toda hermenéutica transcultural, puede que el presente comentario sólo implique un pequeño giro del ángulo de visión. Eso transforma una visión que era aparentemente grandiosa en la modesta actitud del que baja la mirada y la dirige a los «desechos» y los «productos secundarios» de la investigación, a las «mentiras», la imaginación y la pérdida por filtración que es la amnesia.

En ¿Tenían ombligo Adán y Eva?