14 mar. 2008

Fernando Sorrentino - El diccionario invisible

 

    Con el entusiasmo de mis veinte años de entonces, no me alcanzaron las piernas para correr a la librería y comprar el último libro de Ernesto Sábato, que acababa de salir a la venta: Tango. Discusión y clave (Buenos Aires, Losada, 1963).

    El Índice del libro ocupa toda la página 167, que es la última del volumen propiamente dicho; las que la siguen revisten carácter comercial y albergan el catálogo de la Biblioteca Contemporánea de tal editorial.

    En rigor, a la pluma del reputadísimo intelectual debemos agradecer sólo el texto que corre entre las páginas 9 y 23: exactamente quince carillas, o sea algo así como el 9 % del total del libro.

    A partir de la página 25 se desarrolla una

 

Antología de informaciones y / opiniones sobre el tango y su / mundo / realizada por / T. Di Paula, Noemí Lagos y Tulio Pizzini / bajo la dirección de / Ernesto Sábato

 

    El capítulo I del florilegio, “Presuntas etimologías”, termina con esta cita:

 

Luis Machi, por otro lado, encuentra a la voz tango tantas acepciones como tangos hay:

 

“Tango (del latín: is-tetigi-tactum-tangere): Tocar, palpar, manejar, manosear / Probar, gustar, comer / Llegar a, entrar en, arribar / Confinar con / Causar impresión, mover, excitar / Engañar / Violar, corromper / Herir, mortificar”.

 

    Pues bien, me veo obligado a declarar que los tres sabatianos discípulos —aunque aplicados— no lograron copiar la cita con exactitud.

    El padre Luis Macchi (no Machi, como lo rebautiza el irónico terceto) escribió exactamente lo que sigue:

 

Tango, is, tetigi, tactum, tangere,a. tocar, palpar, manejar, manosear || probar, gustar, comer || llegar a, entrar en, arribar || confinar con || causar impresión, mover, excitar || engañar || violar, corromper || herir, mortificar.

 

    Ya que —parece innecesario decirlo— el buen salesiano no está suministrando las etimologías del sustantivo español tango sino las acepciones españolas de un verbo latino. La entrada consta en la página 606 de su Diccionario de la lengua latina (Buenos Aires, Don Bosco, 5a. edición, 1958).

    A pesar de que el libro en cuestión se extiende por casi 1200 páginas de apretadísima tipografía en cuerpo diminuto, ostenta un formato atemorizador y carga un peso titánico, ninguno de los tres acuciosos investigadores etimológicos alcanzó a sospechar que se trataba de un diccionario latino-español y español-latino. Tampoco sospecha alguna distrajo de su sempiterna angustia al director de la troupe.

 

www.fernandosorrentino.com.ar